El girasol gana terreno el campo leonés al aumentar un 73% su superficie de cultivo
La provincia lidera el crecimiento en toda Castilla y León, que cuenta con 417.862 hectáreas

Un campo de girasol en la provincia leonesa, donde está ganando superficie.
El girasol gana protagonismo en el campo de Castilla y León en general y en el de León en particular y se consolida como una alternativa cada vez más atractiva para los agricultores, especialmente en las explotaciones de secano. Sus menores costes de producción, la evolución de los precios de la pipa y las ventajas que ofrece dentro de las rotaciones agrícolas han impulsado una expansión que alcanza a las nueve provincias de la Comunidad. Sin embargo, el importante incremento de superficie registrado en 2026 contrasta con una campaña marcada por las elevadas temperaturas estivales, que han condicionado los rendimientos y las expectativas de cosecha.
El mayor crecimiento porcentual corresponde a León donde la superficie aumenta un 73,3%, desde las 12.827 hasta las 22.232 hectáreas.
Los datos provisionales de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental correspondiente a julio de 2026 sitúan la superficie dedicada al girasol en 417.862 hectáreas, frente a las 298.014 contabilizadas en 2025. La diferencia supone un incremento de 119.848 hectáreas equivalente al 40,2%, que evidencia el creciente interés por una oleaginosa que está ganando terreno frente a cultivos tradicionales como el trigo y la cebada.
Joaquín Ortiz, miembro del Servicio Agronómico y de Cultivos de Acor, explica que el girasol ha adquirido un papel cada vez más relevante en la planificación de las explotaciones agrícolas. «El agricultor cada vez tiene más en cuenta este cultivo dentro de su rotación, sobre todo en secano», señaló, al tiempo que destaca que sus menores necesidades de insumos y la relativa estabilidad de los precios durante los últimos años favorecen su incorporación. En este sentido, reconoció que el actual contexto económico y una climatología cada vez más irregular están impulsando el aumento de superficie en detrimento de los cereales, especialmente en los secanos. Una tendencia que podría repetirse en 2027, aunque considera que todavía «es pronto para confirmarlo».
La expansión del girasol se extiende por las nueve provincias de Castilla y León, aunque con importantes diferencias territoriales. Burgos mantiene su liderazgo con 93.715 hectáreas en 2026 , frente a las 67.385 del año anterior, lo que supone un incremento del 39,1%. Por detrás se sitúa Palencia, que pasa de 46.167 a 65.354 hectáreas, con un aumento del 41,6%, seguida de Valladolid, donde la superficie alcanza las 60.781 hectáreas frente a las 46.120 de 2025, un 31,8% más. Entre las tres provincias concentran más de la mitad de la superficie autonómica dedicada a este cultivo.
Soria también registra un avance significativo, al pasar de 35.299 a 55.655 hectáreas, un 57,7% más. El incremento se reproduce en Segovia, que alcanza las 41.598 hectáreas frente a las 30.991 del ejercicio anterior; Zamora, que pasa de 32.020 a 40.430; Salamanca, con 29.904 frente a 21.352, y Ávila, que aumenta desde las 5.853 hasta las 8.193 hectáreas.
El calor frena las expectativas
Pese al importante incremento de las hectáreas sembradas, la campaña de 2026 está condicionada por las temperaturas extremas del verano. Ortiz explica que, aunque la recolección continúa y todavía no se dispone de resultados definitivos se observan diferencias importantes entre las parcelas sembradas en distintas fechas. «En principio se observa una diferencia bastante marcada de rendimientos entre las siembras tempranas y las tardías, muy influenciada por las temperaturas estivales», señaló.
Según explicó, las parcelas sembrada a finales del mes de abril y principios de mayo están ofreciendo mejores resultados que aquellas implantadas a finales de mayo o durante el mes de junio. Los datos provisionales de julio contemplaban una cosecha de 513.249 toneladas en Castilla y León, frente a las 375.800 toneladas de 2025, lo que representaría un incremento del 36,6%.
Ortiz consideró que la tendencia general apunta a rendimientos inferiores a los registrados en campañas anteriores, aunque relativamente positivos si se tienen en cuenta las temperaturas extremas soportadas durante el verano. En este sentido, recordó que, aunque el cultivo del girasol presenta una importante capacidad de adaptación a la sequía, el agua continua siendo el principal factor limitante de su producción. «Que este cultivo se adapte a la sequía no quiere decir que tenga bajas necesidades hídricas, incluso cuando nos referimos al regadío», advirtió.