Diario de León
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León

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Siempre me llamó la atención la tradición histórica de maestros arquitectos y albañiles de Sahagún en una tierra donde el principal material de construcción es la tierra hecha adobe y tapial prensado. Claro que enseguida me van a reponer que también es una comarca donde el ladrillo bien cocido es material que tiene historia de construcción y que por lo tanto, de casta le viene al galgo. Ciertas son ambas cosas. Con el ejemplo que voy a poner doy otra prueba más sobre la tradición de muchos y buenos arquitectos y albañiles de Sahagún. El ejemplo es la obra que realizaron los maestros Francisco Fernández y Juan Jiménez, de Sahagún, en la iglesia de San Esteban en Santas Martas. Fue a finales del siglo XVIII, en concreto, el año 1773. Es otro dato más de la tradición a que aludo. La mejor prueba de la verdad de algo es probarlo con hechos o con testimonios fehacientes, cosa que en el caso concreto podemos hacer. La obra de los maestros de Sahagún en la iglesia de San Esteban en Santas Martas comienza así: Francisco Fernández y Juan Jiménez Díez, vecinos de esta villa de Sahagún, maestros de Albañilería, juntos y de mancomún, decimos que nos comprometemos a hacer una obra en la iglesia parroquial de Santas Martas bajo el precio y condiciones que aquí se expresan. Lo primero, se ha de desmontar el tejado de la capilla Mayor, aprovechando los materiales posibles. Se han de registrar las paredes de la capilla rompiendo los cuatro ángulos, hasta encontrar tierra firme para erigir los pilares. Los pilares se subirán hasta el arranque de los arcos y se abrirán dos ventanas de ladrillo al meridiano y al naciente. Se harán cuatro pechinas, levantando cuatro arcos para embutir la media naranja y después de los nudillos y soleras y cuadrales se armará el tejado a cuatro aguas. La media naranja será jarrada y lucida con pechinas, arcos y florón. Se ha de bajar el retablo y le pondremos donde mande el señor cura, de modo que pueda celebrar durante el tiempo que se haga la obra. Los datos indicados eran esencialmente los principales de la obra, naturalmente algo más detallados. Pero entre gente seria los contratos se hacen conforme a toda ley, estipulando precio, nombres, fianzas y otros detalles con toda precisión. Los Albañiles de Sahagún y el cura de Santas Martas eran gente seria y por eso puntualizan el compromiso. El cura se llamaba don José Serrano. El precio de la obra era de 4.000 reales. Los materiales, puestos a pie de obra, eran por cuenta de la iglesia e igualmente la cantidad necesaria para la manutención de los Maestros, Oficiales y peones. Cada una de las dos partes pone sus fiadores. El cura, don José Serrano, puso por fiadores a don Domingo Norezo, cura de Castrovega, a Tomás Gutiérrez y Manuel Vidanes. El Maestro Francisco Fernández, puso por fiadora a su mujer, Gertrudis de Luna, con los requisitos legales, por ser mujer. Y bien escrituradas todas las condiciones, todo firman el contrato ante el Escribano Jacinto Barreda, en Sahagún, a ocho de febrero de 1773. Firman también los testigos. La escritura hace alusión al retablo, diciendo que se ha de quitar de donde está y ponerlo en sitio donde se pueda decir misa durante la obra. Se refieren al retablo de San Esteban, sobre el que quiero insistir, aunque ya me ocupé de él cuando escribí en Filandón sobre el autor del retablo, Francisco Marcos, que fue quien lo hizo en 1619. Cuando esto escribo, el señor cura de Santas Martas me dice que ya está acabada la restauración y que el retablo ha quedado muy bien. Tendré que ir a verlo para así tener la doble satisfacción de volverlo a ver ya restaurado. Y para dar la enhorabuena a cuantos han hecho posible la obra de mejora. Desde aquí les doy a todos el parabién, pues el retablo de San Esteban de la iglesia de Santas Martas es obra de arte digna de ver y de conservar.

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