| Las calles | Cortes Leonesas |
El primer experimento democrático

La calle Cortes Leonesas discurre entre La Cruz y la plaza Arquitecto Gaudí
Entre la rica variedad cromática y de estilos que atesora la ciudad, surge en ocasiones alguna vía o pasaje que si bien en el aspecto urbano poco aporta al conjunto astorgano, su rótulo cubre sobradamente estas carencias al recordarnos un pasaje tan fundamental en la historia común como son las Cortes Leonesas. Un experimento político con ciertos rasgos distintivos democráticos, o pre-democráticos para ser más exactos, cuya señera raigambre ha llegado hasta nuestros días. Como decimos, la calle Cortes Leonesas es poco más que un pasaje surgido desde la serpenteante calle de La Cruz y que finaliza en el entronque entre Señor Ovalle y la plaza que homenajea al genial Arquitecto Gaudí. Aunque no presenta portales de vecindad, aquí tiene sus oficinas el Servicio Municipal de Aguas. Viejas glorias Poco más se puede añadir sobre su escaso peso social en el entramado conjunto de Astorga, pero la pompa que desprende su placa callejera resulta de lo más gratificante para todos los aficionados a las viejas glorias y fastos del pasado. Aunque anteriormente el monarca Alfonso V, junto a su esposa doña Elvira, había convocado un famoso cónclave en el año 1020, donde se redactaron los llamados Fueros de León, si nos referimos a las Cortes Leonesas por antonomasia hay que viajar con la imaginación hasta el trascendental año de 1188. Detentaba la corona el joven don Alfonso IX, quien convocaría una curia regia extraordinaria a la que asistieron, por vez primera en la historia europea, los representantes de una nueva clase social: la de los burgueses. En el bello claustro de San Isidoro y bajo la presidencia del monarca, se reunieron el arzobispo, los obispos, los magnates de la corte y los vecinos elegidos por cada ciudad: «cum electis civibus ex singulis civitatibus». Además de tratar temas habituales como la discusión a propósito de los recursos con que atender a los crecientes gastos del Estado, se concedió a la emergente clase burguesa la novedosa potestad de tomar determinadas decisiones políticas que limitaron, de alguna manera, el desmesurado poder del trono. En palabras del sacerdote e historiador don Filemón de la Cuesta, gran experto en el tema, Alfonso IX se propuso con las Cortes de 1188 la mejora de la administración de justicia cortando los atropellos y abusos nobiliarios, al tiempo que se implantaban determinadas medidas pensadas para garantizar la seguridad personal y las propiedades individuales. Declaración de derechos Conjuntamente se establecieron una serie de leyes y normas de conducta que suponían las más altas cotas en materia legislativa y penal alcanzadas hasta la fecha, una auténtica «declaración de derechos» para los ciudadanos leoneses de la época. Por poner un ejemplo, el rey se comprometía a no proceder contra nadie en virtud de las delaciones recibidas. Quedaban prohibidos, desde entonces, los «chivatos» en el viejo reino de León. Asimismo se restringía toda perturbación de la paz pública, que sería castigada con severas penas. Juró también el rey que no declararía la guerra ni concertaría paces con el enemigo sin el consejo de magnates, obispos y hombres buenos o representantes de los Concejos. Los procedimientos judiciales fueron reglamentados para evitar abusos e injusticias. Y los nobles que no se sometieran al fallo de la justicia real perderían la «caloña» de 500 sueldos aneja a su condición nobiliaria, algo equivalente a privarles de ella. Defensa de su honor El domicilio particular resultaba inviolable hasta el punto de no considerar homicida al que matase a alguien en defensa de su honor y de su casa. Y en fin, a la conclusión de la extraordinaria curia de 1188, todos los asistentes, obispos, magnates, caballeros y burgueses, juraron al monarca que le aconsejarían fielmente a fin de asegurar la justicia y la paz en todo el reino. A modo de resumen sobre lo que significaron las míticas Cortes Leonesas del siglo XII, podría decirse que acababa de aparecer, por primera vez en Europa, el noble principio de la representación por clases y la participación activa del pueblo llano en los asuntos de gobierno. Éste es un fenómeno que se iría repitiendo posteriormente en toda Europa, pero que el reino de León tuvo el privilegio de encabezar. Por todo ello, bien justificado está el rótulo de nuestra calle protagonista de hoy.