| Las calles | Gabriel Franco |
Memoria de políticos y peregrinos
La pasarela histórica y costumbrista que vamos recorriendo al pasear por las calles astorganas, se ve enriquecida en múltiples ocasiones por los sensacionales vestigios heredados de los primitivos fundadores y pobladores romanos. Los orígenes espirituales y sentimentales de la ciudad surgen a cada paso dentro del casco urbano, sacando a la luz una serie de elementos escultóricos y decorativos que son expresión plástica del poder triunfal del imperio. Es lo que ocurre con la calle que lleva el nombre de Gabriel Franco, en homenaje al destacado político local que fuera ministro de Hacienda en tiempos de la malograda República. Comenzaremos, como siempre, ubicando la vía en la madeja urbana de Astorga, y así localizamos su punto de partida en la calle que recuerda a Manuel Gullón. A partir de aquí discurre una arteria estrecha y amparada por mínimas aceras, dibujada en sentido descendente y un tanto curvo. Los bonitos y medianos edificios presentan un aspecto limpio y repintado, poniendo el mejor telón de fondo a una calle que antes llevó en su rótulo una denominación de ecos tan belicistas como General Mola. Un letrero con el título de «Rúa antigua» informa al visitante de que todo este entorno fue antaño paso habitual de peregrinos, reafirmando su patina de calle con enorme colorido y varias veces centenaria. Aquellos esforzados caminantes de antaño, pertrechados de bordón y calabaza, llegaban a nuestra ciudad con la vista puesta en la lejana y mítica Compostela. Porque al término del heroico trayecto aguardaba el sepulcro del Apóstol Santiago, poniendo el broche final a la que se convertiría, después de un laborioso proceso de siglos, en la ruta más devocional y militante de la vieja Europa. Nuestra calle protagonista finaliza en la plaza de San Julián, a la sombra del emblemático santuario de Fátima. Una vetusta iglesia que funcionó como parroquia hasta el año 1892, cuando se la agregaría a la de San Bartolomé. A mediados del pasado siglo y a causa de la decisiva intervención del recordado obispo Mérida, la iglesia sería reformada y abierta de nuevo al culto, confirmándose como uno de los eternos referentes religiosos del pueblo maragato. Sin embargo, a pesar de toda su raigambre popular, no es el edificio o vestigio con mayor antigüedad que presenta la calle. Porque aquí se ubica la Aedes Augusti, un templo levantado en honor del emperador Augusto y que era utilizado, igualmente, para las reuniones del senado de la ciudad y de la curia conventual. Culto imperial Rebobinando la moviola de la historia muchos siglos atrás, nos encontramos con una tensa coyuntura. Ante la denodada y casi salvaje resistencia planteada por los primitivos pobladores de este solar, que han pasado a la historia con el nombre de «guerras cántabras», el propio emperador Augusto se vio forzado a desplazarse a la península para contribuir al esfuerzo militar romano. Fue por entonces cuando se fundó la ciudad de Astorga, heredera en el tiempo de aquella fabulosa civilización. Resulta lógico, por tanto, que se erigiera un templo en honor a Augusto, escenario habitual para el sacrificio de animales, especialmente pequeñas aves, y con gran peso social en el devenir cotidiano de la Astorga del pasado. Los sucesivos trabajos arqueológicos efectuados en la Aedes Augusti han demostrado que se trata de una construcción realizada a mediados del siglo I, anexa a uno de los pórticos del foro y bajo cuyo subsuelo discurría una cloaca abovedada. Siguiendo los estudios realizados por el investigador y buen amigo Joaquín Alonso, la Aedes Augusti constaba, por lo que se conoce hasta la fecha, de una sala con cabecera semicircular pavimentada con placas de mármol a diferentes colores y diseños geométricos. La construcción se realizó a base de un opus caementicium con técnica de encofrado, consagrándose como decimos al culto imperial. En cuanto a su ubicación, todos los indicios apuntan a que estaba integrada en el pórtico monumental coincidente con el lado oeste del foro, que se extendía en gran parte hasta la actual plaza del Ayuntamiento. Pues bien, la vía está dedicada al relevante político astorgano don Gabriel Franco, uno de los personajes con mayor peso en el sistema republicano que finalizaría abruptamente con la sublevación franquista de 1936. La próxima semana les contaremos algunos de los datos biográficos de quien dejara una profunda huella en el devenir histórico de la capital maragata.