José Melón, ganadero leonés, cede y firma: «No puedo tirar 6.500 litros de leche al día»
El ganadero lamenta además el contexto en el que se ha producido la renovación de contratos, en plena Semana Santa, lo que, a su juicio, ha dejado al sector sin margen de reacción

El ganadero ha sido ejemplo de resistencia.
La resistencia de José Melón, ganadero de Valencia de Don Juan, frente a las condiciones impuestas por la industria láctea ha llegado a su fin. Tras convertirse en uno de los pocos productores que se negaban a firmar los contratos con la industria láctea, que contemplan una rebaja de siete céntimos por litro de leche, finalmente ha decidido ceder ante la presión y rubricar el acuerdo.
Su decisión, sin embargo, no responde a un cambio de postura en lo económico, sino a un conflicto ético. Melón produce diariamente alrededor de 6.500 litros de leche, una cantidad que, sin contrato en vigor, no podía comercializar debido a las exigencias de la Ley de la Cadena Alimentaria. Esto le situaba ante una disyuntiva insostenible: firmar o verse obligado a desechar toda su producción. «No es por el dinero, es por conciencia», asegura, reconociendo que no podía asumir el impacto moral de tirar un alimento esencial que podría llegar a muchas personas.
El ganadero lamenta además el contexto en el que se ha producido la renovación de contratos, en plena Semana Santa, lo que, a su juicio, ha dejado al sector sin margen de reacción. Considera que la situación les ha «pillado fuera de juego», sin capacidad real de negociación ante unas condiciones que califica de claramente perjudiciales para los productores.
Hasta hace apenas unas horas, Melón se mantenía firme en su negativa, defendiendo que alguien debía resistir por aquellos ganaderos con menos capacidad para hacerlo. Su postura simbolizaba el malestar creciente en el sector, que denuncia que el peso de abaratar los precios recae de forma desproporcionada sobre los productores. Sin embargo, la presión legal y operativa ha terminado por imponerse.
Pese a haber firmado, el ganadero no renuncia a la lucha colectiva. Se muestra convencido de que la unidad del sector será clave en los próximos meses y lanza un mensaje claro. Estos contratos tienen una vigencia de tres meses, un plazo que considera una oportunidad para reorganizarse y negociar desde una posición más fuerte. Su objetivo, afirma, es lograr condiciones más justas que garanticen la rentabilidad de las explotaciones y la viabilidad del sector lácteo.
Lejos de interpretarlo como una derrota, Melón plantea este paso como una pausa obligada en una batalla que, insiste, aún no ha terminado.