La suspicacia de un joven evita que ocho rumanos robaran en el bar de su familia en Cebrones del Río

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León

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Todo quedó en un susto. Pilar Gutiérrez, de 49 años, abrió las puertas del único bar de Cebrones del Río hacia las diez y media de la mañana del pasado jueves. Su hijo, de 22, se marchaba a cosechar maíz justo cuando aparcó delante del establecimiento un vehículo del que bajaron ocho personas de origen rumano, seis mujeres y dos hombres. Mientras el varón de mayor edad pedía varios cafés en la barra, las mujeres se acercaron a las botellas de licor y, cuando ella fue a atenderlas, se habían colado en la casa a través de la puerta que comunica con el bar, recuerda la dueña. «Sentí miedo -confiesa-, estaba sola, no era capaz a lograr que salieran de mi casa, eran muchos y se me sujetaban al cuerpo». En medio de la confusión, apareció su hijo que, en lugar de marchar a trabajar, sospechó que podían producirse problemas al observar que el conductor del vehículo se había situado con el motor en marcha junto a la puerta del bar, y regresó a la casa. Entre los dos familiares intentaron echar a los intrusos, «que sólo nos repetían el baño, el baño, cuando les agarrábamos y les chillábamos que allí no, que era propiedad privada», indica. La situación sólo se controló tras un estallido del hijo, que mide 1,90 metros y pesa 100 kilos. «Dio un golpe en el mostrador y les amenazó con cometer una locura si no se marchaban», explica Pilar Gutiérrez. Avisaron con el móvil a la Guardia Civil, y después de que los rumanos escaparan fueron detenidos cerca de la autovía, a escasos kilómetros del bar. Pilar no quiere ni imaginarse qué habría ocurrido si su hijo no hubiera regresado. Lo que tiene claro es que a partir de ahora no va a ser tan confiada. La Guardia Civil le explicó que algunos extranjeros están utilizando esa táctica para robar en pueblos con poca población. Van directos al bar o a la tienda, si existe.

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