El incendio de Murias de Ponjos amenaza la restauración de la antigua mina de Omaña
Más de 30.000 árboles y un hábitat estretégico para el oso quedaron a pocos metros del fuego

Un embalse dentro de la propia mina fue vital para que cargaran los helicópteros de extinción.
El incendio forestal de Murias de Ponjos, en la comarca leonesa de Omaña, ha supuesto una grave amenaza para uno de los proyectos de restauración ambiental más importantes desarrollados en los últimos años sobre terrenos degradados por la minería. Las llamas llegaron a situarse a escasos docientos metros de distancia de la antigua explotación minera adquirida por el Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas), donde desde 2023 se impulsa un ambicioso programa de recuperación ecológica destinado a transformar un espacio profundamente alterado por la actividad extractiva en un enclave de alto valor para la biodiversidad.
El responsable ambiental y fundador de Fapas, Roberto Hartasánchez, reconoce que durante los momentos más críticos del incendio existió un serio temor a perder todo el trabajo realizado. «Cuando llegamos, nos temimos lo peor. El fuego parecía incontrolable por la enorme dimensión de su superficie y las gigantescas llamas que quemaban todo a su paso», explica.
La preocupación aumentó al comprobar la proximidad de las llamas y la formación de un gran pirocúmulo visible desde la zona restaurada.
A medida que avanzó la jornada, la intensidad del fuego fue disminuyendo en el entorno de la mina. «Con alivio fuimos viendo que el riesgo de que el incendio afectase a nuestro terreno se fue disipando poco a poco, aunque seguía progresando con intensidad alejándose de nuestras plantaciones», añade.
El proyecto estuvo especialmente expuesto porque el fuego llegó a situarse a menos de 200 metros de algunas de las plantaciones. De haber alcanzado la zona restaurada, se habrían perdido más de 30.000 árboles y varios años de trabajo. «Gracias a la perimetración hecha por los servicios de extinción no llegó a afectar a nuestro terreno, salvándose íntegramente las instalaciones y los más de 30.000 árboles que ya han sido plantados, algunos de ellos frutales que previsiblemente comenzarán a producir frutos el próximo año», destaca el responsable de Fapas.
La restauración ambiental comenzó en 2023 con la plantación de 26.290 árboles en 28,57 hectáreas, cifra que posteriormente ha superado los 30.000 ejemplares de 19 especies autóctonas diferentes, como abedules, avellanos, acebos, robles o pinos silvestres, entre otros. El objetivo es recuperar un territorio degradado por la minería y crear hábitats favorables para la fauna silvestre, especialmente para el oso pardo cantábrico.
Según explica Hartasánchez, la iniciativa nació con dos objetivos prioritarios. «Por un lado nncrementar la calidad ambiental de un territorio destruido por la actividad minera mediante el aumento de la biodiversidad y de especies clave como el oso pardo, que ya está presente en la zona», y por otro, demostrar que es posible desarrollar «una alternativa eficiente en costes para la restauración de terrenos degradados por minería», asegura.
Desde Fapas se destaca también el papel decisivo de los servicios de extinción de la Junta de Castilla y León y del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. «La participación de los helicópteros fue vital para proteger la zona de restauración ambiental y atajar la expansión del incendio», afirma Hartasánchez.
La existencia de un pequeño embalse dentro de la antigua mina resultó fundamental para las operaciones aéreas, permitiendo realizar cargas rápidas de agua y reducir la intensidad de las llamas. Gracias a la actuación coordinada de medios terrestres y aéreos, el fuego no llegó a penetrar en el perímetro restaurado.
Para Hartasánchez, la imagen de las llamas detenidas a escasa distancia de las plantaciones refleja el enorme esfuerzo realizado por los equipos de emergencia. «Entre el fuego y nuestras plantaciones había una barrera humana que impidió el paso de las llamas. Apagar incendios forestales no solo es un trabajo de máximo riesgo, también de técnica, preparación y medios», concluye.
La antigua mina de Omaña ha logrado, por el momento, salvarse de las llamas y continúa avanzando en su transformación hacia un espacio de referencia para la conservación de la biodiversidad y la recuperación ambiental de terrenos degradados por la minería, aunque el incendio de Murias de Ponjos sigue recordando la fragilidad de estos proyectos frente a los grandes fuegos forestales.
El operativo se centran en evitar su avance hacia Rosales y Folloso
A primera hora, el delegado territorial de la Junta en León, Eduardo Diego, avanzó que la mejora de la situación en la zona oeste del incendio ha hecho posible el realojo de ambas poblaciones. Sin embargo, por motivos de precaución continúan evacuados los habitantes de Rosales y Folloso, mientras que en Andarraso se mantiene la restricción por razones de prudencia y para garantizar las comunicaciones, al encontrarse allí instalado el Puesto de Mando Avanzado.
En estos momentos, los esfuerzos del operativo se centran en la zona norte del incendio para evitar el avance de las llamas hacia Rosales y Folloso y completar el perímetro en una franja situada en el sector noroeste. Se trata de áreas donde el trabajo con maquinaria resulta más complejo debido a las características del terreno, por lo que la actuación se apoya especialmente en medios aéreos y brigadas terrestres.
Según los datos facilitados por la Junta, más de una treintena de medios participan en las tareas de extinción. Aunque la evolución del incendio es favorable, el cambio previsto en la dirección del viento obliga a mantener la vigilancia y el despliegue operativo para evitar posibles reactivaciones.
Eduardo Diego también se refirió a los incendios de Quintela y Castropodame, cuya evolución calificó como muy favorable, destacando que las labores de control y vigilancia están permitiendo evitar reproducciones.