RETABLO LEONÉS
Descubrir La Cabrera profunda
Como un milagro posible gracias a los ríos Eria y Cabrera, el ángulo suroeste de la provincia de León cuenta con 37 pueblos agrupados en cuatro municipios: Benuza, Castrillo de Cabrera, Encinedo y Truchas, formando los tres primer

Curiosa estampa de los años sesenta con el típico carro chillón en pleno uso en el pueblo de La Baña
Otros dos municipios, Castrocontrigo y Castrocalbón, comparten tierras cabreirenses, pero nuestro apunte no sale de la que consideramos Cabrera profunda, circunscrita a los cuatro señalados. Este rincón leonés, cuya historia, cultura y subsistencia, son altamente desconocidos por nuestros paisanos, que mantienen una idea de desarraigo, y quizá de insolidaridad, con las buenas gentes de La Cabrera. Parece ser que cuando su majestad, el rey Alfonso XIII viajó en el año 1922 a Las Hurdes, quedó desagradablemente sorprendido de la calidad de vida que soportaban los integrantes de aquella región extremeña, y vuelto a Madrid presionó al Gobierno para que se arbitrasen medidas encaminadas al desarrollo cultural y económico de aquella comunidad tercermundista. El resultado de las inquietudes reales se plasmó en la creación de un patronato de acción especial sobre las Hurdes. Con este motivo, la sociedad española de los años veinte, se sensibilizó sobremanera con los problemas de marginación que sufrían ciertas regiones españolas, entre las que se encontraba en primera línea la que nos ocupa, por lo que también La Cabrera gozó del beneficio de una Comisión legitimada en La Gaceta de Madrid allá por junio del año 1932, que con los avatares políticos de la Época, y el desastre nacional de la Guerra Civil, no pasó de ser una buena declaración de intenciones. Al hilo de la historia Pero La Cabrera también había tenido un pasado distinguido y lleno de contenido en el concierto social de los primeros asentamientos prerromanos, romanos y medievales. Los vestigios primitivos han sido profundamente estudiados por la doctora Inmaculada Aladro Majúa, quien lo manifiesta en su documentada obra La Cabrera: Tradición y Cultura, de la forma siguiente: «Las coronas que conocemos, Castrohinojo, Corporales y La Baña, muestran un gran cerco defensivo de fosos con entradas en ocasiones camufladas, signo indicativo de la belicosidad de sus pobladores. Fueron salvajemente arrastrados en las proximidades cronológicas de las Guerras Cántabras, implicando un traslado de población como consecuencia de la quema del poblado». En cuanto a los asentamientos romanos, la misma autora señala como principales los que corresponden a los castros de Nogar, Saceda, Castrillo de Cabrera, Truchas y Corporales, vinculados todos ellos a la época en que la fiebre del oro desplazó a un buen contingente de hombres del Imperio a dirigir los trabajos de extracción apoyados en una enorme masa de esclavos y las correspondientes legiones que aseguraban la llegada íntegra del precioso mineral a las arcas de Roma. Como en el resto de la provincia, o quizá con mayor intensidad, La Cabrera vivió plenamente las instituciones del Alto Medievo. La Iglesia, con el establecimiento monacal que caracterizó esta época, estuvo presente en toda la comarca, y la sonoridad de santos genuinamente leoneses, como Santo Martino o San Genadio, llenaron con sus ecos las fundaciones que aglutinaba el monasterio de San Pedro de Montes, conocidas con todo detalle a través de la numerosa documentación conservada, que recoge los privilegios, exenciones, y cartas de donación de este monasterio. También la nobleza tuvo su arraigo en esta zona y se conoce la existencia de un Conde de Cabrera, que administró estas tierras desde fechas posvisigóticas, con jurisdicción feudal sobre toda la región, dividida en tres señoríos denominados Cabrera, con su castillo en Truchas; Losada, en la zona de Nogar; y Ribera, con asiento en Castrillo de Cabrera. La Baja Edad Media y la Moderna, fueron testigo de la decadencia de esta vieja comarca, que quedó aislada de las vías convencionales. La antigua vía romana, que desde Castrocontrigo recorría La Cabrera hasta llegar a la desembocadura del río Sil, nos lleva hacia los pueblos de Morla, Villar del Monte, Quintanilla de Yuso, Truchas..., donde el viajero hace un alto para contrastar los vestigios romanos de este rancio poblado que debe su nombre a la presencia de los druidas prehistóricos, con el renovado caserío actual. Dos pueblos se han disputado tradicionalmente la hegemonía de La Cabrera Alta: Corporales, que es el único de ambas Cabreras que tiene rango de villa, y Truchas, capital del municipio. Tanto uno como otro hunden sus raíces en los primeros tiempos de la ocupación mesetaria. En Truchas, con abundantes restos que lo avalan, se puede contrastar el antiguo asentamiento de la población en el Alto del Salvador, al Noroeste del actual conjunto de la población, donde los restos evidentes de un antiquísimo castro delatan la presencia humana en épocas remotas. Un puente romano sobre el Eria, enfocado hacia las explotaciones auríferas del Teleno, y las ruinas de una fortaleza de tintes visigóticos elevada sobre un cerro en la confluencia de los ríos Truchillas y Eria, confirman la continuidad ininterrumpida del hombre en este pueblo. Corporales, el mayor núcleo poblado de la Alta Cabrera con 200 habitantes, conserva abundantes restos de tipo funerario así como numerosos útiles de bronce procedentes del castro romano. No hay que olvidar que en las proximidades de este pueblo se encuentran algunos de los canales que conducían el agua a las impresionantes explotaciones de Las Médulas. Es una pena que sólo este municipio de Truchas haya perdido en los últimos cincuenta años 2.128 habitantes de los 2.848 que mantenía en los años cincuenta.