La plaza Mayor abre el ciclo dedicado cada martes a las calles de la ciudad
El corazón de Astorga
Una imagen emblemática de la plaza Mayor vista desde la balconada consistorial
Resulta lógico iniciar este nostálgico recorrido por la capital maragata en la plaza Mayor o de España, bella encrucijada de trajines y auténtico corazón de Astorga. Han sido muchas sus denominaciones oficiales, siguiendo siempre el bullir de los cambios políticos y sociales: plaza del Ayuntamiento, de la Constitución, de la República y en la actualidad de España. Aunque para los astorganos de todas las épocas siempre ha sido la plaza Mayor, ese privilegiado espacio dedicado al ocio y al negocio. El edificio del Ayuntamiento preside un enclave recatado y amable, en el que convergen calles tan señeras como las bautizadas en honor de Pío Gullón, Señor Ovalle, Prieto Castro, La Bañeza y Padres Redentoristas. Todas ellas contribuyen, a su manera, a dotar de un encanto especial al mejor escaparate que ofrece la ciudad. Su nota más característica es la hilera de soportales, desiguales tanto en trazado como en altura, convertidos en lugar de paseo y conversación, de cita y encuentro ocasional, donde se manejan desde tiempo inmemorial los afanes y amoríos de los astorganos. Edificios típicos En cuanto al caserío que conforma la porticada Plaza Mayor, aún perviven edificios típicos que presentan al día de hoy un aspecto muy remozado. Y salpicando el horizonte, algunos balconajes de hierro forjado que se adornan con coloridas flores. Distintos bancos de madera invitan al descanso del visitante, oferta que se completa con las terrazas de los variopintos bares y establecimientos hosteleros que encuentran perfecto acomodo en este mentidero castizo y distinguido. Aquí mismo, según nos recuerda una placa de mármol instalada por el Ayuntamiento en 1935, nació el 10 de diciembre de 1873 don Eduardo de Castro y Pascual, inspirador del "grandioso puerto" del Musel, en Gijón. La Plaza Mayor ha sido testigo privilegiado de muchos de los acontecimientos que constituyen las señas de identidad propias de los astorganos. A partir de la segunda mitad del siglo XI, el Camino de Santiago comenzaba a diseñar una nueva Europa espiritual y religiosa, puesta en movimiento hacia el sagrado sepulcro del Patrón que se localizó en Compostela. Tras salir de León los peregrinos seguían la ruta romana y, después de salvar el río Tuerto, entraban ya en la ciudad por la tradicional Puerta del Sol. Pasaban por la calle San Francisco y se detenían en la Plaza Mayor para recobrar el aliento y continuar desde allí su trayecto por la entonces llamada rua nueva, que es la actual actual Pío Gullón.