La parroquia de Santa María es uno de los centros de la vida de la ciudad
Plaza Mayor (y III)

La Piedad, del escultor Gregorio Fernández, una de las joyas que alberga la iglesia de Santa María
Hoy cerraremos la evocación sobre la Plaza Mayor con un repaso histórico a la emblemática iglesia de Santa María, bello escaparate religioso empaquetado en piedra que cobija a Nuestra Señora de la Asunción, Patrona de la ciudad. Allá por el año 1532 el obispo de Astorga, Fray Álvaro Osorio, bendecía el terreno sobre el que se erigió el templo bautizado como de Santa María de la Plaza, cuyo nombre se acortaría posteriormente hasta quedar en Santa María. La fábrica presenta la disposición habitual de cruz latina con tres naves, quedando rematado el valioso retablo mayor a mediados del siglo XVII. No existe un consenso unánime con respecto a la fecha exacta del retablo, aunque el entrañable y normalmente bien informado don Conrado Blanco se inclina por el año de 1644. Sí que se conoce, con todo tipo de detalles, el proceso seguido para levantar la torre en el año 1750, que provocaría incluso un pleito con el arquitecto Simón Gavilán Tomé. La disputa legal fue ganada por el procurador bañezano y durante el año 1763 quedaba concluida la obra. Un elegante añadido ornamental que costó la suma de 60.000 reales. Todos los acontecimientos de la época tuvieron la consiguiente repercusión en el discurrir de la vida parroquial. Así, durante el mes de junio de 1843 se trajo a la Virgen del Castro al templo de la Plaza Mayor, donde fue venerado como acción de gracias porque los grupos de facciosos carlistas no llegaron hasta La Bañeza. Igualmente, el día 11 de febrero de 1852 se celebró una misa solemne con Te Deum, «en acción de gracias al Todopoderoso por haber salvado a S.M. del riesgo inminente en que se vio el día dos del corriente, en que el sacerdote don Martín Merino atentó contra su preciosa existencia». Los ecos de las hazañas militares también llegaban a la iglesia bañezana, teniendo lugar otro servicio religioso con motivo de la victoria en Vicálvaro, complementado con la sesión de fuegos artificiales que se lanzó en la Plaza Mayor el 6 de agosto de 1854. Naturalmente no todo eran festejos y alegrías, pues durante el año 1856 el Ayuntamiento contribuyó con cuatro mil reales de vellón a la costosa reparación que hubo de acometerse en la iglesia de Santa María. Y es que el recinto iba completando su hermosa estructura con la verja y las puestas de hierro que cerraron el atrio en 1859, según feliz iniciativa del párroco don Manuel José Rodríguez. Con respecto al recinto interior, sobresale por supuesto «El grupo de la Piedad» que lleva el insuperable sello artístico de Gregorio Fernández, además del venerado Santo Cristo o Cristo de las Ánimas, cuya autoría se desconoce.