Solo una hembra sobrevive en la primera suelta de urogallos criados en cautividad
Treinta ejemplares nacidos en Valsemana fueron liberados en octubre de 2025 en Alto Sil

Uno de los ejemplares criado en Valsemana y que más tarde formó parte del programa experimental de suelta.
La primera liberación experimental de urogallos cantábricos criados en cautividad por el Centro de Cría de Valsemana ha proporcionado una valiosa base científica para avanzar en la recuperación de una de las aves más amenazadas de España. Aunque los resultados de supervivencia no han sido todo lo buenos que se esperaba , la experiencia ha permitido identificar con claridad los principales factores que condicionan el éxito de estas actuaciones y establecer mejoras para futuras campañas.
Según se explica en el informe elaborado por la Dirección General de Patrimonio Natural de la Junta de Castilla y León, la suelta, desarrollada durante el otoño de 2025 en la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) Alto Sil, constituyó la primera fase piloto del programa de reforzamiento poblacional impulsado por la Junta de Castilla y León. El objetivo no era únicamente aumentar el número de ejemplares en libertad, sino evaluar el comportamiento, la adaptación al medio, la dispersión y la supervivencia de aves nacidas y criadas bajo condiciones controladas.
Entre el 23 de octubre y el 4 de noviembre fueron trasladados desde Valsemana hasta los voladeros de presuelta instalados en Alto Sil un total de 30 ejemplares, distribuidos en cinco grupos. Tres de ellos estaban formados exclusivamente por machos, mientras que los dos restantes eran grupos mixtos integrados por machos y hembras. Los ejemplares tenían edades similares y habían sido sometidos previamente a un complejo proceso de manejo y entrenamiento diseñado para minimizar la impronta humana y favorecer el desarrollo de comportamientos naturales.
Los resultados obtenidos en el centro de cría antes de la liberación fueron especialmente positivos. El programa alcanzó una fertilidad del 97%, una tasa de eclosión superior al 85% y una supervivencia a los dos meses también del 85%, cifras consideradas adecuadas para programas de conservación de galliformes amenazados.
Antes de la liberación definitiva, los urogallos permanecieron entre 12 y 19 días en voladeros de presuelta, donde pudieron adaptarse progresivamente a las condiciones ambientales de la montaña cantábrica. Durante este periodo se observó un comportamiento acorde con el patrón natural de la especie.
Los ejemplares exploraron activamente el recinto, utilizaron los refugios disponibles, consumieron alimento natural como acículas de pino y mostraron una buena capacidad de vuelo y utilización de posaderos. Además, aprovecharon los aportes suplementarios de guisante y frutos de serbal, especialmente útiles para estimular la búsqueda de alimento en el suelo.
La fase de presuelta resultó un éxito desde el punto de vista técnico. Todos los ejemplares salvo uno sobrevivieron durante este periodo y no se registraron problemas sanitarios relevantes ni alteraciones de comportamiento que comprometieran la liberación.
La apertura de los voladeros se realizó durante la noche para evitar vuelos descontrolados y reducir el riesgo de accidentes. Los 29 ejemplares liberados abandonaron los recintos de forma gradual y sin incidencias.
Uno de los datos más relevantes del seguimiento posterior fue la escasa dispersión registrada. La mayoría de los urogallos permanecieron en un área muy reducida alrededor de los puntos de liberación, utilizando superficies inferiores a las 20 hectáreas y manteniendo una notable fidelidad al entorno de los voladeros.
Únicamente tres ejemplares —dos hembras y un macho— se alejaron más de un kilómetro de la zona de suelta. Según los técnicos responsables del proyecto, esta reducida dispersión constituye un indicador positivo, ya que demuestra tanto la calidad del hábitat seleccionado como la eficacia del sistema de suelta blanda empleado.
La fuerte vinculación al entorno inmediato permite además concentrar las medidas de vigilancia y control de depredadores en áreas relativamente pequeñas, aumentando las posibilidades de éxito durante los primeros meses, considerados los más críticos para la supervivencia.
Sin embargo, el seguimiento mediante dispositivos GPS/GSM y emisores VHF confirmó también cuál sigue siendo el principal problema para la recuperación del urogallo cantábrico: la depredación.
De los 29 ejemplares liberados, únicamente una hembra permanecía viva en la fecha de elaboración del informe, tras haber sobrevivido 180 días en libertad. Esto supone una tasa de supervivencia del 3,4% sobre el total de ejemplares trasladados al campo.
La práctica totalidad de las bajas registradas estuvo relacionada con ataques de depredadores. De las 29 muertes documentadas, 26 fueron atribuidas directamente a depredación. El zorro fue el principal responsable, con 12 casos confirmados, seguido por depredadores alados (aves rapaces), con seis registros, y por la marta, con cuatro casos.
Precisamente uno de los aspectos más destacados por los responsables del programa es el relativamente bajo número de ataques de marta, una especie considerada tradicionalmente uno de los principales depredadores del urogallo. Este dato podría reflejar el efecto positivo de las actuaciones de control desarrolladas durante los últimos años en la zona de Alto Sil.
El análisis de los datos también reveló diferencias significativas entre los distintos tipos de agrupaciones liberadas.
Los grupos mixtos, formados por machos y hembras, registraron mejores tasas de supervivencia que aquellos compuestos únicamente por machos. De hecho, los machos integrados en grupos mixtos llegaron a duplicar la supervivencia observada en los grupos exclusivamente masculinos.
Los técnicos atribuyen este comportamiento a la mayor capacidad de vigilancia y detección de amenazas por parte de las hembras, que permanecen más tiempo alerta y emiten señales de alarma ante posibles peligros. Este hallazgo podría condicionar el diseño de futuras liberaciones, apostando preferentemente por grupos mixtos.
El control de depredadores clave para mejorar el éxito
Valsemana alcanzó un récord de cría con 76 urogallos nacidos en 2025
El urogallo cantábrico atraviesa una situación crítica tras décadas de declive poblacional que lo han llevado a desaparecer de amplias zonas de su distribución histórica, en la Cordillera Cantábrica. La especie, actualmente catalogada como en peligro de extinción, sufre las consecuencias de la pérdida de hábitat adecuado, la depredación de huevos y pollos, la competencia con otras especies y unas tasas de reproducción muy bajas, consideradas la principal causa de su retroceso.
En este contexto, el programa de conservación desarrollado por la Junta de Castilla y León en el Centro de Cría en Cautividad de Valsemana, puesto en marcha en 2021, alcanzó en 2025 uno de sus mejores resultados. Durante la presente campaña de cría se han obtenido 76 ejemplares, una cifra que ha permitido completar el stock reproductor previsto para el centro con 36 aves y disponer de otros 40 ejemplares para iniciar una nueva fase del programa: la liberación experimental en el medio natural.
Tras finalizar la temporada de cría, se mantuvieron un total de 35 ejemplares con genética ibérica destinados a esta fase de liberación, que se desarrolló a finales del año pasado en la Zepa Alto Sil, un área donde en los últimos años se han intensificado las actuaciones de mejora del hábitat y control de mesocarnívoros, principales depredadores de la especie.
Los resultados obtenidos en 2025 representan un importante avance para la conservación del urogallo cantábrico y marcan el inicio de una nueva etapa centrada en reforzar las poblaciones silvestres y mejorar el conocimiento sobre la supervivencia y adaptación de los ejemplares criados en cautividad.