Diario de León

Un complicado proceso sometido a duros controles medioambientales

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

En la planta que posee Rebisa en Cabreros del Río trabajan actualmente 23 empleados y está previsto que se incorporen a la plantilla de la empresa tres más, que se harán cargo de dos camiones que se unirán a la flota de 13 vehículos que posee la empresa en la actualidad. Después de recoger los animales muertos que se especifican en cada hoja de ruta de los camiones de Rebisa, éstos son trasladados a la planta donde pasan a un triturador, salvo las vacas y las ovejas, a los que previamente se les realiza el test priónico pertinente para detectar si padecen el mal de las vacas locas. Una vez triturados, los restos de los animales pasan a un digestor donde se les somete a una elevada temperatura para incinerarlos. De este proceso se obtiene por un lado la grasa y el compostaje. Este último subproducto se pasa a un depósito para trasladarlo posteriormente a una cementera de Córdoba. Las partículas restantes se canalizan hasta un termodestructor que las destruye absorbiendo los olores para evitar todo tipo de emisiones perjudiciales al medio ambiente. La actividad de Rebisa es controlada a diario por varios veterinarios de la Junta que se ocupan de supervisar que no se produzcan vertidos ni emisiones a la atmósfera durante el proceso, así como de efectuar los test priónicos para detectar la encefalopatía. Para Santos Vega estos controles legitiman a diario la labor que realiza Rebisa y descalifican que cuestionan su actividad. «Cumplimos el convenio con la Diputación al pie de la letra, lo mismo que las normativas medioambientales», concluye el gerente.

tracking