CRÉMER CONTRA CRÉMER
Las sagradas familias
PARECE ser que la cosa está clara: El fundamento de la Sociedad es la Familia. Consiga usted una familia prudente, consciente, trabajadora y de derechas y habrá contribuido eficazmente a la organización equilibrada y sanísima de la comunidad a la que pertenece. Hubo épocas hispánicas en las cuales la defensa de la sacrosanta institución de la familia constituía el principal encargo de la Sociedad a sus representantes municipales, provinciales o autonómicos. Si un hijo se desviaba de las normas morales establecidas y en vez de estudiar a fondo para empresariales se entregaba al ejercicio de asaltar las huertas de los capuchinos o del cornetero en el paseo del Túnel; si esto le caía a una familia de bien, honrada y seria, el evento se tenía como la gran desgracia. Y cuando en el mercado de los sábados en la Plaza Mayor se encontraba la madre de la criatura con alguna de las vecinas más cercanas, ésta le decía: «Qué pena lo de tu chico». Y la pobre madrecita del chico de la lástima, con la mirada perdida en las losetas del pavimento, aceptaba su situación con la paciencia y resignación cristiana con que el santo Job soportara sus tremendas pruebas: «¡Qué le vamos a hacer, señora Cayetana!, Dios me le dio, sin duda para prueba de mi santa paciencia». Al final, el pobre chico acababa de carpintero o se marchaba a Bilbao, y si de chica se trataba, podía vérsela por la calle Jardines en Madrid «haciendo la carrera». Era los tiempos en los cuales los distintos miembros de una familia formaban un conjunto homogéneo y regularmente sometido a unas reglas. En cambio ahora no es que pensemos que cualquiera tiempo pasado fuera mejor, sino que hace cincuenta años, sin ir más lejos, los chicos y las chicas se conducían de otra manera y las familias ya no son lo que eran. Estos días post-electorales, la prensa nuestra de cada día ha reconocido unos sucesos que ponen de manifiesto, con absoluta claridad, lo que es la familia actual y a lo que va la sociedad futura de esta tierra que nos ha visto nacer y crecer si no conseguimos dominar la epidemia de familias vulneradas que se está dando: en Valladolid, que ya ven ustedes que es la capital de la Gran Autonomía de Castilla y León y Zamora, la policía consiguió detener a una familia numerosa, compuesta de cuatro hermanos, un padre y muy señor mío y una madre que no queda atrás, pues en Pucela, la policía detuvo al copioso clan por que se le atribuyen once atracos con arma. Fueron detenidos cuando todos juntos en unión, como los requetés, se disponían a atracar una oficina bancaria... Y en Ceuta, que también es de España con permiso del moro, una familia se encontró al regreso de un paseo por las calles de una ciudad con que al ir a ocupar «su casa» con que estaba plenamente invadida por un núcleo familiar compuesto por una señora mayor, otra señora menos mayor y una niña. Y lo estrafalario del caso no fue que el pacífico matrimonio se encontrara con su hogar ocupado por unos señores desconocidos, lo verdaderamente asombroso es que cuando acudió al propietario a denunciar la ocupación ilegal de su vivienda, el magistrado o la ley o la leche en vinagre decidió que hasta que el señor juez no dictara sentencia y diera la orden de desalojo, los nuevos inquilinos seguirán ocupando la vivienda y los antiguos y verdaderos dueños se verán obligados a pernoctar en una pensión. Y es que, señoras y señores que tengan hijos, hoy como en los tiempos heroicos del progresismo, «la familia es un estorbo».