Diario de León

OPINIÓN José A. Otero

¿Quedaban dudas?

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Por si alguien todavía tenía dudas de la importancia de las cuencas mineras en León y de lo que significan para la socioeconomía de la provincia, llegan los datos del censo del INE. Cuatro de las seis mayores empresas en facturación y una tercera parte de la población están en los municipios mineros. Entre León y su alfoz y las cuencas suman 348.886 censados; el resto del territorio leonés, 139.865 habitantes. Los datos demográficos dejan una situación preocupante. Mientras que la población que pierde la capital ha sido absorbida por el alfoz, la de las cuencas, ¿a donde ha ido? Aún teniendo en cuenta las defunciones, sólo queda que fuera de la provincia. A nadie se le escapa que si no hay futuro en un territorio, ni expectativas, se produce emigración. Y envejecimiento demográfico. No hace falta dar datos. Quien conoce las cuencas, o es de un municipio minero, sabe que cada vez hay menos jóvenes. Y también que se han ido a otras provincias en busca de empleo y calidad de vida. La mina y su entorno ya no dan trabajo. Y la industria alternativa, fuera de Ponferrada y sus alrededores, es casi nula. Las infraestructuras, abandonadas durante décadas, no están llegando a tiempo tampoco. Y la gente se va. No es de recibo, por poner un ejemplo, que para recorrer los 62 kilómetros entre Ponferrada y Villablino se tardase hora y media hasta hace dos días. Hay a quien se le llena la boca con ellas, y con el empleo «alternativo» creado. Pero los datos cantan: se ha destruido más empleo minero directo que se ha creado en otros sectores. Y es imposible cuantificar el indirecto o el inducido por una industria que da trabajo a cuatro personas por minero existente. Mientras, tanto política como socialmente, en toda la provincia de León la sensación parece ser que el Plan del carbón lo ha resuelto todo, que en las cuencas no hay problemas, que vuelven a ser ricas y pujantes, que el problema que movió a toda la sociedad leonesa en 1996 para evitar una muerte súbita del sector y de la riqueza que alimenta el motor socioeconómico de la provincia ya no existe. Pero la realidad es que sigue ahí, latente, encaminado a una lenta agonía que aún se puede evitar. Hace falta otro golpe de timón y menos pelea política, porque mil millones de euros se han mostrado ineficaces. O en León, en unas décadas, quedarán campesinos -también pocos, si sale adelante la reforma de la PAC-, funcionarios y viejos. Y poco más. Porque las cuencas siguen perdiendo efectivos y el futuro minas supervivientes está lleno de incertidumbres; y para crear alternativas y calidad de vida hace falta tiempo. Sólo eso, y no otra cosa, frenará la sangrante despoblación.

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