Nace una nueva burra, un pequeño milagro para Gordoncillo
La llegada por sorpresa de Soli 26 devuelve la esperanza para la raza zamorano-leonesa

Durante más de treinta años, Urbano Seco ha convivido con burros zamorano-leoneses por pura afición. Los conoce, los cuida y acude a verlos prácticamente todos los días. Pero el pasado día 26 se encontró con una escena que no esperaba. Entre sus animales había aparecido una nueva burrina.
«Al principio, cuando la vi con esas patas tan largas, pensé que era un ciervo», cuenta el alcalde de Gordoncillo, todavía sorprendido por un nacimiento que se produjo sin que siquiera supiera que una de sus hembras estaba preñada. La pequeña, bautizada como Soli 26, es hija de Olina, una hembra de cuatro años, y de Farruquito, un joven ejemplar de tres años. Un nacimiento inesperado que ha revolucionado el pueblo y que tiene, además, un valor especial para una raza catalogada en peligro de extinción desde 1987.
Urbano conserva actualmente cuatro ejemplares. Junto a la recién llegada están Olina, su madre, Castaña, de 18 años, y Farruquito. En tres décadas ha asistido a otros cinco nacimientos, aunque todos fueron machos. Esta vez, sin embargo, la intención es que Soli 26 se quede en Gordoncillo. «Los machos dan mucha guerra, molestan todo el tiempo a las hembras y se comen toda la madera que tienen a su alcance», explica entre risas.
La sorpresa tiene todavía más importancia porque la reproducción natural de esta raza resulta complicada, especialmente cuando los ejemplares disponibles tienen vínculos familiares. «Las madres no dejan a sus hijas que las cubran», explica Urbano Seco. La conservación de la raza depende actualmente en buena medida de técnicas de reproducción asistida y de un reducido grupo de criadores que mantienen sus animales.
En Tierra de Campos, donde el burro formó parte durante generaciones del paisaje y de las labores del campo, la estampa se ha convertido en una rareza. En la comarca apenas quedan ejemplares. Uno de los pocos criadores que mantiene animales adscritos a la Asociación Nacional de Criadores de la Raza Asnal Zamorano-Leonesa (Aszal) se encuentra en Matadeón de los Oteros, donde conserva alrededor de media docena.
De gran utilidad
La desaparición de los animales está ligada al cambio del campo. Los burros dejaron de ser necesarios para las tareas agrícolas y, poco a poco, fueron desapareciendo de las explotaciones. Pero Urbano considera que pueden tener hoy otra función. «Son un aliado perfecto contra los incendios», asegura.
Su capacidad para alimentarse de matorral y vegetación puede ayudar a mantener limpias las fincas y las zonas próximas a los pueblos, precisamente aquellas que han quedado más abandonadas con la desaparición de los rebaños de ovejas. «Cuando alguien en el pueblo tiene una finca un poco abandonada, metemos a los burros y la dejan perfectamente limpia en muy poco tiempo», explica.
La raza zamorano-leonesa cuenta actualmente con unos 1.450 ejemplares en Castilla y León, de los que alrededor de 103 se encuentran en la provincia de León. Cada nuevo nacimiento supone, por tanto, algo más que la llegada de un animal. En Gordoncillo, Soli 26 se ha convertido en una pequeña esperanza para que una raza ligada al campo leonés no termine desapareciendo.

Un pequeño milagro para Gordoncillo

Un pequeño milagro para Gordoncillo

Un pequeño milagro para Gordoncillo

Un pequeño milagro para Gordoncillo

Un pequeño milagro para Gordoncillo

Un pequeño milagro para Gordoncillo

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Un pequeño milagro para Gordoncillo

Un pequeño milagro para Gordoncillo

Un pequeño milagro para Gordoncillo

Un pequeño milagro para Gordoncillo
