Del majuelo y la barrica al turismo enológico de Gordonzello

La empresa vitivinícola, propiedad de muchos vecinos e hijos del pueblo, corona cultivo y bodega con gastronomía y paseos

Entrecepas Wine Bar es la oferta veraniega de Bodegas Gordonzello para degustar los caldos entre majuelos.dl

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En el alto de Santa Marina se alza el faro de Gordoncillo. Bodegas Gordonzello, un proyecto comunitario en forma de sociedad anónima que rescató los majuelos del olvido, es más que un motor económico del pueblo y la comarca. Más de doscientas hectáreas de viñedos abrazan el complejo de la bodega, con su espacio gastronómico y terraza de verano.

Los pámpanos reverdean en verano un paisaje llano, sobre las tierras rojas y el extenso horizonte azul. Bajo la idílica postal hay un proyecto de desarrollo rural integral que arrancó a mediados de los años 90 con una concentración parcelaria y la plantación de cepas en espaldera.

La viña, el majuelo por estos pagos, pide trabajos todo el año, pero en Gordoncillo es tradición y casi obligación no descuidar el descanso y la fiesta. «La revolución que supuso en Gordoncillo apostar por el mundo vitivinícola hace 31 años ha cambiado el ambiente económico y social del pueblo», afirma José Manuel Fernández Pastor, gerente de Bodegas Gordonzello.

El complejo agrícola, industrial y de servicios gastronómicos da trabajo —entre 20 y 25 empleos—, genera productos de calidad y cuenta con una oferta de enoturismo completa con su programa Entrecepas.

El complejo vitivinícola da empleo, genera productos de calidad y ofrece servicios de enoturismo

A la reina de la DO, la uva Prieto Picudo, se suman en los majuelos las variedades de Verdejo y Albarín, para blancos, y Tempranillo y Mencía como complemento para los tintos. El Gurdos, un Prieto Picudo de aguja exquista, es la estrella y el Albarín deja testimonio de una variedad minoritaria —apenas hay 100 hectáreas entre León y Cangas de Narcea, en Asturias— que se hace querer por los paladares por su frescor suave y afrutado.

Bodegas Gordonzello produce más de un millón de botellas al año. Con sus exportaciones y la fama de sus vinos «ha puesto el nombre del pueblo en el mundo», asegura Fernández Pastor.

La bodega ha dado un salto más y cierra el círculo con un proyecto de turismo enológico y gastronómico. Entrecepas Wine Bar ofrece un ambicioso programa de actividades en su terraza de verano de 300 metros que permanece abierta de jueves a domingo durante toda la temporada.

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Entrecepas Sabores es el complemento culinario a la visita a la bodega y cuenta con un espacio gastronómico con 300 plazas en el interior que ya es un referente del sector. Si la fiesta de la vendimia es la cita tradicional para visitar majuelos, bodega y degustar el menú de vendimias en septiembre, a lo largo del año surgen otras propuestas como la que, desde hace meses, ha reservado un grupo estaudonidense que contemplará el eclipse desde este balcón excepcional brindando con Prieto Picudo.