Diario de León

Los vecinos de la comarca se sienten desprotegidos ante la ola de robos que les sigue azotando

Omaña se acostumbra a su bandolero

La ola de robos que la comarca lleva sufriendo desde hace poco más de un mes hace que los lugareños se hayan acostumbrado a cerrar la puerta de sus ca

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Chema Robles - OMAÑA.
León

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Una de las pocas personas que lo ha visto es Paco. Lo sorprendió hace unas semanas en su cochera de Campo de la Lomba, quizás aguardando a que el domicilio quedara vacío. Se encontró con un hombre de mediana edad, de barba poblada, con una chaqueta al hombro, con su mano de tres dedos escondida en su cintura, y con unos prismáticos al cuello. Se le identificó como funcionario de la Junta de Castilla y León y, como prueba de su legalidad, le entregó el DNI. Al llegar un vecino de Paco al lugar, S.C.C. (iniciales del bandolero) huyó por el monte, dejándole a Paco el carné de identidad. Esa noche, se pudo observar un fuego en la montaña. Seguramente, el bandolero estaba pernoctando allí. La Guardia Civil advirtió a este omañés de la peligrosidad de este individuo. Al parecer, y según les han transmitido las fuerzas de seguridad a los vecinos de Campo de la Lomba, puede ir armado, ha estado en la cárcel, y ya hace años repitió una ola de robos similar en la zona de la Ribera. Seguramente, fue pastor por la comarca de La Cabrera, y conoce en profundidad los montes del noroeste de la provincia. Pero los vecinos de Campo de la Lomba desconfían también de que se acabe encontrando al ladrón. Para Francisco, «la Guardia Civil patrulla la zona con coches, pero no suben al monte». «Si no lo cogen es porque no quieren», sentencia. Sus últimas actuaciones nos llevan a la zona de Valdesamario. Allí apareció en diversos pueblos como siempre suele hacer; de día y con una velocidad de vértigo. Pero su refugio más probable se encuentra en los montes de La Lomba, en los alrededores del cueto Rosales. Fue precisamente en Rosales donde robó a la familia de Jesús, un hombre que lleva toda su vida en la localidad omañesa. «Ahora me acuesto en la cama sabiendo que puede andar rondando mi casa», apunta. Jesús enseña cómo el bandolero descendió por el monte y robó en las dos casas más elevadas del pueblo (siempre comete los hurtos en las viviendas cercanas a las laderas de la montaña); en la de su familia y en la de un policía, al que le sustrajo el uniforme del cuerpo. No entiende cómo «las fuerzas de seguridad no aparecen». «No lo buscan porque no quieren», se lamenta, mientras enseña el «candado» que han tenido que poner sus familiares en la ventana por la que entró el bandolero. «Somos cuatro tontos por los que no se preocupa nadie», afirma tajante, mientras pasea los caballos por todo el pueblo. También paseaba su ganado Juan, en Los Orreos, mientras el ladrón le robaba 20 kilos de matanza (salchichones, chorizos y un lomo), además de todo el dinero que encontró por su vivienda. Desde entonces, cierra la puerta de su domicilio siempre que sale. Nunca lo había hecho. «Si lo pesco en mi casa, un estacazo sí que le doy», asegura. Está convencido de que «uno sólo, no puede ser, es imposible». Para Ángel, vecino de Pandorado, el día de su cumpleaños fue demasiado especial. Salió unos minutos de su domicilio a comprar el periódico. Cuando regresó, el bandolero había tenido tiempo para descender del monte, registrar su casa y sustraerle más de 200 euros. «Yo creo que vino a felicitarme el cumpleaños y al ver que había salido, me robó», bromea Ángel mientras pasa la mañana en el Rincón de Manolo, en Riello. «Es que hay que reírse, ¿qué vamos a hacer si no le buscan? Pues cerrar la puerta y reír», comenta. «Habrá que acabar cogiendo la escopeta», afirma en tono jocoso. Y es que Ángel está seguro también de que «no quieren buscarlo». De que nadie hace nada. «La Guardia Civil está más cagada que nosotros», zanja. Del mismo modo, tampoco tiene ninguna duda de que debe de existir un cómplice. «Si no lo hay, ¿cómo se va a llevar todos los jamones que se lleva?», se pregunta. Y es que por Riello se rumorea que hay una furgoneta blanca que le cubre el camino al bandolero. Así, dos vecinos de este pueblo comentaban ayer en la barra de un bar la necesidad de «más vigilancia en Omaña». «Han venido dos días a buscarle, pero eso no es suficiente», dice uno. Al parecer, la Guardia Civil sí está desplegando por la zona algunos efectivos de paisano. Más allá de los rumores y de las leyendas, lo que sí es cierto es que más de quince pueblos de Omaña han sufrido robos en el último mes , que hay un bandolero por los montes, y que los vecinos continúan su vida. Eso sí, totalmente desprotegidos.

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