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LEON DESDE LA CORTE/David Fernández

Aznar disuelve por sorpresa el «clan de Valladolid»

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Por sorpresa y en apenas unas horas, José María Aznar acometió a principios de esta semana la remodelación ministerial más profunda desde que llegó a La Moncloa. El resultado: un nuevo Gabinete en el que los ministros tienen un mayor peso político y en el que se aprovecha la experiencia de varios «números dos» (Michavila, Pastor o, incluso, Palacio). Además, Aznar aprovechó la remodelación para aumentar los rumores sobre su sucesión: la entrada de Eduardo Zaplana en el Ejecutivo es interpretada por algunos analistas y sectores del PP como un gesto claro de su inclusión en el grupo de candidatos a la sucesión. Sin embargo, los más reforzados en la carrera sucesoria son, sin duda, Mariano Rajoy y Ángel Acebes. El primero de ellos regresa al puesto que ocupó al principio de la legislatura: vicepresidente primero y ministro de la Presidencia. Es decir, el coordinador político del Ejecutivo, un área dañada por el paso de Juan José Lucas por ese ministerio. El perfil político de Rajoy se incrementa con las atribuciones de Portavoz, después de Pío Cabanillas, el ministro que negó la huelga a las ocho de la mañana del 20-J. La huelga que nunca existió para el Gobierno ha precipitado su caída. Junto a Rajoy, Acebes ha sido el ministro que más ha «crecido» con los cambios. Después de una importante labor legislativa (reforma de la Ley del Menor) y política (Pacto de la Justicia, Ley de Partidos e impulso de la legislación europea contra el terrorismo), Aznar ha premiado al abulense con la cartera de Interior. Acebes tendrá que hacer frente, tarde o temprano, a la ilegalización de Batasuna y sus consecuencias, pero además deberá conseguir que el Gobierno ponga en marcha por fin una política de inmigración clara, nítida y, sobre todo, efectiva en la integración de los extranjeros y en la lucha contra las mafias. El tercer pilar de su gestión será la inseguridad ciudadana, una de las grandes preocupaciones de los españoles y que la oposición pretende convertir en uno de los ejes de su crítica. Acebes se ha metido de lleno en la lucha por la sucesión. Aznar le ha colocado ante la prueba más difícil: tres de los cuatro candidatos con posibilidades reales han pasado por el Ministerio del Interior. El cuarto, Rodrigo Rato, se mantiene al frente del equipo económico desde su vicepresidencia. Ni sube ni baja, pero cada vez parece más descolgado en la pelea sucesoria. El nuevo organigrama ha reducido el peso de Castilla y León en el Gobierno. O, mejor, el número de ministros de la comunidad. Aznar ha disuelto el «clan de Valladolid», el grupo de colaboradores de su etapa en la Junta que le acompañaron a La Moncloa y del que sólo queda su círculo más cercano. De los cuatro que se sentaban en las reuniones del Consejo de Ministros cada viernes sólo queda Acebes. Juan Carlos Aparicio ha pagado los platos rotos de un «decretazo» en el que nunca creyó y que le vino impuesto por Economía. Ahora será el candidato popular para recuperar la alcaldía de Burgos. Será su paso atrás en la vida política nacional y autonómica tras su paso por la vicepresidencia de la Junta y el Ministerio de Trabajo. Es, junto a Cabanillas, el gran damnificado de una huelga general sobre la que apenas dijo nada. Junto a Aparicio, Jesús Posada también ha iniciado el declive. Su futuro es aún una incógnita, aunque ya se ha mostrado dispuesto a ser la foto del cartel del PP en la lucha por arrebatar a la Eloisa Álvarez (PSOE) la alcaldía de Soria. Su labor al frente de Administraciones Públicas ha pasado inadvertida. Y su relevo se produce ante un horizonte de enfrentamiento enconado entre el Gobierno central y el vasco, después del ultimátum del lehendakari. Sin embargo, la baja más significativa es la de Juan José Lucas, el único de los cuatro mentores de Aznar (junto a Rato, Cascos y Trillo) que está fuera del Ejecutivo. Fue el último en llegar y el primero en marcharse, apenas un año y medio después. Y su bagaje son dos chistes: comparar el Quijote con los Harlem Globbe-Trotters y el «decretazo» laboral con el descubrimiento de América y la Revolución Francesa. En política, nada. Lucas no supo aprovechar el Ministerio de la Presidencia para crecer políticamente en Madrid, su gran aspiración desde hace años. «Ha perdido una gran oportunidad», aseguran en el PP algunas fuentes que no olvidan que era el encargado de coordinar las políticas de todos los ministros, de preparar los Consejos de Ministros y de mantener las relaciones con las Cortes. Lo único que ha hecho bien, desde el punto de vista de la propaganda que no del servicio a los ciudadanos, ha sido el férreo control de los resultados de los trabajos del CIS. Ahora su futuro pasa por la presidencia del Senado, el único puesto que Aznar le ofreció tras descartar mantenerle en su equipo. Castilla y León pierde ministros. Pero los leoneses y castellanos no lo notarán. Ninguno de los que se van, ni el que se queda, han aprovechado sus cargos para aumentar el peso específico de la comunidad. Las maniobras de Lucas para crear un «lobby» castellano y leonés en el Ejecutivo no beneficiaron a la comunidad en ninguna decisión. Castilla y León no preocupa a Aznar, que no tiene la sensación de que la hegemonía popular corra peligro, pese a las alarmantes señales de desgaste que emite.

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