Modista
«No hay mujer fea, sino mal arreglada»
Vive entre chaquetas, pantalones y camisas desde que comenzó en el oficio empujada por las circunstancias
Es modista desde hace muchos años. Y es que lo suyo, además de trabajo, es una gran pasión. -¿Qué le llevó a dedicarse a ello? -En cierto modo porque me gustaba, pero también por las circunstancias de la vida. Por aquel entonces, en los años cincuenta, o estudiabas secretariado o corte y confección. Yo me decidí por lo segundo y así llevo hasta ahora. -¿Sigue la gente acudiendo a las modistas? -Hoy en día menos que antes. Ahora tiran a comprar la ropa ya hecha, pensando que puede resultarle más barata. Y no es así. Incluso vienen luego a nosotras para que se la arreglemos. No obstante, la gente mayor es la que más acude a nosotros. Viene con un modelo y quiere que se lo hagamos. También las señoras con tallas grandes para las que encontrar ropa a su medida no es nada fácil. -¿Como se lleva eso de estar a la moda? -En nuestro caso leyendo muchas revistas y catálogos de ropa. También, en el mío, al trabajar para una tienda del sector, guiándote por lo que les llega. -¿Puede ser la ropa para siempre? -La moda es cíclica y cosas de hace años se están llevando ahora. Además, como todo se puede arreglar, con unas pequeñas reformas algo que tenías de hace veinte años puedes ponértelo hoy en día sin problemas. -¿Se viste hoy en día mejor que hace unos años? -Sí. En cierta medida se debe a que antes sólo una clase social podía disponer de ciertas prendas y hoy en día la mayoría de la gente puede estar a la moda sin que eso le cueste un ojo de la cara. Además, puede decirse que la ropa puede hacer guapa a la gente: no hay mujer fea, sino mal arreglada. -¿Y las telas también han cambiado? -Hoy hay telas que parece imposible que pueden existir. Aparte de que sean mejores o peores, gracias a las máquinas están apareciendo telas con pedrería y otras peculiaridades que hace pocos años eran impensables.