La huella de la lana está en Babia

Hay huellas que son imborrables. La de las ovejas en Babia pervive desde hace más de 5.000 años y se renueva cada verano con los últimos rebaños trasterminantes. Una tradición trashumante que se funde estos días con la innovación artística, social y cultural en Villasecino.
La Asociación Cultural La Casona de Villasecino se ha sumado a La huella de los rebaños, un proyecto de acción artística y social promovido por Mil Madreñas Rojas Arte Vegetal, a partir de la puesta en valor y el uso de la lana de oveja, coincidiendo con el Año Internacional de los Pastizales y los Pastizales de la FAO.
La huerta de la tía Adela se ha convertido en el escenario sobre el que reposa una original pieza de land art. Un trisquel celta elaborado con lana merina de un rebaño de Genestosa conforma la instalación artística y reivindicativa.
Más de cien vellones de lana merina componen la materia prima de esta obra de arte efímero en forma de trisquel que la artista Carmen Madreña Roja ha elegido como «símbolo humano antiguo de la cultura celtíbera, que la cultura pastoril también utilizó mucho».
La Huella de la Lana de Babia dos de cuatro es, como dice su título, la segunda de las cuatro instalaciones que el colectivo artístico desarrolla este año y convierte a León, junto Salamanca, Soria y Burgos, en una de las «cuatro esquinitas de Castilla y León», como territorios emblemáticos de la riqueza y poderío tuvieron con la lana.
El objetivo del proyecto es «visibilizar la ganadería extensiva y el papel que tiene en nuestros territorios» y concienciar sobre «nuevos usos de la lana» ante el problema que este residuo genera a los ganaderos», explica la artista.
«La lana es un material lleno de simbolismo para nosotros», añade. «Es el estandarte del poder de los antiguos pastores, una de las bases de su poder económico y de toda su cultura», además de «un símbolo de abrigo en una tierra fría» que «representa la energía y a la vez el amparo, la cueva». Sin olvidar que la lana es «un material popularmente trabajado durante siglos por las mujeres, en procesos muy laboriosos, que exigían grandes dosis de paciencia, atención y precisión…».
La pieza, que ya está abierta al público, se inaugura esta tarde, a las 19.30 horas, dentro de la jornada «La huella de la lana» organizada por la Asociación Cultural La Casona. A las 20.00 está prevista una charla la economía y el mercado de la lana, a cargo de Celia Alfonso Pereda, participante del proyecto «El oro blanco» enmarcado en las becas Ralbar de la Universidad de León. A las 20.30 hay prevista una demostración práctica para niños y adultos. «De la oveja al calcetín» es una propuesta de Óscar Fierro de Hilando Mamut que mostrará el proceso y tratamiento de la lana hasta llegar al producto final.
Esta acción artística y cultural en colaboración con la artista leonesa Carmen Madreña Roja, «es una oportunidad única» para celebrar el Año de los Pastizales y los Pastores de acuerdo «a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) mediante la innovación cultural y el diálogo entre patrimonio biocultural, arte y ciencia, fomentando el conocimiento sobre la importancia de la cultura pastoril en nuestro territorio», señala la asociación.
La familia Fernández Pulgar es la impulsora de las actividades culturales en la casona de Villasecino. Descendientes de Pepe Casona, como era conocido el abuelo de María y Juan, dos de los hermanos involucrados, que se han propuesto conservar la imponente heredad, una casona solariaga cuyo origen se remonta al menos al siglo XVII y que perteneció originalmente al linaje de los García Lorenzana.
Con el propósito de mantener y poner en valor el valioso legado familiar del que son responsables, los propietarios de la Casona de Villasecino han creado la Asociación Cultural «La Casona».
«Se trata de un proyecto cultural que busca dinamizar y resignificar el conjunto histórico de la Casona, impulsando el sector cultural y creativo en la comarca y que se mantiene abierto a propuestas que se alineen con sus objetivos principales», apuntan.
La investigación, la conservación y la programación de una oferta cultural y artística de calidad son los tres ejes de esta iniciativa que se asienta sobre un rico pasado histórico y una tradición ganadera que terminará cuando Eliseo, el último ganadero de la estirpe, se jubile. La Casona transita ahora hacia otra vida. El propósito es convertirla en sede de actividades que «supongan un relevo a la práctica ganadera tradicional que se ha realizado a lo largo de los años en este singular espacio, sin desvincularla del territorio».
Para ello, apuestan por una «rehabilitación consciente y respetuosa del edificio y su patrimonio» y contar «la historia que contiene" como parte de la historia de Babia».
Una inscripción de 1676 en el dintel de la capilla, además de los blasones, deja constancia del vínculo de la Casona con el poderoso linaje de los García Lorenzana. La cámara frigorífica de leche que aún conservan en el zaguán es el testigo de la rica producción lechera de Babia en otros tiempos.
A finales del siglo XIX, la casona es adquirida por Blas y Juana, un matrimonio oriundo de los pueblos omañeses de Manzaneda y Vegarienza. Son sus descendientes, por vía de Pilar, madre de Pepe Casona y de sus hermanos Eduardo y Blas, quienes ahora toman el relevo con este proyecto cultural y artístico.
La casa cuenta con un rico patrimonio arquitectónico, etnográfico y artístico, al igual que el archivo documental que acaban de ordenar gracias a la colaboración de una becaria de Campus Rural.
La familia no se quiere quedar en una conservación de puertas para adentro. El objetivo es poner a disposición de personas e instituciones este legado y compartirlo con la población. Y en el futuro poder mostrar al público una Casona que guarda en su interior la memoria de varios tiempos que conviven en armonía y la huella de un pasado esplendoroso. Dos torres, una con palomar, una inmensa cocina de horno, el grandioso salón o los dormitorios atestiguan la grandeza.