Diario de León

La memoria emergió de las aguas del pantano

La celebración del 50 aniversario, celebrada en 2001, ya reconoció la deuda histórica con las familias

Las autoridades de aquel entonces presidieron la celebración del histórico 50 aniverario.

Las autoridades de aquel entonces presidieron la celebración del histórico 50 aniverario.Ramiro

María Carnero
León

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El 31 de julio de 2001 quedó marcado como una fecha especialmente significativa en la historia del embalse de Los Barrios de Luna. Ese día, coincidiendo con la conmemoración del 50 aniversario del primer desembalse, el Sindicato Central del Embalse de Los Barrios de Luna organizó en la localidad de Barrios de Luna un emotivo acto de reconocimiento a los pueblos anegados por la construcción de la presa, una infraestructura que transformó para siempre el paisaje, la economía y la vida de cientos de familias de la montaña leonesa.

La celebración no solo sirvió para recordar medio siglo de aprovechamiento hidráulico y desarrollo de los regadíos del Páramo, sino también para reconocer públicamente el sacrificio de quienes tuvieron que abandonar sus hogares para hacer posible aquella obra. El acto culminó con la entrega de una placa de homenaje a María Ángeles García Suárez, entonces presidenta de la Asociación de Familias del Pantano de Luna, en representación de los vecinos que perdieron sus pueblos, sus tierras y buena parte de su modo de vida bajo las aguas del embalse.

Aquel gesto tuvo una especial carga simbólica. Por primera vez se escenificaba de forma pública un acto de hermanamiento entre quienes sufrieron las consecuencias directas de la construcción del pantano y quienes se beneficiaron de los regadíos que transformaron miles de hectáreas agrícolas del sur de la provincia. El reconocimiento pretendía cerrar heridas y poner en valor la aportación realizada por generaciones de vecinos de la comarca de Luna al desarrollo de otras zonas de León.

Durante la jornada, el presidente del Sindicato Central, Ángel del Riego Jáñez, pronunció un extenso discurso en el que combinó el recuerdo histórico con la reivindicación del papel desempeñado por el agua en el desarrollo económico de la provincia. «El agua, como el amor, es fuente de vida», afirmó al inicio de su intervención, comparando los cincuenta años de funcionamiento del embalse con unas «bodas de oro» entre los regantes y el recurso que había permitido transformar amplias zonas agrícolas tradicionalmente castigadas por la sequía.

Del Riego evocó la riqueza histórica y legendaria del territorio vinculado al embalse, desde las referencias al castillo de Luna y a Bernardo del Carpio hasta los vínculos de Babia con los reyes leoneses. Sin embargo, el momento más emotivo de su intervención llegó cuando dirigió un recuerdo expreso a los pueblos desaparecidos total o parcialmente por la construcción de la presa.

Los pueblos, uno a uno

Nombró uno por uno a Miñera, Truva, La Canela, Ventas de Mayo, Casasola, San Pedro de Luna, Oblanca, Cosera, Campo de Luna, Láncara y Lagüelles, localidades que desaparecieron completamente bajo las aguas, así como a Mallo, Mirantes, Vega de Robledo, Robledo de Caldas, Santa Eulalia de las Manzanas y Arévalo, que resultaron afectadas de manera parcial. El presidente recordó las lágrimas derramadas por quienes tuvieron que abandonar sus viviendas, sus prados, sus tierras de cultivo, sus iglesias y hasta los cementerios donde descansaban sus antepasados.

El homenaje también se extendió a los trabajadores que participaron en la construcción del embalse, a los técnicos e ingenieros que impulsaron el proyecto y a los agricultores que durante décadas lucharon contra la escasez de agua mediante pozos, norias y sistemas de riego tradicionales. Del Riego quiso igualmente reconocer la labor de los fundadores del Sindicato Central y de quienes contribuyeron a consolidar el sistema de regadíos que permitió el desarrollo agrícola del Páramo.

No obstante, la conmemoración también tuvo un componente reivindicativo. El presidente aprovechó la presencia de representantes de la Confederación Hidrográfica del Duero para expresar su preocupación por la capacidad futura del embalse ante la ampliación de las zonas regables y para reclamar avances en proyectos relacionados con la depuración de las aguas del Órbigo y la mejora del desagüe de la Huerga, cuestiones que preocupaban a las comunidades de regantes.

Catorce años después de aquel homenaje, el reconocimiento a los pueblos desaparecidos volvió a cobrar protagonismo. El 27 de marzo de 2015 se inauguró en la plaza de Bustillo del Páramo un monolito dedicado «a quienes dieron sus pueblos a morir bajo las aguas del pantano de Luna para que pudiera vivir una Tierra Paramesa condenada a la sed y la penuria». La iniciativa fue respaldada por una moción aprobada por el pleno municipal y posteriormente entregada a los ayuntamientos de Sena de Luna y Barrios de Luna.

El texto aprobado por la corporación municipal recordaba que las compensaciones económicas recibidas por los afectados fueron insuficientes para reparar las pérdidas sufridas. En él se afirmaba que las indemnizaciones correspondieron a «una España empobrecida y tacaña que nunca pagó la vida que dejaban atrás», una frase que resumía el sentimiento compartido por muchas de las familias desplazadas por el embalse.

Todo un acontecimiento en la prensa

La historia del embalse de Barrios de Luna ha estado ligada desde sus inicios a las páginas de Diario de León, que informó de su construcción, de su inauguración oficial el 24 de septiembre de 1956 —presidida por Francisco Franco— y de los numerosos acontecimientos relacionados con esta infraestructura. Décadas después, el periódico también recogió la celebración del 50 aniversario del primer desembalse.

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