Las colonias de gatos crecen en los pueblos de León ante la dejadez municipal
Huellitas del Esla denuncia que muchos ayuntamientos siguen sin cumplir la Ley de Bienestar Animal

Los gatos de Malillos de los Oteros sobreviven gracias a un vecino que los alimenta y los cuida.
En muchos pueblos de la provincia de León, el problema de los gatos callejeros lleva años creciendo sin solución. Camadas que nacen sin control, animales enfermos o heridos, vecinos que alimentan a decenas de gatos con sus propios recursos y asociaciones completamente desbordadas forman parte ya de una realidad que parece ser ajena para las instituciones.
La denuncia vuelve ahora de la mano de Huellitas del Esla, una asociación con sede en Mansilla de las Mulas que trabaja desde hace años en el rescate, cuidado y búsqueda de hogar para animales abandonados en numerosos municipios de la comarca. Detrás de esa labor están voluntarias que aseguran haber llegado al límite, tanto económica como emocionalmente. Una de sus responsables, Luisa, denuncia que gran parte de los ayuntamientos a los que recurren siguen negándose a asumir unas obligaciones que ya recoge claramente la Ley 7/2023 de Protección y Bienestar Animal. «Nos gastamos el dinero de nuestros sueldos en pienso, veterinarios y esterilizaciones. No podemos seguir sosteniendo solas un problema que es público», lamenta. La situación, explica, se repite prácticamente cada primavera. Durante el mes de mayo, las fuertes heladas y tormentas han provocado la muerte de muchos gatines nacidos en abril. Sin embargo, el problema no desaparece, ,simplemente vuelve a empezar unos meses después. «Ahora muchos cachorros no han sobrevivido, pero en agosto volverán a estar las gatas pariendo otra vez. Si no se esteriliza, esto nunca termina», advierten desde la asociación. El caso que ha terminado por colmar la paciencia de Huellitas del Esla se encuentra en Malillos de los Oteros. Allí, Ricardo, un vecino mayor con una pensión pequeña, lleva tiempo alimentando y cuidando junto a su vecina de enfrente a buena parte de los gatos del pueblo. La asociación destaca el enorme esfuerzo que realizan ambos vecinos pese a contar con muy pocos recursos. «Son personas encantadoras y luchadoras. Los gatos están preciosos gracias a ellos. Ricardo tiene muy poco, pero lo importante es la voluntad», explica Luisa. Ante la imposibilidad de seguir afrontando solo los gastos, Ricardo pidió ayuda a la asociación para comenzar una campaña de esterilización en la zona. «Con algo que ponga él y algo que pongamos nosotras, vamos a empezar también allí a castrar gatos, porque es la única solución», señalan. A raíz de esta situación, la asociación recurrió al Ayuntamiento de Santas Martas, municipio al que pertenece Malillos, para recordarle sus obligaciones legales respecto al control de colonias felinas. Lo mismo hicieron con los ayuntamientos de Mansilla Mayor y Campo de Villavidel, con situaciones parecidas. Según denuncian, la respuesta recibida fue nuevamente negativa y, en algunos casos, profundamente desalentadora. «Nos han llegado a decir frases como los gatos al río, como toda la vida o primero están las personas que esos animales»», lamentan. Desde Huellitas del Esla recuerdan que la actual legislación no deja lugar a dudas. La Ley de Bienestar Animal obliga a los ayuntamientos a gestionar las colonias felinas mediante programas de captura, esterilización y retorno, además de realizar censos, controles sanitarios y actuaciones de prevención para evitar la proliferación descontrolada de animales abandonados.