El oso pasa de ocupar un área de 5.000 kilómetros cuadrados a 25.000 en 40 años
La especie ha aumentado su presencia en la Cordillera Cantábrica y llega ya a Portugal

Según el último censo nacional la población de osos cuenta con unos 370 ejemplares.
El cambio climático y la mejora de los hábitats naturales está favoreciendo la cada vez más rápida expansión del oso pardo en la Cordillera Cantábrica. Tras superar ya la fase de reducción de su presencia en el territorio de los años 80, el cambio en la distribución de la población hace que cada vez ocupe una mayor superficie hasta alcanzar los 25.000 kilómetros cuadrados, y llega ya a zonas del interior de Portugal, según destaca el Fondo para la Protección de Animales Salvaje (Fapas) en su última publicación.
Esta expansión, que según Fapas no implica necesariamente que haya un incremento poblacional, fijado en 370 ejemplares, según el último censo nacional, también ha sido constatada por el equipo de investigación de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que ha logrado explicar ese cambio en la distribución de la población de oso pardo cantábrico desde los años 80 del pasado siglo hasta la actualidad como respuesta a las características del territorio. Según sus conclusiones, la expansión actual se podría deber a los esfuerzos de protección de la especie a través de los planes de recuperación que los gobiernos de Cantabria, Castilla y León, Asturias y Galicia desarrollaron en la década de los 90 del pasado siglo. Y parece que el incremento en el número de individuos se traduce en el aumento del área de distribución que se da hacia aquellas zonas disponibles que tienen un hábitat menos humanizado y están próximas a los núcleos de la población.
Los investigadores han observado que mientras el área de presencia del conjunto de la población ha aumentado de manera considerable desde los años 90 a la actualidad, el área con presencia de osas con crías se ha mantenido estable en el tiempo. «Esta información abre nuevas vías de investigación y desde el punto de vista de la conservación nos hace ser prudentes sobre el futuro de la población, que sigue estando considerada en peligro de extinción», afirma Díaz Fernández, uno de los autores del estudio. El científico señala que sería interesante analizar otros aspectos como la supervivencia de los individuos que se dispersan fuera de las áreas delimitadas por los planes de recuperación.
En esta afirmación coinciden también Fapas, que explica que esta rápida expansión se ha constatado con los daños en los colmenares alejados de las áreas de reproducción osera, y que son originados por machos jóvenes que tienen tendencia a recorrer grandes distancias y dispersarse de su área de nacimiento. «Estos movimientos y daños a las colmenas ofrecen una sensación de abundancia de osos, pero en principio, todos los indicios apuntan a que cada uno de estos osos que hacen estos movimientos itinerantes, visitan uno tras otro los colmenares de las comarcas que recorren», destacan.