El diputado malagueño de la ciudad
El político liberal, que obtenía el escaño en las Cortes por la jurisdicción de La Bañeza, dotó a la ciudad de estación telegráfica y del puente de la carretera de Veguellina
La Bañeza que exhibe con orgullo su pasado en un mosaico donde se mezclan con total armonía la historia y el devenir cotidiano, se enriquece de modernidad en esta atractiva plaza que homenajea al político andaluz Romero Robledo. Un gratificante y vistoso enclave, significado por el color verde que impera en el lugar y la hilera de edificios que rodean y amparan un rincón idóneo para el ocio y el descanso. Bien equipada con bancos, árboles y el inevitable aparcamiento de vehículos que resulta una concesión obligada de nuestra acelerada sociedad, en la plaza se halla la oficina comarcal del sindicato Asaja. En cuanto a su localización en el callejero, dos son las calles que tienen entrada en la plaza de Romero Robledo: las de Constitución y Juan Carlos I Rey. La relación entre don Francisco Romero Robledo y La Bañeza viene de antiguo, pues ya en 1907 la calle o plaza de los Bueyes fue bautizada con los apellidos de tan relevante hombre público, quien llegaría a ser diputado a Cortes, ministro de Gobernación con el monarca Alfonso XII y otros cargos de suma importancia en el organigrama del Estado. Nacido el año 1838 en la localidad malagueña de Antequera, este político de ideología liberal siempre estuvo estrechamente ligado a nuestra ciudad al presentarse habitualmente a las elecciones por la jurisdicción de La Bañeza. Un trato de favor Siempre salió elegido diputado por abrumadora mayoría y, en justa correspondencia, favoreció a La Bañeza con un trato especial de influencia y cariño, traducido en las importantes obras públicas que se llevaron a cabo durante el último tercio del siglo XIX. En el mes de mayo de 1875, y siendo alcalde don Antonio Fernández Franco, se otorgó a don Francisco Romero Robledo el título de Hijo Adoptivo de la ciudad, debido principalmente a que se estaba rematando por entonces el edificio que acogería la Estación de Telégrafos, una obra impulsada desde Madrid por el siempre laborioso don Francisco. Por ello el primer teniente de alcalde, don Faustino García Vizán, presentó una proposición al pleno municipal encaminada a galardonar al político andaluz con el reconocimiento como Hijo Adoptivo de La Bañeza. Un hombre calificado en la solicitud como «varón ilustre, insigne orador parlamentario, intelectual y culto y eminente hombre público, Diputado a Cortes en tantas legislaturas, al que honró este distrito con su representación, al Ministro que fue de Fomento, y al fin, actual Consejero del Rey como Ministro de Gobernación». La solicitud redactada por el munícipe García Vizán incluía una relación de los muchos beneficios otorgados por don Francisco a la antigua villa: «A fin de dar público testimonio de singular aprecio y distinguida consideración, que así a este Ayuntamiento como al vecindario merece la estimada persona del Excmo. Sr. Don Francisco Romero y Robledo; y considerando que a él se debe la protección en todos conceptos dispensada a este pueblo, ya gestionando eficazmente cerca del Ministerio de Fomento la rapidez en las obras del Puente de la carretera de Veguellina, de suma importancia para el país, ya accediendo a la pretensión de este cuerpo en la concesión de recibir el correo directo desde el último puesto, con una ventaja de cuatro horas; y ya en fin que a él se debe también la instalación de la Estación Telegráfica». El primer telegrama Tomado por unanimidad el acuerdo de nombrarle Hijo Adoptivo, quedaron reflejados en el acta municipal los siguientes acuerdos: «Que esta resolución se imprima en letras de oro y papel dignos de tan elevado personaje para entregárselo; habiendo acordado también que en el primer telegrama que pueda hacerse en esta Estación, se le salude cariñosamente por el alcalde, a quien se le encargó por el mismo medio, darle las gracias y participarle esta resolución». Don Francisco falleció el de marzo de 1906 y poco más tarde, el 23 de marzo de 1907, la calle del Barrio de Bueyes fue rotulada con su nombre. El año siguiente, coincidiendo con las fiestas de agosto de 1908, fue descubierta la lápida correspondiente en un brillante acto donde, como resulta habitual en nuestras tierras, no faltaron los fuegos artificiales y las alegres músicas callejeras. Llegado 1937 y los tristes avatares de la Guerra Civil, su nombre desapareció temporalmente del nomenclátor para ser sustituido por el de José Antonio.