Tragedia en la mina: "Un accidente como el de Cerredo es imposible en la minería moderna"
Ingenieros de Minas analizan si sucesos como el de Asturias pueden proliferar con el impulso de Europa al sector

Imagen de archivo de investigadores, miembros de la brigada de salvamento minero y Policía Judicial de la Guardia Civil saliendo al exterior de la mina de Cerredo, en la que el pasado 31 de marzo murieron cinco trabajadores y otros cuatro resultaron heridos a causa de una explosión. EFE/ J.L.Cereijido
Apenas una semana después de que Europa diera luz verde a su ambicioso plan para revitalizar la minería, seleccionando siete proyectos estratégicos en España, un trágico accidente en la mina de Cerredo, Asturias, ha dejado un saldo de cinco trabajadores leoneses fallecidos tras una explosión en una galería, a pesar de que Blue Solving no tenía licencia para sacar el mineral.
El suceso ha reabierto la controversia sobre la conveniencia de potenciar una industria que, aunque en declive en Europa, resulta clave para abastecer la demanda de minerales críticos en la transición energética y la revolución digital.
El accidente, atribuido a una acumulación de grisú –un gas típico de las minas de carbón–, ha generado reacciones inmediatas. El grupo parlamentario VOX ha registrado preguntas en el Congreso para esclarecer las circunstancias del siniestro, mientras que la consejera de Transición Ecológica de Asturias presentó su dimisión el pasado martes, en medio de crecientes críticas. La pregunta que sobrevuela el debate es clara: ¿está España preparada para un auge minero sin repetir los errores del pasado?
Un accidente atípico en la minería moderna
Ángel Cámara, presidente de la Asociación de Ingenieros de Minas y miembro del Instituto de la Ingeniería de España (IIE), explica que el incidente de Cerredo no refleja las condiciones de la minería actual en España. “La explosión se produjo por grisú, un riesgo asociado a las minas de carbón, cuya extracción es prácticamente nula en el país”, aclara. Los trabajadores fallecidos, según fuentes oficiales, realizaban una prospección para evaluar depósitos de grafito, no una operación de extracción convencional, aunque los indicios apuntan a que realmente sacaban carbón sin permiso.
Cámara subraya que la minería que Europa busca impulsar se centra en minerales metálicos como litio, wolframio o tierras raras, fundamentales para baterías, aerogeneradores y dispositivos electrónicos. “En estas explotaciones, el riesgo de explosiones por grisú es inexistente”, asegura, destacando que los procesos están altamente automatizados. Como ejemplo, cita la mina de Matsa en Huelva, donde las perforaciones a gran profundidad son controladas remotamente desde cabinas en superficie, con sistemas de wifi subterráneo.
El experto también enfatiza que el reglamento de seguridad minera en España, con miles de páginas, es riguroso y establece protocolos específicos para cada etapa. “Los mineros cuentan con detectores de gases y equipos de autorrescate”, añade, aunque reconoce que el cumplimiento estricto de estas normas será clave en el contexto de una expansión minera.
Minería moderna: tecnología frente a riesgos
En España, la minería actual dista mucho de la imagen tradicional del pico y la pala. De las cerca de 3.000 explotaciones registradas por el Ministerio de Industria, la mayoría son canteras de áridos o minas de mediana escala. Solo una docena de grandes minas metálicas operan con tecnología de punta, como drones para prospecciones geofísicas o maquinaria automatizada. “El riesgo cero no existe, pero los accidentes en minería son menos frecuentes que en sectores como la construcción”, señala Cámara, lamentando que los siniestros en este ámbito tiendan a ser más mediáticos.
El impacto ambiental es otra preocupación central. Desde el sector, se insiste en que las normativas españolas exigen a las empresas responsabilidad en seguridad y sostenibilidad, incluyendo la restauración de los terrenos explotados. Ejemplos como el lago artificial de Puentes de García en Galicia, creado en una antigua mina de carbón, o la finca de olivos en Puerto Llano, ilustran el potencial de recuperación de estos espacios.
Sin embargo, las protestas sociales persisten, alimentadas por el temor a los daños ecológicos y la desconfianza hacia las empresas extractivas.
Un debate entre necesidad y coherencia
La paradoja es evidente: los minerales críticos son esenciales para fabricar coches eléctricos, paneles solares y dispositivos tecnológicos, pero su extracción enfrenta resistencia. Cámara apela a la coherencia: “No se puede rechazar la minería y al mismo tiempo demandar los productos que dependen de ella”. El desafío, coinciden expertos, será equilibrar el impulso económico con estándares de seguridad y sostenibilidad que eviten tragedias como la de Cerredo.
Mientras las investigaciones sobre el accidente avanzan, el sector minero español se encuentra en una encrucijada. La Unión Europea apuesta por reducir su dependencia de terceros países en minerales estratégicos, pero el camino hacia una minería moderna y segura exigirá no solo tecnología, sino también un diálogo abierto con la sociedad para disipar temores y garantizar que el progreso no se cobre un costo humano o ambiental demasiado alto.