Diario de León

Javier Castroviejo: «El urogallo es víctima de una torpísima artimaña administrativa»

El prestigioso biólogo Javier Castroviejo (Bueu, 1940), desembarca en León para dirigir la Estación Biológica del Cantábrico, un proyecto que arrancó en el año 2013 y que avanza con el objetivo de convertirse en el gran centro de estudio y documentación de toda la cordillera

Javier Castroviejo, frente a la mina de Oville, en Boñar.

Javier Castroviejo, frente a la mina de Oville, en Boñar.RAMIRO

María Carnero
León

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Con toda la experiencia que acumuló durante más de una década al frente de la Estación Biológica de Doñana, Javier Castroviejo, una de las más reconocidas eminencias medioambientales a nivel nacional, dirige ahora la Estación Biológica del Cantábrico, un ambicioso proyecto, en el que participan especialistas del más alto nivel, que trabajan desde hace más de una década en la documentación de todo el material recopilado sobre la Cordillera Cantábrica en los últimos 60 años, desde la sede que tienen en la Rabanal de Arriba, en Laciana, a la que se sumará otra proyectada en Sabero. «Aparte de la importante labor de investigación biológica, nos centramos en la conservación de los topónimos y los dichos, hablando con la gente del territorio, ya que en mi opinión, todo ese conocimiento de costumbres y usos tradicionales que aportan las personas mayores es un tesoro que no se puede perder». Y es que para Castroviejo «dentro de poco no quedarán personas que cuiden de este impresionante patrimonio natural que tenemos, y que no sepan hacer un carro tradicional, que no cuiden el ganado de las brañas, que no sepan uncir las vacas, u ordeñar y guardar la mantequilla, que no sepan hablar en bable, todo eso no se puede perder, forma parte de una diversidad biogreográfica fantástica, porque el patrimonio natural, en teoría, se puede recuperar, pero el cultural no». Lo que este biólogo, Premio Nacional de Medio Ambiente, defiende, es que «no somos plenamente conscientes de lo que tenemos aquí en la Cordillera Cantábrica, quizás porque lo vemos todos los días». Castroviejo destaca la importancia a nivel mundial que tienen estas montañas y que representan «una isla verde en una península reseca, desertizada, árida y quemada». Gallego de nacimiento y leonés de corazón describe este territorio con una profunda emoción. «Tiene unos paisajes de robles, hayedos y abedules fantásticos, y sus montañas conectan el mundo mediterráneo con el atlántico, en un impresionante corredor verde lleno de una cultura inmaterial de incalculable valor, de especies animales y vegetales únicas y atravesado por el Camino de Santiago». Considerado el impulsor de las reservas de la biosfera, Javier Castroviejo fue desde 1975 hasta 1988, coordinador Internacional MaB y presidente del Comité Español de la Unesco. «Al principio las reservas se plantearon como una gran reserva cantábrica, aunque quedarían algunas zonas por declarar, que habría que promover», explica Castroviejo. Toda esta gran reserva tiene para este experto «un valor incalculable que hay que preservar, por eso se crearon finalmente las siete reservas, cada una con su nombre y con la implicación del territorio, de los municipios». Castroviejo recuerda cuando Laciana fue declarada en 2003. Él estaba en París, al frente del comité de la Unesco. «Fueron muchas la presiones que recibimos para que no saliera adelante la declaración por parte de un conocido minero, pero gracias al empeño del alcalde que había entonces, Guillermo Murias, y a la ayuda del embajador español, se hizo la reserva en esta zona que aunque ha sido históricamente destrozada por la minería alberga uno de los bosques atlánticos más valiosos de Europa». Para Castroviejo, por suerte, las leyes comunitarias pudieron frenar la minería en Laciana, pero gracias a la denuncia de un ciudadano particular, el señor Tronco, al que «esos sátrapas de las minas le taparon su cabaña». Por eso, considera que la iniciativa privada es muy importante para luchar contra los delitos ambientales. «Ahí donde por desgracia no llega lo público, estamos las personas, como en Oville, Boñar, donde los propios vecinos tratan de evitar la reapertura de una mina de sílice».

Respecto al urogallo cantábrico, Castroviejo dice que es «toda una joya animal», de la que quedan «escasísimos centenares» en el noroeste de León y Alto Sil. «Quedan muy pocos, y lo que hay que hacer para que no desaparezcan es no tocarlos, porque habría que saber cuantos han muerto alradiomarcarlos, al traslocarlos para sacarlos de su hábitat, al quitarles sus huevos». En este sentido, se muestra muy crítico con el trabajo que realiza la Junta en el Centro de Cría en Cautividad de Valsemana. «Me gustaría saber si hay algún caso de éxito en el que se haya soltado un ejemplar criado en cautividad y haya sobrevivido. No es una cuestión de ciencia, sino de datos, y está claro que la reintroducción no sirve, por mucho que se empeñen en intervenir con máquinas en los bosques para recuperar los cantaderos. Han hecho lo contrario, los han mutilado y llenado de pistas forestales, de pinares sin sentido que son auténticas bombas de fuego, y a la especie se la están cargando, es un disparate». Para Castroviejo el mayor error que se está cometiendo es tratar como una única unidad genética al urogallo cantábrico y al pirenaico. «Es una torpísima artimaña administrativa, porque si el cantábrico desaparece, que me temo que así sea, desaparece la subespecie más occidental del mundo, que es única, y que no tiene nada que ver con la pirenaica y mucho menos con la europea, porque tiene un comportamiento diferente como consecuencia de una manera de alimentarse diferente y de las distintas condiciones en las que han sobrevivido, en el cantábrico, con más de un metro de nieve, lo han hecho gracias al acebo, lo que pasa es que han manipulado los datos para decir que son iguales, y lo que van a conseguir es exterminar a la raza cantábrica, y eso es un escándalo, porque en el Pinineo hay miles de urogallos pero aquí no».

«El lobo ha sobrevivido al ser humano que siempre ha querido exterminarlo»

La decisión del Congreso de rebajar la protección del lobo, a través de su exclusión del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (Lespre) viene, según Javier Castroviejo, de una parte del sector ganadero, «o mejor dicho, de los que quieren los votos de los ganaderos». A todas estas personas, Castroviejo les invita a reflexionar para que piensen «todas las cosas que le debemos al lobo, como los cuentos, la literatura o todo el trabajo que hacen en el monte, ya que no hay que olvidar que es el que limpia de plagas y enfermedades, como la sarna o la palvovirosis. Es como una especie de policía del monte». Y es que, para este biólogo el lobo es «un auténtico superviviente a la especie humana, ya que el hombre lleva toda la vida persiguiéndole e intenta por todos los medios exterminarle sistemáticamente, y no lo ha conseguido, por eso se merece un monumento». Según Castroviejo, el lobo debería seguir en el Lespre, por lo menos hasta que la especie ocupe el área que ocupaba originalmente antes de su declive poblacional, que era prácticamente toda la península ibérica. Ahora, tan solo ocupa una cuarta parte del territorio nacional. Por eso se muestra contrario a la caza de este animal, a no ser que se trate de un caso concreto de un ejemplar conflictivo. «Los ganaderos, cuya labor es indispensable, debería empeñar todas sus fuerzas en exigir a la administración que les indemnicen cuando el lobo ataque su ganado, y que les subvencione la compra de mastines para cuidar el ganado", sentencia.
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