El juez ratifica la pena del hermano de Rivas por la paliza a Arias Tronco
Estima el recurso del hostelero contra la sentencia por maltrato animal que le puso el alcalde

El hostelero Arias Tronco.
La Audiencia Provincial de León, presidida por el magistrado José Luis Chamorro Rodríguez, ha desestimado el recurso de apelación interpuesto por el hermano del alcalde de Villablino, Rubén Rivas, que fue condenado por el Juzgado de lo Penal número 2 de León por un delito de lesiones contra Antonio Arias Tronco a un año y nueve meses de cárcel, al tiempo que estima la realizada por la víctima, que había recibido una pena de diez meses de prisión por maltrato animal. El denunciante del conocido empresario lacianiego, que hasta hace un año regentaba el conocido hotel y restaurante Los Arándanos de Villablino, es el alcalde, Mario Rivas, que le acusaba de haber envenenado a un ternero de su propiedad. Ahora, la justicia le absuelve del delito. Se zanjan de esta manera unos hechos que se remontan a marzo de 2020 en los que estuvieron implicados, además de Antonio Arias Tronco, el alcalde, su hermano y su padre, Constantino, a raiz de la propiedad de una finca que el primero atestigua como de su propiedad mientras que la familia Rivas usa como propia para el ganado. Aquel día, y después de que un ternero de la raza asturiana de los valles resultara envenada, el hermano y el padre de Mario Rivas dieron una paliza a Antón Arias Tronco tras hacerle responsable de rociar la parcela con la sustancia con la que se habría envenenado el animal.
Los golpes recibidos entonces por Antón Arias Tronco fueron grabados por la víctima y, sin embargo, negados por los autores. La causa del conflicto es un problema de tierras. Antonio Arias Tronco asegura que Rubén Rivas le usurpó una finca, la 296, tras inmatriculársela en el Catastro. Y es que, según el hostelero, el hermano del alcalde se «aprovechó de un fallo del catastro para quedarse con una finca de 5.000 metros cuadrados que le legaron sus padres.
El hostelero Arias Tronco manifiesta que tiempo después, él se la compró a sus hermanos a través de un documento privado con el resto de la herencia, por lo que es su poseedor legítimo. El empresario lacianiego explicó entonces que la finca no cambió de nombre en el catastro tras aquello y siguió a nombre de su padre, Nicolás Arias. «Y mi hermano, que fue el que vendió a Rubén Rivas la finca, se llama igual, Nicolás. Ahí está el origen del problema», precisa Arias Tronco.