Méizara
Fallece un vecino de Méizara tras sufrir la picadura de una avispa en el cuello
Un vecino de Méizara falleció el pasado sábado como consecuencia de la picadura de una avispa. Los hechos ocurrieron a las cuatro de la tarde, cuando Jesús Fernández Álvarez se encontraba jugando una partida de cartas en el bar Las Eras,

Bar que regentaba la víctima y en el que le picó la avispa
En ese momento recibió la picadura del insecto y alertó a sus compañeros de que era alérgico. La picadura se produjo en el cuello, según testigos presenciales. Esto provocó la hinchazón de la zona hasta el punto de ahogarlo por asfixia. Inmediatamente, los presentes en el bar le introdujeron en un vehículo y se lo llevaron camino de León. En el trayecto pararon en la farmacia de la localidad de Mozóndiga con la intención de comprar unas pastillas que sirvieran como antídoto, pero estaba cerrada. Siguieron camino hacia la capital leonesa, pero el paciente iba empeorando de forma alarmante. Falleció en el trayecto. Animador de los carnavales Jesús Fernández Álvarez, soltero de 38 años de edad, era muy conocido en el pueblo y en toda la zona al regentar el único bar de Méizara. La localidad se encontraba ayer conmocionada. El cadáver fue enterrado en un acto multitudinario, a las seis de la tarde. La misa funeral se celebró al aire libre, en las inmediaciones del propio bar. Jesús Fernández era una persona muy activa y apreciada en la localidad paramesa. Pertenecía a la asociación cultural San Juan de Méizara, una formación que organiza excursiones y multitud de actividades a lo largo del año entre las destacan la elaboración de carrozas para los carnavales con las que año tras año han logrado los primeros premios en los desfiles de León. La víctima no disponía de la vacuna o del fármaco contra las picaduras en el momento en que fue picado por una avispa, de forma accidental. Muchos vecinos de Soto de Valdeón saludaron ayer por la mañana al numeroso grupo que se disponía a realizar una travesía por el macizo occidental de Picos. Pocos se podían imaginar que acabaría en tragedia. Los montañeros del grupo Yordas se dividieron en la ascensión y, por eso, algunos, aún no conocían el fatal desenlace de su compañera cuando regresaron a Posada de Valdeón, sobre las tres de la tarde. El punto de información fue el autobús que les había trasladado. Algunos amigos de la víctima hacían autostop para regresar a León e interesarse por su estado, desconocedores de que ya nada se podía hacer por ella. Otros, los que disponían de móvil o emisora, ya conocían el trágico desenlace e iban llegando cabizbajos a Posada. «Son cosas que pasan en la montaña. No se pudo hacer nada por ella», era el amargo comentario de uno de los compañeros de viaje de la víctima.