Diario de León

LEÓN DESDE LA CORTE/David Fernández

Células madre: la investigación del futuro

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El debate sobre la investigación en células madre de origen embrionario -esencial para conseguir tratamientos fiables para numerosas enfermedades ahora crónicas o incluso incurables, entre ellas el cáncer- se ha recrudecido en los últimos meses, no sólo en la comunidad científica sino en la sociedad en general. Las especiales características de este tipo de investigación -que implica la utilización de embriones humanos- han hecho que, más allá de criterios científicos, lo primordial sea tener opinión, guiada en muchos casos por una moral religiosa o por una ética restrictiva. Ahora, algunas comunidades españolas gobernadas das por la izquierda ya se plantean la conveniencia de amparar legalmente y financiar este tipo de investigación, que los expertos consideran una de las líneas más prometedoras en las próximas décadas. Siguiendo el ejemplo de Andalucía, el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, ha pedido a los presidentes autonómicos socialistas que fomenten este tipo de investigación, rechazada por el Gobierno. Y ha hecho extensible esa petición a todos sus candidatos en las elecciones de mayo. En León, los socialistas, con Francisco Fernández a la cabeza, trabajan en una alternativa que pretende contar con el apoyo de los sectores implicados y en permanente conexión con el Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso, donde Jaime Lissavetzky coordina las actuaciones socialistas en esta materia. Las células madre tienen unas características especiales, dotadas de una doble capacidad: pueden dividirse y generar células iguales a sí mismas o transformarse en otros tipos celulares especializados, incluidos los que integran los diferentes órganos, como el corazón, el páncreas, los músculos o la piel, según una definición, vaga pero comprensible, de Luis Montoliu, Antonia Aránega y Antonio Ríos, expertos en Bioquímica y Biotecnología. Puesto que al dividirse originan células idénticas a ellas mismas, siempre se mantiene una población de células madre. En otras palabras: son una fuente inagotable de vida. Existen dos tipos de células madre: las adultas, que se encuentran en los tejidos humanos (por ejemplo, en la médula ósea); y las embrionarias, las células madre por excelencia, que pueden transformarse en cualquier tejido y que deben extraerse de embriones de menos de 14 días. Y es ahí donde radican las complicaciones éticas (o político-morales), a pesar de que se utilizan embriones congelados desechados de la fecundación in vitro, bien por su edad o bien por su escasa calidad. En España existen 40.000 embriones congelados de más de cinco años cuya única salida es el cubo de la basura, puesto que no se pueden utilizar para la reproducción. La utilidad más inmediata de las células madre embrionarias humanas es la investigación para analizar los factores que hacen que se especialicen y generen células del hueso, del músculo, del cerebro o de cualquier órgano o tejido del ser humano, según aseguran Juan Carlos Izpisúa, Diego Rasskin y Ángel Raya, investigadores del Instituto Salk de California. Esos trabajos permitirán en varios años conocer cómo hacer que las células madre embrionarias se especialicen en un tipo determinado de células para desarrollar medicamentos y un nuevo tipo de transplantes celulares que acabarán con el problema de la escasez de órganos y solucionar enfermedades como la diabetes, el Parkinson, el Alzheimer, las lesiones medulares y cardiacas, la artritis e incluso el cáncer. Mientras, el Gobierno del PP y su entorno, alineados con los sectores más reaccionarios y conservadores de Estados Unidos y con el Vaticano, consideran que no es lícito ni moralmente admisible utilizar los embriones para conseguir células madre, puesto que en ellos hay un ser humano a desarrollar, a pesar de que la ley lo impide. En vez de investigar para solucionar enfermedades que afectan a un buen número de ciudadanos, el Gobierno prefiere tirar los embriones congelados excedentarios a la basura por criterios religiosos. Y se basa en planteamientos ideológicos y morales, respetables pero no asumibles por toda la sociedad y mucho menos por los pacientes que podrían encontrar una solución a sus enfermedades. Una vez más, el Gobierno parece renunciar al desarrollo de la investigación para acabar importando los beneficios que otros países consigan con este tipo de investigación, a veces incluso gracias a científicos españoles rechazados en su propio país: Bernat Soria es el mejor ejemplo, puesto que comenzó a investigar una solución para la diabetes con células madre en España y ha tenido que trasladarse a Alemania, Reino Unido y Singapur. Ahora, el PSOE abre una nueva perspectiva que los dirigentes leoneses pretenden aprovechar como fuente de desarrollo donde la Universidad jugará un papel clave. E incluso podría suponer una alternativa a la crisis de Antibióticos. Mientras las instituciones de Castilla y León miran a otro lado, otras regiones con dirigentes más audaces y menos conservadores siembran futuro, conscientes de que las próximas generaciones harán el mismo caso a las opiniones reaccionarias que el que hicimos nosotros a las lejanas prohibiciones de nuestros predecesores del siglo XIX.

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