León recibe más de medio millón de euros por siniestros en herbáceos
Agroseguro abona esta semana 225.000 euros por daños en cereal de invierno, en una campaña marcada por la inestabilidad meteorológica y con 10.500 hectáreas siniestradas

Castilla y León encabeza la clasificación nacional en superficie de cultivos herbáceos.
Agroseguro ha abonado ya 516.000 euros a agricultores de la provincia de León por siniestros registrados en cultivos herbáceos durante 2026, una cantidad que incluye tanto los daños sufridos por el maíz de la campaña anterior, liquidados durante la pasada primavera, como las primeras indemnizaciones correspondientes al cereal de invierno, cuyo pago comienza esta semana.
De esa cantidad total, 225.000 euros corresponden a la fase de pagos realizada en los últimos días a productores leoneses afectados por incidencias en sus cultivos. León forma parte, junto con provincias como Burgos o Soria, de las zonas cerealistas con ciclos de producción y recolección más tardíos, por lo que las valoraciones de daños y el abono de indemnizaciones se producen más avanzado el verano.
Según los datos de Agroseguro, las declaraciones de siniestro en la provincia alcanzan las 10.500 hectáreas, reflejo de una campaña especialmente compleja desde el punto de vista meteorológico. Aunque no se ha producido un fenómeno extremo dominante como ocurrió en años marcados por grandes sequías o intensas tormentas de granizo, la sucesión de episodios climáticos adversos ha condicionado de forma notable el desarrollo de los cultivos.
En el caso del cereal de invierno, los principales daños indemnizados están relacionados con la lluvia persistente y el pedrisco. Sin embargo, el comportamiento irregular del tiempo durante toda la campaña también ha tenido una incidencia importante sobre las producciones.
La campaña comenzó con dificultades para la siembra debido a la escasez de precipitaciones. Posteriormente, las lluvias se hicieron constantes durante buena parte del otoño y del invierno, dificultando las labores agrícolas y condicionando el desarrollo vegetativo de los cultivos. A esta situación le siguió un cambio brusco de tendencia, con una primavera y un inicio de verano marcados por la falta de precipitaciones y por temperaturas elevadas.
Esta alternancia de periodos húmedos y secos ha provocado un escenario de gran incertidumbre en el campo.