Sabero muestra nuevos rostros que dieron forma a la historia de la mina en la comarca
Una exposición del fotógrafo Ruben Mediavilla da continuidad a la del año pasado con otros 39 retratos

Un rincón de la exposición que acoge el museo de Sabero.
El Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León prorroga hasta finales de abril su exposición Las mil caras de Santa Bárbara. Retratos Mineros, tras el éxito de la primera exposición en 2024 y la puesta en escena de esta segunda muestra el pasado diciembre.
Guillermina no está muy contenta con su retrato. «Me veo demasiado vieja» le dice a Roberto, director del museo, quien, con el cariño que le tiene, le responde «claro, es una fotografía en blanco y negro, con los contrastes muy marcados y a tamaño muy grande, es normal que te veas algo rara, pero al natural estas muy guapa, nadie te echa noventa y dos años». Y Guillermina, viuda desde bastante joven y trabajadora en la limpieza del Hospital Izaguirre, sonríe y se queda un poco mas conforme. Muy cerca, José Fraile, vestido con su uniforme de guarda jurado, que incluye corbata y gorra de plato con las iniciales de Hulleras de Sabero, sujeta orgulloso la banda con la gran chapa de latón que le acredita como vigilante de la empresa minera. El fue quien hizo los ‘cacheos’ a los últimos trabajadores que entraron en la mina de Sabero, para evitar el tabaco y los encendedores. Su traje es una de las joyas que atesora el museo, donado al centro intacto, gracias a los cuidados de Lorenza, su mujer, treinta años despues de su último día de trabajo. Otra de las joyas del museo está entre las manos de Ernesto Espinosa. Es el ‘resucitador de canarios’, la jaula utilizada para transportar al interior de la mina el pájaro que alertaba de la presencia de gases mortales. La conoce bien, porque fue miembro de la Brigada de Salvamento de Hulleras de Sabero muchos años, y el día que se hizo la fotografía se emocionó al volver a tocar uno de los elementos mas queridos de la brigada. También se emocionó y mucho, otro miembro de la Brigada de Salvamento durante más de veinte años, Manuel Ibañez, al vestir de nuevo para la fotografía uno de los equipos Proto que utilizaban durante los rescates. Un equipo fabricado en Londres, con su bolsa de respiración, casco y mascara. Francisco Javier Gonzalez, Javi para todos, está concentrado, casi serio. Y no es para menos, porque, vestido con un mono de trabajo azul y un casco con lámpara, sujeta varios cartuchos de explosivo, simulados, con sus detonadores. Ese fue durante casi dos décadas su día a día como artillero, abriendo camino al trabajo del resto de los mineros. Un camino que no era posible sin la ayuda de los barrenistas, que preparaban los agujeros donde luego iría el explosivo. Como Antonio Martins Da Cunha, que, con su lámpara eléctrica de mano colgada del cuello, sonríe abiertamente. Y aunque la enfermedad ha jugado una mala pasada a la memoria de quien fue una de las mentes mas lúcidas de la Cuenca de Sabero, Emilio Álvarez Borgio, su mirada intensa detrás de sus gafas y sus grandes manos sujetando el ‘Estudio para la reprofundización del Pozo Herrera Número 2’, dicen mucho aún del talento que hubo detrás de este ingeniero técnico de minas.