Diario de León

Miguel Ángel Muñiz, rabadán de los Montes de Luna: «El pastoreo da dinero, pero la gente no quiere sacrificio"

Miguel Ángel Muñiz, a la derecha, acompaña a Manuel Morán en Valcabado.

Miguel Ángel Muñiz, a la derecha, acompaña a Manuel Morán en Valcabado.félix garcía

Ana Gaitero
León

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Miguel Ángel Muñiz Maurín ha sido distinguido con el título de rabadán de la Fiesta del Pastor 2026. Pastor de llanuras y rebaños de leche, empezó a guardar ovejas con 12 años con un ganadero en Saludes de Castroponce, al sur de León, y con apenas 17, la muerte prematura de su padre, le obligó a tirar del pequeño hatajo de 35 ovejas junto con su madre. Con el tiempo y los avances de las ordeñadoras logró reunir hasta 1.600 borregas.

Muñiz destaca que diferencia de la ganadería extensiva trashumante, la vida en la producción láctea ha estado marcada por una disciplina inquebrantable. «Nuestro pastoreo era salir muy temprano: ordeñar a las 5 de la mañana, sacar las ovejas al campo hasta el mediodía, apartar el ganado y volver a ordeñar a las 5 de la tarde», recuerda.

Antes de la llegada de la mecanización llegó a ordeñar a mano más de 200 ovejas diarias junto a su mujer y a su madre —que a sus 92 años sigue acompañándole con una lucidez envidiable—. Las jornadas requerían un esfuerzo familiar inmenso. Recuerda que sus hijos dormían de pequeños entre sacos de pienso durante los turnos de trabajo. Ahora está orgulloso de que piloten su propia empresa aunque no sea un rebaño.

Una hernia le obligó a jubilarse a los 64 años para operarse, pero separarse de las ovejas casi le cuesta una depresión: «Entraba en la nave, no veía las ovejas y me subía por las paredes. Estuve muy mal». Su pasión era tal que no dudó en emplearse como pastor para otros ganaderos de la zona con tal de mantener el contacto diario con el ganado. A día de hoy, con 68 años, asegura que necesita ver ovejas a diario y sentencia: «Si volviera a nacer, volvería a ser pastor de nuevo».

A los 68 años y ya jubilado su pasión por el oficio no ha menguado: «Todos los días tengo que ver ovejas», reconoce este hombre cuya trayectoria vital es un ejemplo de superación a fuerza de madrugones y perseverancia.

Lejos de la visión pesimista sobre el futuro del campo, Miguel Ángel defiende que la ganadería actual ofrece una gran rentabilidad gracias a la cotización de la leche, los corderos y las ayudas de incorporación a la actividad. «Si a mí me hubieran dado para empezar el dinero y las subvenciones que dan ahora, imagínate lo que habría hecho», reflexiona. A su juicio, falta compromiso y vocación en las nuevas generaciones.

Miguel Ángel anima a arrimarse al oficio. «Un joven que tenga dudas tiene que juntarse a alguien que sepa y rodar con él en el campo», dice lanzando un alegato contra enseñanzas teóricas del pastoreo. «El oficio da dinero, pero la gente ya no quiere este sacrificio».

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