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León

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En varias de las últimas crónicas Pedro V. Álvarez Collar viene acusando a la Fundación Oso Pardo y a mi persona de pasividad ante las explotaciones a cielo abierto en Laciana, a las que el columnista califica como «el mayor de los peligros para la recuperación del oso pardo». Pero tal pasividad no existe y Alvarez Collar se equivoca cuando dice que «no hemos levantado ni un solo dedo para evitar el impacto de la minería». Claro que lo hemos hecho. Y no una, sino varias veces. Cuando nuestro equipo técnico ha considerado que una explotación a cielo abierto comprometía gravemente un hábitat esencial para la conservación del oso, se han emitido informes desfavorables y solicitado la retirada del proyecto. Y eso lo hemos hecho con diferentes proyectos de explotación a cielo abierto presentados por hasta tres empresas mineras que operan o pretendían operar en Laciana. Luego es rotundamente falso que, como dice Álvarez Collar, «escondamos la cabeza debajo del ala» ante la problemática ambiental minera. Nos «mojamos« y habitualmente por escrito, para que haya constancia de ello. Otra cosa es cuando la actividad minera afecta a sectores recorridos esporádicamente por algunos ejemplares de oso pardo, pero que de ninguna manera pueden ser considerados como críticos para la recuperación de la especie. En estos casos, nuestro criterio de actuación se centra en propuestas correctoras del impacto y de restauración del habitat. O sea, en buscar el mejor equilibrio entre actividad económica y conservación. Un ejemplo, aunque no sea minero. Grupos conservacionistas e investigadores de los que gusta citar Álvarez Collar se oponían a la ampliación de la estación invernal de Leitariegos alegando su grave impacto en la población de osos; sin embargo a nosotros el impacto nos parecía asumible si se acompañaba de una serie de medidas correctoras, así que apoyamos públicamente la polémica ampliación y nos aplicamos en elaborar un Plan de restauración del hábitat que en octubre de 2000 enviamos a la Diputación de León. Seguro que nuestra manera de ver las cosas no fue del agrado de todos, y ciertamente nuestro apoyo a Leitariegos nos supuso críticas de los sectores más conservacionistas, pero hace tiempo que tenemos asumido que la tarea de conciliar desarrollo y conservación no es ni fácil, ni cómoda. Por otra parte, frivolizar con el grave problema de los lazos de acero reduciéndolo a «un problema menor», demuestra que Álvarez Collar no tiene toda la información necesaria sobre los problemas de conservación del oso pardo, y ya que tanto le gusta citar informes queremos remitirle a uno avalado por algunos de los investigadores que en su anterior artículo cita y que estima que un 36% de las muertes de osos ocurren en lazos. Teniendo en cuenta que desde 1993 hemos localizado y retirado en el Alto Sil leonés exactamente la cantidad de 329 lazos y denunciado en 8 ocasiones a laceros sorprendidos in fraganti, ¿de verdad le parece a Álvarez Collar que los lazos son un problema de conservación menor? No dudamos que Pedro V. Álvarez Collar tiene sinceras preocupaciones conservacionistas, pero que no dude él de la sinceridad de nuestro compromiso con la conservación de nuestro patrimonio natural en Laciana. (*) Guillermo Palomero es presidente de la Fundación Oso Pardo

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