Diario de León

Los vecinos del Crucero en León se hartan de la prostitución y los narcopisos y estallan

La Asociación de Vecinos alza la voz ante la inseguridad que se vive en el barrio por la noche

Episodios como el que muestra la foto se reproducen a menudo.

Episodios como el que muestra la foto se reproducen a menudo.DL

David Fernández
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León

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Casos de prostitución crecientes, inseguridad por los narcopisos, preocupación por la falta de presencia policial que desde su punto de vista padece el barrio. Los vecinos del Crucero se hartan ya de la impunidad en la que vive el barrio y la Asociación de Vecinos "Quevedo" alza ya la voz en señal de hartazgo.

Aseguran que en las inmediaciones de ciertos establecimientos como bares se producen episodios de tráfico de estupefacientes y prostitución. De esta manera, describen un patrón reconocible, el cual consiste en que un vigía apostado en un comercio cercano alerta a los presentes cuando se aproxima un coche patrulla.

Son, de nuevo, denuncias vecinales que llevan años trasladándose a la Policía Local, al igual que a la Policía Nacional, sin que se traduzcan en una presencia sostenida sobre el terreno.

Las quejas también van enfacadas al ruido que se produce en ciertos estableciemientos que están al límite de la legalidad. De hecho, sostienen que existen bares que no cuentan con la licencia de ocio nocturno y que aún así están abiertos a altas horas de la madrugada. La estupefacción aumenta la conocer que alguno de los locales no presenta una salida de emergencia y, a pesar de ello, continúa abierto. También lamentan que en medio de la anarquía en la que se está convirtiendo el tema, se suceden numerosos episodios de aparcamientos indebidos en frente de los bares, así como personas que vierten residuos y que orinan en las calles. La suciedad se intensifica con la limitada recogida de basuras en muchos de los contenedores del barrio. No importa que sea una de las calles principales como La Avenida Doctor Fleming, donde antes había un cine y que tras su cierre ha pasado a convertirse en un hervidero de basura; o bien en la Calle de Laureano Díez Canseco, que presenta contenedores desbordados.

El clamor de los residentes de la barriada por estas circunstancias converge con el enfado ocasionado por la inoperancia del dispositivo policial. Una de las vecinas pone de manifiesto que es prácticamente inexistente la actuación policial con labores de vigilancia para que se respeten las normas de convivencia, no solo en parque, sino también en el resto las calles colindantes del barrio. Marisa Lorenzo, componente de la Asociación, advierte de que el barrio por la mañana está más tranquilo, pero por la noche se convierte en ocasiones en «un lugar peligroso».

Por otro lado, pone el énfasis en que a cualquier hora de la tarde se pueden observar múltiples colchones, bolsas de basura y otros desperfectos que ensucian un parque que presume de ser un entorno verde. Además, apuntan desde la asociación, que le han trasladado sus reclamaciones a la concejala del Ayuntamiento de León, María Elena Aguado Cabezas, que es la responsable asignada para atender El Crucero. De la misma forma se ha procedido con la Policía Local. Los reproches de los habitantes del barrio se incrementan por la sensación de que la preocupación por el estado de El Crucero es practicamente inexistente por parte del Ayuntamiento.

Bandera verde, realidad gris

La ejemplificación del abandono de muchos de los aspectos de seguridad y limpieza de la barriada es su rincón insignia: el Parque de Quevedo. El horario establecido en este espacio, que presume por ostentar con el reconocimiento como espacio «Green Flag Award» desde el año 2022 en una de sus entradas, es de 8.00 hasta las 21.00 en invierno, y de 8.00 hasta las 22.30 en verano.

Marisa Lorenzo detalla que ha llamado en varias ocasiones a la Policía Nacional para que se cumplan los horarios de cierre del parque. Sin embargo, «cualquiera puede pasar por las inmediaciones del parque alrededor de las 23.30 o más tarde y ver que el parque continúa abierto». Del mismo modo, muestra su indignación porque esto facilita la entrada de indigentes o personas que se juntan para trapichear con drogas en el interior del parque, aumentando en consecuencia la desprotección de los viandantes, tanto para quienes vivan en el barrio como quienes no.

Sin embargo, los vecinos relatan que rara es la ocasión en la que el cierre del parque se lleva a cabo porque «nadie está pendiente de lo que sucede por la zona». Según relatan desde la Asociación de vecinos, el parque ha pasado de ser un entorno pintoresco en el que disfrutar de un paseo tranquilo a un lugar en el que predomina lo incívico. Desde patines eléctricos, personas que fuman, que sacan a pasear a sus perros cuando se puede apreciar al lado de los premios que ha recibido el parque que estos actos están totalmente prohibidos.

Preocupa comprobar como es habitual divisar a individuos con sustancias estupefacientes e, incluso, consumiéndolas allí mismo. Marisa Lorenzo relata que: «después de una reunión de la propia Asociación, al salir de la caseta que se encuentra en el interior del parque, una mujer que forma parte de la misma recibió un tirón a su bolso».

En alguna ocasión se ha podido ver a una camioneta del servicio de parques y jardines del Ayuntamiento para efectuar el cierre correspondiente del parque. Sin embargo, remarcan que a lo largo del año eso parece una acción excepcional y que no sucede de manera periódica.

La Policía Local tampoco aparece pese a que son los encargados de garantizar la vigilancia del espacio verde que es emblema del barrio. El relato vecinal sostiene una comparación que resume el malestar de fondo, ya que mientras el centro de León ha vivido una transformación visible con una perseverante acción con obras peatonalización, restricciones al tráfico o políticas de «cero humos», barrios periféricos como El Crucero quedarían relegados en la agenda municipal pese a pagar los mismos impuestos. Es una queja que, según indican, no se limita a El Crucero. También se hace eco de situaciones similares de venta de droga en el entorno del barrio de San Esteban.

El desamparo empieza a dar estilo e identidad del barrio, puesto que muchos de los edificios que lo componen se encuentra en descuido total. Las fachadas presentan síntomas de desidia, sobre todo por las deterioradas fachadas de múltiples bloques de pisos que, incluso, están tapiadas sus ventanas con ladrillos. Están deshabitadas. Por ende, el atractivo para que nuevos vecinos opten por este distrito de León para vivir es cada vez menor, por temas obvios.

También especifican desde la asociación que el desvalimiento de las garantías de protección se agrava con la presencia de okupas en algunos de estos edificios Además, a los vecinos les llama la atención que cuando cruzan escasos metros varias de las calles colindantes y llegan a Trobajo del Camino, perteneciente al Ayuntamiento de San Andrés, las condiciones de los pisos cambian a una imagen mucho más armónica.

Ponerle voz

El testimonio vecinal ya no es una mera voz aislada, dado que el pasado día 6 de agosto, el grupo municipal de UPL en el Ayuntamiento de León se hizo eco del malestar de los usuarios habituales del parque, que denuncian actitudes incívicas y, en ocasiones, violentas, así como peleas y altercados. El último episodio data del 24 de julio. También se han notificado robos a personas mayores en la zona. Los leonesistas señalan que la presencia policial es «nula o muy escasa» y reclaman un refuerzo conjunto de la Policía Local y la Policía Nacional con carácter preventivo. El concejal Enrique Valdeón pidió a ambos cuerpos que «tomen cartas en el asunto» para devolver la tranquilidad a un espacio que, subraya, «siempre ha sido un lugar de convivencia y disfrute» para los vecinos. Es hora de buscar soluciones.

Reclaman que no se respete el horario de cierre del Parque de Quevedo

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