Las Salas | Los técnicos creen que el accidente fue «una desafortunada desgracia», pero indican que el Esla no es peligrosoPosada de Valdeón
La federación desaconseja el tramo donde murieron los dos piragüistas
Los expertos en aguas tranquilas y bravas divergen a la hora de calificar el lugar como de riesgo.
Los expertos en piragüismo no se ponen de acuerdo a la hora de calificar como peligroso el salto del Molino en el río Esla donde fallecieron el jueves pasado dos novios que practicaban piragüismo. La diferencia la marca la especialidad de cada uno de ellos, si son de aguas tranquilas o de aguas bravas. En el primer caso, al que pertenecen el delegado de la Federación Provincial de Piragüismo de León -y miembro del club de La Bañeza-, Joaquín González, y el director de la Escuela de Arriondas, Ricardo Soto, los dos afirman que no recomiendan los tramos cercanos a los desembalses de los pantanos. El delegado provincial de Piragüismo confirmó que su federación no recomienda la práctica de ese deporte en esos lugares: «Un río con agua alta es muy peligroso si no se es un experto. Lo más lógico es preguntar por las circunstancias del cauce, qué caudal lleva y los lugares difíciles. En el caso de que haya que sobrepasar uno de ellos, lo mejor es portear la canoa o piragua por la orilla y evitarlo». Según él, los miembros del Club de Piragüismo de La Bañeza al que pertenece evitan esas zonas. También es debido a que son expertos en aguas tranquilas. Por su parte, el director de la escuela asturiana indica que «en esos lugares hay que llevar material adecuado, como casco, chaleco salvavidas e ir en grupos al menos de tres personas y con cuerdas para solventar posibles problemas». «En ese lugar, que lo conozco, es posible que hubiera tanto caudal que cambiara las condiciones del río, que es muy distinta depende de cuánto caiga. Los cauces se califican de primer a sexto grado, significando el primero agua tranquila y el último infranqueable; pues bien, cerca de los desembalses de los pantanos se sale de calificación». Zona de competición sin peligro Sin embargo, para los técnicos más expertos en aguas bravas, la zona no es tan peligrosa como para considerarla mortal. El cauce del Esla ha sido durante más de veinte años el recorrido del descenso internacional del río, que se hace incluso con material de aguas tranquilas. El río se califica como de grado segundo, cuando las aguas bravas se inician en el tercero. Para ellos el accidente ha sido una gran desgracia, pero fortuita, que podía haber ocurrido en cualquier otro deporte de riesgo. Por último, las federaciones de piragüismo provincial y autonómica lamentaron ayer «profundamente» la desgracia ocurrida el jueves. Las dos personas que murieron en el desgraciado accidente del jueves pasado en El Salto del Molino eran muy conocidas en León y Sahagún. Ana Isabel Vega Vega, de 35 años, era profesora del colegio de primaria Fray Bernardino de Sahagún, cuyos docentes y alumnos se sumaron ayer al luto de su familia. El funeral por ella se oficiará hoy a las once de la mañana en la iglesia de San Francisco de la Vega y después su cuerpo será inhumado en el cementerio de León. José Manuel Escarda Fernández, de 31 años, era uno de los socorristas de las instalaciones del Hispánico de León desde el mes de junio y ya había trabajado en anteriores ocasiones para el Ayuntamiento de León como monitor deportivo. Era natural del pueblo zamorano de Villanueva del Campo, donde será enterrado esta tarde. La noticia del terrible accidente conmocionó ayer a los compañeros del complejo deportivo, que definieron a José Manuel Escarda como una persona muy alegre y con mucha fuerza y responsabilidad, por lo que muchos no creían que hubiera muerto en un río. La última vez que le vieron fue el mismo jueves, cuando una vez terminado su turno a las tres de la tarde le vino a buscar su novia para practicar el piragüismo. Los dos llevaban la equipación adecuada para hacer prácticas de aguas bravas, según indicaron el mismo jueves los miembros del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (Greim) de Sabero que recuperaron sus cuerpos. Perfectamente equipados Llevaban chalecos salvavidas, cascos y «buen material». Además iban acompañados por al menos otro piragüista que hizo todo lo posible para intentar salvarlos, e incluso los primeros agentes que llegaron tuvieron que evitar sujetándole que se tirara al remolino para intentar salvarlos en último extremo. Una vez cerradas las compuertas del pantano de Riaño -ya que el caudal no permitía el rescate sin que peligrasen más vidas humanas, el cuerpo de Escarda se recuperó con facilidad, pero el de Isabel Vega tuvo que ser sacado con la ayuda del helicóptero del remolino que los atrapó.