Diario de León

Vegamian siempre vivo

Julián García y su esposa, María Victoria del Río, fueron condecorados como los nuevos padrinos

Julian García y Mª Victoria del Río relevan de padrinos a Miguel Angel Criado y Mª Teresa Gonzalez.

Julian García y Mª Victoria del Río relevan de padrinos a Miguel Angel Criado y Mª Teresa Gonzalez.CAMPOS

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Pardomino

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Vegamian trae el recuerdo de esos pueblos que quedaron bajo las aguas del ambalse del Porma. Era el 22 de diciembre de 1967 cuando se cerraron las compuertas de la presa. En febrero de 1968 terminaba de llenarse el embalse y con él se iniciaba la historia sumergida de unos pueblos.

Pero sus gentes no estaban dispuestos al olvido y hace 51 años un grupo de vecinos decidieron reunirse en el paraje de Pardomino para recordar a los pueblos del valle de Vegamian y a todas sus gentes. En cada edición se eligen unos padrinos. Este año el honor ha recaído en el matrimonio Julián García Martínez y su esposa María Victoria del Río López, que tomaron el relevo de los anteriores padrinos Miguel Ángel Criado Cancelo y María Teresa González Suárez.

Se destacó la gran labor que Julián ha realizado para que esta fiesta fuese una realidad y tuviese continuidad cada año en este paraje de Pardomino. Sus nietos fueron los encargados de entregarle el bastón que simboliza el año de «mandato» y una réplica de la imagen de San Antonio además de un ramo de flores.

La romería da comienzo el día antes con la tradicional hacendera en la cual Julián es un asiduo. Tras el trabajo y los adornos llega el momento de la merienda de escabeche, pan y vino. La mañana de ayer dio comienzo con la recogida de la imagen en Boñar para trasladarla en procesión de vehículos hasta la pradera de Pardomino. Allí esperaban los nuevos padrinos para cortar la cinta y llevar la imagen hasta el altar de piedra que permanece como recuerdo a esos pueblos sumergidos. Julián, acompañado por tres de sus hijas, portaron la imagen ante la mirada atenta de todos los asistentes. Posteriormente, se inició una procesión por la pradera con la imagen para dar continuidad a la homilía. Tras la finalización llegó el momento de degustar las tortas del Santo y el vino al ritmo de la música folclórica tradicional. Llega el momento de disfrutar de la comida para lo cual cada familia busca una sombra. Por la tarde los juegos infantiles con premios son el momento deseado por los más pequeños. Cuando empieza a caer el día es el momento de la limpieza de la pradera y pensar en otra nueva edición.

«La edad y los achaques hace que cada año falten algunos. Pero no les olvidamos. Son parte de esta historia que debe de seguir viva en las siguientes generaciones, ya que sus raices siguen sumergidas en esas aguas», recuerdan algunos.

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