Diario de León

El oso pasa de ocupar un área de 5.000 kilómetros cuadrados a 25.000 en 40 años

La especie ha aumentado su presencia en la Cordillera Cantábrica y llega ya a Portugal

Según el último censo nacional la población de osos cuenta con unos 370 ejemplares.

Según el último censo nacional la población de osos cuenta con unos 370 ejemplares.eduardo margareto

María Carnero
León

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El cambio climático y la mejora de los hábitats naturales está favoreciendo la cada vez más rápida expansión del oso pardo en la Cordillera Cantábrica. Tras superar ya la fase de reducción de su presencia en el territorio de los años 80, el cambio en la distribución de la población hace que cada vez ocupe una mayor superficie hasta alcanzar los 25.000 kilómetros cuadrados, y llega ya a zonas del interior de Portugal, según destaca el Fondo para la Protección de Animales Salvaje (Fapas) en su última publicación.

Esta expansión, que según Fapas no implica necesariamente que haya un incremento poblacional, fijado en 370 ejemplares, según el último censo nacional, también ha sido constatada por el equipo de investigación de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que ha logrado explicar ese cambio en la distribución de la población de oso pardo cantábrico desde los años 80 del pasado siglo hasta la actualidad como respuesta a las características del territorio. Según sus conclusiones, la expansión actual se podría deber a los esfuerzos de protección de la especie a través de los planes de recuperación que los gobiernos de Cantabria, Castilla y León, Asturias y Galicia desarrollaron en la década de los 90 del pasado siglo. Y parece que el incremento en el número de individuos se traduce en el aumento del área de distribución que se da hacia aquellas zonas disponibles que tienen un hábitat menos humanizado y están próximas a los núcleos de la población.

Los investigadores han observado que mientras el área de presencia del conjunto de la población ha aumentado de manera considerable desde los años 90 a la actualidad, el área con presencia de osas con crías se ha mantenido estable en el tiempo. «Esta información abre nuevas vías de investigación y desde el punto de vista de la conservación nos hace ser prudentes sobre el futuro de la población, que sigue estando considerada en peligro de extinción», afirma Díaz Fernández, uno de los autores del estudio. El científico señala que sería interesante analizar otros aspectos como la supervivencia de los individuos que se dispersan fuera de las áreas delimitadas por los planes de recuperación.

En esta afirmación coinciden también Fapas, que explica que esta rápida expansión se ha constatado con los daños en los colmenares alejados de las áreas de reproducción osera, y que son originados por machos jóvenes que tienen tendencia a recorrer grandes distancias y dispersarse de su área de nacimiento. «Estos movimientos y daños a las colmenas ofrecen una sensación de abundancia de osos, pero en principio, todos los indicios apuntan a que cada uno de estos osos que hacen estos movimientos itinerantes, visitan uno tras otro los colmenares de las comarcas que recorren», destacan.

Cinco años de trabajo y 39 colmenares protegidos
La protección de los colmenares de los apicultores para que no sufran daños de oso, siguen siendo una asignatura pendiente en la conservación de esta especie. Fapas lleva ya cinco años consecutivos con su programa de protección de colmenares, tiempo en el que ha llevado a cabo la instalación de 39 instalaciones, 21 de ellas en León, que consisten en un cierre perimetral del colmenar con postes de madera y con un mallado electrificado, que impide a los osos acceder a su interior.

Individuos cada vez más activos y que dedican menos tiempo a la hibernación

En España, la población cantábrica de oso pardo se estima en unos 370 ejemplares, según el último censo elaborado por las distintas comunidades autónomas en las que habita, un número que invita al optimismo y que hace que efectivamente su áera de distribición sea cada vez mayor. Además, el calentamiento global está impactando en la producción de frutos silvestres de los que se alimenta la especie. Algunos, como el arándano, ya presentan en los últimos años cosechas irregulares y otros, como los bosques dominados por hayas y robles atlánticos, se prevé que sufran una drástica reducción en el área de distribución cantábrica.Por otra parte, el cambio climático también favorece que los osos hibernen durante menos tiempo o no lo hagan. Ante este escenario, es previsible que haya más osos activos en invierno, dispuestos a recorrer y expandirse lejos de las áereas reproductoras.El último proyecto Life Osos con Futuro, coordinado por la Fundación Oso Pardo, ha permitido aumentar el conocimiento sobre el impacto del cambio climático en el oso pardo gracias a un análisis de vulnerabilidad de las fuentes de alimentación y de las áreas críticas, así como un estudio sobre la idoneidad de hábitat para especies productoras de frutos de interés para el oso pardo cantábrico en escenarios de cambio climático.El proyecto ha llevado a cabo un conjunto de acciones forestales con un enfoque de adaptación al cambio climático que permite compensar la menor fructificación que éste provoca en el alimento del oso pardo, fomentando recursos alternativos para su alimentación. Este enfoque permite aprovechar los beneficios de la naturaleza para hacer frente al cambio climático.En concreto, se han plantado 150.000 árboles y arbustos productores de frutos de verano e invierno con baja vulnerabilidad climática. También se han producido y plantado 25.000 castaños injertados con variedades locales.
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