La memoria puesta en los cielos de Babia

La Casa del Parque de Riolago de Babia posee una exposición sobre la evolución rural de la comarca

Roberto Díaz relatando la importancia del mastín leonésVirginia Moran

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David F. Hernández / Rubén G. Morán
Babia

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La comarca de Babia es uno de los lugares con mayor encanto y personalidad de la provincia de León. Sus montañas moldeadas durante milenios por la glaciación y la trashumancia han podido modificar la geología y los paisajes de esta comarca, lo que genera unas vistas armónicas y unificadas, haciendo que quienes van se queden atónitos. Babia, tierra de pastores que añoran su procedencia cuando están lejos de casa, ha sido un paraje idílico para reyes y campesinos. Uno de los emblemas de la comarca es la Casa del Parque de Riolago, que alberga varias exposiciones sobre la región como El Sanmartino o Los Ruidos de Babia. La temática principal cuenta el inicio del territorio geológicamente cubierto por un glaciar y que lleva al espectador desde lo más alto del territorio hasta las cocinas de los hogares.

La exhibición del edificio está atendida durante todo el año por Natividad Rodríguez y César Martínez, quienes ejercen un papel fundamental para explicar los procesos históricos en el entorno natural de Babia. Ernesto Díaz, gestor de la exposición, relata que el pastoreo, una de las actividades insignia de Babia, «ha favorecido que sus paisajes tengan semejanza con los de Mongolia por las densas estepas». Sin embargo, explica que las ovejas se han empezado a criarse desde hace varias décadas en otras latitudes, por lo que se comenzaron a exportar, perdiendo la tradición en el último siglo de las ovejas, lo que ha cambiado el territorio. «En el momento en que las ovejas dejan de comerse el territorio, los bosques empiezan a crecer poco a poco», señala Ernesto. Las montañas de Babia no distinguen de estatus social, ya que refugian a toda persona que pasa por sus tierras, deleitando a sus visitantes y habitantes con sus preciosos valles, montañas y picos.

Uno de los rincones más atractivo del certamen está dedicado al mastín leonés. Este perro aparece en uno de los cuadros más icónicos del célebre pintor Diego Velázquez. El pie del infante del cuadro está sobre su lomo, demostrando fidelidad como aquellos pastores de Babía cuando recorrían con las ovejas merinas la ruta comercial más relevante de la Península, la Ruta de la Plata, y se quedaban distraídos al tener en la memoria los paisajes de su entorno natal. «No a cualquier perro no le puedes poner el pie encima», apunta Ernesto Díaz. Además, este animal es el más cercano genéticamente hablado al lobo, otro canino al que se le dedica un apartado en la Casa del Parque. Ernesto pone de manifiesto que: «el lobo ha estado siempre asentado y relacionado con el pastoreo en una notable coexistencia pacífica con la ganadería». Aclaraque donde se han producido más conflictos con ovejas es donde los lobos han sido exterminados.

La memoria colectiva y el arraigo por la tierra es tal que, aunque desde hace 60 años que no vienen esos rebaños de ovejas, todavía siguen en la memoria colectiva, por lo que a los babianos les cuesta desapegarse de sus costumbres. Lo mismo sucede con otro de las señas de identidad de la comarca: el «patsuezu» o pachuezo, en español, una variante que proviene del asturleonés a la que remarcan en uno de los módulos y que ha dado palabras como «calecho». Esta palabra Tiene una relación directa con el «filandón», compartiendo el mismo espíritu de reunión vecinal, narración oral y comunidad al calor del fuego que combinaba el trabajo manual del hilado. Mientras que el calecho era una charla vecinal de tarde, el filandón se reservaba a la noche, reuniendo con frecuencia a los jóvenes, a diferencia de la otra tertulia en la que estaban niños y ancianos. Al final de la exposición, resalta un frase poeta leonés Victoriano Crémer que evoca a la profunda tranquilidad de «estar en Babia»: «Palpita el rebaño en la espera en tanto que los astros detienen su giro por el mundo. Cierra los ojos un mastín y Babia sueña».

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