Llega el ejército de Napoleón

La resistencia de los astorganos durante la Guerra de la Independencia contra las tropas francesas elevó a la ciudad a la categoría de mártir y supuso una gran epopeya

Publicado por
Javier Tomé - astorga
León

Creado:

Actualizado:

En la entrega anterior recorrimos, de la mano con nuestros lectores habituales, esta mediana calle que extiende su trayecto entre las plazas de Modesto Lafuente y Calvo Sotelo, en recuerdo al político derechista asesinado en vísperas de la Guerra Civil. Nuestra vía también lleva en su rótulo el explícito homenaje a un político, en este caso local y distinguido por sus rasgos de fervoroso heroísmo durante la Guerra de la Independencia que asoló el solar maragato. En la primavera del año 2001, y con motivo de las canalizaciones subterráneas llevadas a cabo por un par de empresas, aparecieron a la altura del número 2 correspondiente a la calle Corregidor Costilla, justo en su confluencia con Santiago Crespo, una cloaca de aguas residuales y un muro romanos, datados entre los siglos I y II d.C. El colector cuenta con 57 centímetros de anchura y una cubierta adintelada, mientras que el muro presenta 1,75 metros y está construido con gruesos sillares de granito. Ambos hallazgos se ocultaron con una capa de arena, a la espera de recrear en el futuro todo el entramado urbano de la vieja ciudad romana. En la mano contraria, ocupando el número 7, se halla la Casita de San José, un albergue dependiente de Cáritas Diocesana que abrió sus puertas a finales de los años ochenta. Se trata de un hogar que acoge a todos los desarraigados que llegan a Astorga sin comida ni techo bajo el que cobijarse, y que durante los últimos tiempos ha notado un importante aumento en el número de extranjeros que piden hospedaje en este lugar caracterizado por un espíritu solidario marcado con letras de oro. Pues bien, una vez repasada la moderna y atractiva estampa que presenta la calle en nuestros días, vamos ya con el titular del rótulo, el afamado Corregidor Costilla. Lápida conmemorativa Poco antes del brillante Centenario de los Sitios celebrado en el año 1910, concretamente a finales del mes de marzo de 1909, el Ayuntamiento local acordaba «colocar una lápida conmemorativa a la casa donde nació el Corregidor Costilla, y dar a la calle o plaza en que la casa está situada el nombre del insigne patriota astorgano». La figura histórica del político refulge en todo su esplendor a partir de la decisión tomada por el belicoso Napoleón Bonaparte de invadir y conquistar el territorio español, lo que originaría la sangrienta y épica Guerra de la Independencia. El pueblo astorgano se amotinó el 2 de mayo de 1808 en defensa de los derechos de su rey legítimo Fernando VII, decidido a enfrentarse con las armas a los invasores galos que trataban de humillar y someter a la nación hispana. A pesar de la grandeza de sus gestas y el valor de su desesperado heroísmo, la superioridad militar de las tropas bonapartistas resultaba tan abismal que el 31 de diciembre de 1808 entraban en Astorga, persiguiendo al ejército inglés que se retiraba en busca de refugio a las costas gallegas. Los galos permanecieron en la capital maragata hasta el verano de 1809, aunque durante todo este tiempo eran frecuentes las escaramuzas y asaltos nocturnos que iban minando la moral de los invasores. Así lo refleja la siguiente poesía alusiva: Los astorganos, astutos y fieros, unos tras otros, les iban dando muerte y arrojándolos al pozo. Las vetustas murallas La ausencia de los arrogantes franceses no se prolongaría, desgraciadamente, por demasiado tiempo, pues a mediados de marzo de 1810 ya se encontraban de nuevo ante las vetustas murallas de la ciudad, dispuestos a establecer un sitio que inmortalizaría el nombre de Astorga, elevándolo a la misma categoría gloriosa de ciudades-mártires como Zaragoza, Gerona o Ciudad Rodrigo. La noble e industriosa ciudad de nuestros antepasados se armó hasta los dientes, preparada para protagonizar una epopeya que mereció este comentario de un escritor contemporáneo: «Astorga grande, heroica y noble, merece la ardiente gratitud de la Patria y la entusiasta admiración de todos los hidalgos hijos de la bendita tierra de León». Y a la espera del asalto final, en el mes de abril de 1810 se celebró una sesión en el Consistorio donde el Corregidor Costilla dijo su famosa frase: «Antes que rendir la plaza, muramos como numantinos».

Cargando contenidos...