El capellán lleva a Coyanza en la sangre
La humildad es un buen síntoma que caracteriza a los merecedores de este tipo de reconocimiento, Salvador Valbuena no es una excepción, el sacerdote resta mérito a este premio a toda su trayectoria, «me parece muy bien, no me lo esperaba, cuando hacía las cosas no era por el reconocimiento, aunque es un detalle que te anima a seguir» señala Valbuena.
El párroco reconoce haberse sentido arropado desde que llegó al municipio por todos los ayuntamientos, alcaldes y concejales, «hasta aquellos regidores que eran nombrados a dedo por el gobernador civil hace muchos años», indica el premiado. También ha querido recordar el apoyo recibido por la comarca en general para ayudarle a impulsar los proyectos que siempre abanderó, «para llevar a cabo la Residencia Virgen de Loreto, recuerdo haber percibido algo más de 10 millones de pesetas» expone Valbuena.
«Siempre que he pedido colaboración, la he obtenido por parte de los coyantinos, siempre hice lo que creía necesario para mejorar el bienestar de todos, tampoco le quiero dar más bombo ni darle más importancia, alguién tenía que hacerlo y ya está» discurre Valbuena, restándose una vez más, un mérito del que no se cree merecedor.
«Cuando he ido mirando todas los hechos que llevé a cabo, me han venido recuerdos de muchas cosas que ya se habían olvidado, entre otras, yo traje la primera ambulancia de cruz roja que hubo en la zona de Valencia» rememora el sacerdote, al explicar como fue pionero en implicar estos servicios en el sur de León.
Por otro lado, Valbuena ha demostrado estar implicado en la restauración histórica de bienes eclesiásticos, entre los que que se encuentra la rehabilitación de retablos, urnas y crucifijos del siglo XV o el Cristo de Santa Marina, entre otros.