El Gobiermo impulsa la inclusión del lobo en el Libro Rojo de especies vulnerables
La comunidad científica respalda la catalogación por el deterioro de la única población ibérica

Fernández Gil pone el acento en el papel ecológico del lobo como depredador apical.
Después de su polémica salida del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (Lespre), la población ibérica de lobo será incluida en el Libro Rojo de las Especies Vulnerables, una catalogación que, según explica el ecólogo Alberto Fernández Gil, investigador de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), «se apoya en un proceso científico reglado y en la mejor información disponible, muy alejado de decisiones políticas o territoriales».
Fernández Gil, que participó recientemente en una jornada celebrada en la Facultad de Ciencias Biológicas y Ambientales de la Universidad de León, sobre la afección de los incendios forestales de este verano a las especies más emblemáticas de la Cordillera Cantábrica, subrayó que «ni las comunidades autónomas ni las provincias tienen capacidad técnica ni la competencia legal para determinar el estado de conservación de una especie». «El estado de conservación lo fija el Estado español, por encargo de la Comisión Europea, y lo hace a partir de un procedimiento muy automatizado, con escaso margen para la manipulación de datos», explica. Esta evaluación se realiza a escala nacional, por región biogeográfica o, idealmente, por población. «Y en el caso del lobo, solo existe una única población ibérica, compartida entre España y Portugal». Además de los datos remitidos por las comunidades autónomas, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) incorpora información científica especializada procedente de publicaciones en revistas internacionales, como la variabilidad genética, el grado de endogamia, la distribución histórica, el tamaño efectivo de la población o el hábitat disponible que no está ocupado. «Ese conocimiento no lo aportan las administraciones autonómicas, sino la comunidad científica», recalca. En este marco, el Miteco ha encargado a la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (Secem) la actualización del Atlas de Mamíferos y del Libro Rojo, un trabajo que realizan especialistas de referencia en cada especie y que exige demostrar el cumplimiento de alguno de los numerosos criterios establecidos para cada categoría. A ello se suma la evaluación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), cuyos requisitos son complejos y solo parcialmente coincidentes con los del Libro Rojo. «Aunque todavía no es oficial, puedo adelantar que en ambos casos la población ibérica de lobo ha sido considerada vulnerable», afirma. Paralelamente, desde la Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica (PDCC) se ha presentado una alegación al Miteco solicitando que el lobo sea incluido también en el Catálogo Español de Especies Amenazadas en la categoría de vulnerable. «Entendemos que cumple claramente los criterios, y desde luego los necesarios para figurar en el Listado», señala el investigador. Fernández Gil pone el acento en el papel ecológico del lobo como depredador apical, un grupo de especies que «no está adaptado a soportar altas tasas de mortalidad derivadas de la persecución humana». Por este motivo, recuerda, todos los grandes depredadores de España están estrictamente protegidos, como el oso pardo, el lince ibérico, la nutria, la orca o grandes rapaces y carroñeras, independientemente de que su estado de conservación sea favorable o no. «Todos, menos el lobo, y eso supone una anomalía biológica y también social», advierte. El ecólogo concluye apelando a la responsabilidad institucional. «Si como país nos dotamos de normas, criterios y mecanismos para proteger la biodiversidad, lo que corresponde es aplicarlos. No hacerlo es una dejación de responsabilidades».