Villamanín, un pueblo dividido por un error muy 'Gordo'

Los vecinos han pasado de la euforia a la tensión y el silencio al descubrir que 50 participaciones premiadas no fueron consignadas

Un afectado atiende a los numerosos medios que agolpaban a la salida de la reunión.ángelopez

León

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Los vecinos de Villamanín de la Tercia, en la fría pero hermosa montaña central leonesa, tendrían que haber estado este sábado sumidos en la fiesta. Música con DJ, juegos y talleres para niños y otras actividades navideñas estaban previstas para este 27 de diciembre, en el que también se iba a celebrar un hecho insólito en este pueblo de 334 habitantes, el premio Gordo de Navidad para aquellos que habían adquirido alguna de las 450 participaciones puestas en venta por la Comisión de Fiestas, con las que se jugaban cuatro euros, y uno de donativo. Un premio de 34 millones de euros había caído por fin del cielo para alegría de todos los vecinos, y en especial para ese grupo de jóvenes que había llevado la fortuna a su pueblo. Pero ni fiesta, ni Navidad, ni Gordo, ni nada que celebrar. El silencio y los corrillos tomaron las calles. En cinco días han pasado de la euforia y a impotencia al conocer que 50 de esos 450 boletos premiados no fueron consignados, por lo que el cobro de cuatro millones de euros se esfumaba de repente.

Muchos aseguran que el día 22, al tiempo en el que descorchaban las botellas de champán, ya se sabía que las cuentas no cuadraban. Días más tarde algunos vecinos se acercaron a la administración de lotería y a sus bancos para gestionar la manera de cobrar sus premios, 80.000 euros por papeleta, pero no fue posible. Entre otras cosas, porque las participaciones de lotería no son boletos oficiales, por lo que no pueden cobrarse en las administraciones de lotería, sino que hay que acudir al depositario o al responsable de hacer las participaciones, que en este caso es la Comisión de Fiestas. Ante la incertidumbre, y los primeros rumores que apuntaban ya a las papeletas vendidas de más, el propio alcalde de la localidad, Álvaro Barreales, pidió a la Comisión de Fiestas que convocara a los premiados a una reunión, que finalmente tuvo lugar este jueves. En la convocatoria, se ponía como motivo de la reunión verificar las papeletas, informar de su cobro, e informar de «una situación organizativa sobrevenida», una situación que se transformó en un tsunami informativo, según se conocían los detalles.

Los premiados se agolpaban a las puertas del Hogar del Pensionista donde se iba a celebrar la reunión mientras que se oían todo tipo de comentarios y especulaciones. Por su parte, cámaras de televisión y periodistas de los principales medios del país abordaban a los vecinos en busca de información. Nadie quería hablar.

La reunión comenzó a puerta cerrada, y con un representante por familia premiada. Al entrar había que enseñar una fotografía de la participación. Un abogado, citado por la Comisión de Fiestas, entró por videoconferencia para explicar la situación. «Aquí no vais a cobrar nadie si no llegáis a un acuerdo», comenzó diciendo, lo que no hizo más que aumentar el nerviosismo y caldear más el ambiente. Fueron tres intensas horas de reunión en la que entraban y salían los vecinos, enfadados, desencajados y muy preocupados. «No vamos a llegar a un acuerdo nunca», decían. Desmayos, ataques de ansiedad, discusiones, y muchas lágrimas marcaron el encuentro que acabó a las nueve y media, con una especie de principio de acuerdo que los asistentes salían mascullando entre dientes.

Para empezar, los jóvenes reconocieron el gravísimo error, al realizar el conteo de las papeletas vendidas, insistiendo en que en ningún momento ha existido fraude, trampa ni mala fe, sino un fallo en la gestión realizada. Incluso se habló de que se dieron cuenta del fallo al aparecer uno de los nueve talonarios ya vendido y que no fue consignado perdido en una mochila.

Ante este fallo garrafal los miembros de la comisión, once jóvenes de entre 16 y 25 años, y otras dos personas más mayores, accedían a renunciar a sus premios, cinco décimos premiados con dos millones de euros en total, siempre y cuando se frenaran posibles procesos judiciales, mientras que el resto del dinero, otros dos millones de euros, correrían a cargo del resto de los premiados a los que se les descontaría un 10% del premio. El problema es que este acuerdo debe ser aceptado por unanimidad de todos los premiados.

Ya a la salida de la reunión se veía la dificultad para llegar a un acuerdo. «Yo no tengo por qué pagar los errores de otros, además, ¿y si no están diciendo la verdad, y alguien se quedó las participaciones?», decían.

Además, hay un número de papeletas cuyos propietarios no aparecen, o no las encuentran, ya que las participaciones se empezaron a vender en agosto.

En cambio, una parte importante estaba a favor de llegar a un acuerdo y zanjar la situación, ya que lo contrario sería embarcarse en un largo y tedioso proceso judicial, que arruinaría a los miembros de la comisión y posiblemente a sus familias, que tendrían que hacer frente con sus bienes a la millonaria deuda.

«Pobres chavales, si podían ser los hijos de cualquiera de nosotros, están renunciando a su premio, y encima se les está pidiendo que sus familiares hagan lo mismo, que más tienen que hacer, sacarse las tripas», decía otro vecino visiblemente afectado. «Gracias a estos chavales muchos se han hecho millonarios, aunque solo sea por eso, hay que ayudarles», sentenció.

Otras personas consideran que si de verdad ha sido un error, y todo apunta a que así ha sido, ninguno de ellos tendría que renunciar a su premio, sino que se debería hacer frente a la deuda con el montante global, y luego repartir.

Después de la reunión, los chicos y chicas de la comisión estaban exhaustos, tratando de escribir una nota de prensa con la que expresar el pesar por lo sucedido y donde apelaban a la unión del pueblo. Aunque no querían dar declaraciones, sí que hablaron a cámara apagada. «Somos unos chicos que por amor a nuestro pueblo nos unimos para organizar actividades y decidimos comprar lotería para sacar dinero para las fiestas. Ahora hemos pasado de tener la mayor suerte del mundo cuando nos tocó a vivir una auténtica pesadilla», comentaba uno de ellos.

Otra chica decía no saber muy bien lo que se le venía encima. «Me han dicho hoy que podemos acabar en la cárcel, y no sé que será peor si eso o hipotecarme de por vida, ni siquiera tengo trabajo», sentenció.

También quisieron agraceder el apoyo tanto de sus familias como de muchos vecinos. «Una chica que hace dos años se vino a vivir al pueblo sin nada hoy nos dijo que gracias a nosotros ahora tiene 160.000 euros, ya que compró dos papeletas».

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Lo que para estos chicos ha quedado claro es que el dinero puede llegar a sacar lo peor de cada persona. Solo esperan que Villamanín no quede dividida por un premio que lejos de llevarles alegrías les ha llevado al enfrentamiento.