Memoria bajo tierra
Sabero recuerda a los más de 300 mineros fallecidos en su cuenca y rescata su historia a través de su gente

Grupo de mineros en Sabero antes de bajar al tajo.
La minería es una de las profesiones más peligrosas que existen. Al trabajo bajo tierra, sometido a la presión del terreno y expuesto a derrumbes y hundimientos, se suma un entorno de escasa iluminación, con presencia de gases tóxicos y explosivos, bolsas ocultas de agua y otros riesgos que ponen en constante peligro la vida de los trabajadores.
Esta realidad queda reflejada en las cifras de fallecidos en el sector carbonero, que se cuentan por miles. En el caso de la cuenca de Sabero, en menos de siglo y medio de actividad más de trescientos mineros perdieron la vida en accidentes laborales.
En recuerdo de estos trabajadores, el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León celebrará el próximo sábado 28 de marzo, a las 19.00 horas, un acto homenaje en su sede.
Este acto es fruto del trabajo de investigación que el museo desarrolla desde hace meses con el objetivo de actualizar y completar el listado de fallecidos en accidentes mineros en la cuenca de Sabero. La creación del Archivo Histórico Minero de Castilla y León, dependiente del centro, ha sido clave para este proceso, al permitir el acceso a documentación como fichas de personal, libros de policía minera o correspondencia con mutuas. La investigación se completa además con la consulta de otros archivos y con la colaboración de vecinos de la zona, especialmente de personas mayores que aún conservan la memoria de muchos de estos sucesos.
El homenaje, al que asistirán familiares y antiguos compañeros, servirá para recordar a quienes perdieron la vida en la minería, poner en valor su esfuerzo y reconocer la huella que dejaron en la comunidad.
La actividad contará con el acompañamiento musical del trío de música clásica «Nacedo» y estará abierta al público, con inscripción previa a través del correo didactica@museosiderurgiamineriacyl.es o del teléfono 987 71 83 57.

El dolor y la resignación se apoderaba de las gentes en los entierros de sus mineros.