Diario de León

Breve historia del mundo animal

La andadura del Museo de la Fauna Salvaje de Boñar comenzó con una pequeña colección del doctor Romero y se ha convertido en un centro construido por la labor de grandes artistas

El museo posee un espacio dedicado exclusivamente a los animales del continente africano

El museo posee un espacio dedicado exclusivamente a los animales del continente africano

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Enrique Alonso - león
León

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Cuando Eduardo Romero Nieto fue aumentando de forma tremendamente creciente su colección de trofeos de caza y comenzó a frecuentar el mundo de la taxidermia en su moderna concepción de la «naturalización», que recoge la imagen más idónea de la fauna salvaje, tanto en sus manifestaciones más agresivas, como en las puramente convencionales, fue a la vez consciente de que su primitivo proyecto, encajado en unos espacios relativamente modestos, con unas acusadas limitaciones para los fines didácticos y de divulgación que inspiraban la idea original, había sido desbordado ampliamente y se imponía una ubicación capaz espacialmente, vistosa, en su entorno y suficientemente dotada de superficies autóctonas para incluir en el proyecto un habitat adecuado a la adaptación de especies vivas de la fauna ibérica. Toñi, su esposa, en el papel más decidido de una consorte comprometida con los proyectos e ilusiones de su marido, aportó entonces su decisivo y equilibrado granito de arena, que daba por concluidas las dilatadas vacilaciones que trataban de sopesar las variadas ofertas que instituciones públicas y ciertos sectores privados lanzaban desde Madrid, Burgos y Zamora al doctor Romero para ubicar el futuro museo en espacios afectos a los intereses de sus respectivos entornos. La ubicación definitiva Toñi, oriunda de una de las comarcas más sugestivas de la provincia de León, la Montaña del Porma, no necesitó mucho trabajo para inspirar a su marido la idea de que el macro-museo que tenían en mente, terminase construyéndose en los paradisíacos lugares que circundan el sorprendente paisaje propiciado por el Embalse del Porma, descartando por razones técnicas y económicas el edificio del antiguo Balneario de Boñar y las edificaciones del Centro Ganadero de la misma villa. Eduardo Romero, como buen observador del abrupto terreno que tantas veces había pateado en su infatigable oficio de cazador consagrado, recogió gustosamente la idea de su mujer y comenzó a sopesar el proyecto para encajar en el mismo cuantas conexiones pudiesen ser necesarias a nivel institucional, tanto locales, como provinciales y regionales, ya que los terrenos en cuestión que sumaban la bonita cifra de 218.833 metros cuadrados se integraban, casi por partes iguales en el patrimonio de la Confederación Hidrográfica del Duero y Ayuntamiento de Boñar. El día 23 de febrero de 1996, tras muchas negociaciones, salpicadas de avances y retrocesos en lo que sería el final del concierto entre la Corporación Provincial y el doctor Romero, se firmó en la Excelentísima Diputación Provincial de León un extenso documento de colaboración mutua entre las partes. Cuyos puntos más significativos decían: « Que es intención del doctor Romero Nieto, ceder con fines de exhibición museística y, por tanto, eminentemente culturales y didácticos, en un museo que se construirá al efecto en la provincia de León y de cuya gestión se hará cargo una fundación, su amplia colección de animales salvajes naturalizados, obras bibliográficas y obras de arte relacionadas con la fauna mundial, entre las que se encuentran las que constituyen el objeto del presente contrato de depósito, garantía, sin duda, de que se albergará en nuestra provincia, el cual se regirá por las siguientes estipulaciones: Objeto del contrato.- D. Eduardo Romero Nieto hace entrega a don José Antonio Díez y Díez, que éste recibe y devolverá en buen estado, de los animales salvajes naturalizados y obras de arte que se relacionan en el anexo adjunto al presente documento. Plazo del depósito.- A contar desde el día de la celebración del presente, el depósito en el pabellón «San José» del Centro San Cayetano, propiedad de la Diputación Provincial de León, de las cosas muebles descritas en el anexo referido durará todo el tiempo que se invierta en la construcción y puesta en funcionamiento del Museo Cinegético y Faunístico, denominado «Doctor Romero», a ubicar en un paraje sito entre las poblaciones de Valdehuesa y Rucayo de esta provincia de León». Desde este momento, se perfilaron los que serían ejes principales de aquel proyecto ilusionado cuyos pilares descansaban en el tesón de dos personas inasequibles al desaliento: Eduardo y Toñi, que contaban con el inestimable apoyo de la Diputación Provincial, personalizada en las figuras del Presidente, José Antonio Díez y el Diputado del área de turismo, Julio González, y el aliciente de la Junta de Castilla y León, también representado en las personas de su Presidente, Juan José Lucas y el Consejero de Medio Ambiente, señor Jambrina. Todo apuntaba a una fácil y pronta materialización de un sueño que emergía entre la espesura del robledal iluminado por el nítido sol de la montaña y el reflejo de las aguas de un embalse encajado en el contexto turístico que añoran las almas sensibles. Los primeros pasos Pero la andadura, sólo había dado los primeros pasos, vacilantes como los de cualquier niño que empieza a caminar, aunque firme en los propósitos y el empeño de quienes velaban de cerca para allanar los caminos que aún estaban sin andar. La carrera de obstáculos, estaba servida. La falta de precisión de la empresa constructora, al fijar plazos en unas zonas especialmente proclives a los rigores del invierno, propició unos retrasos acumulativos que fueron aumentando alimentados desde las vacilaciones institucionales a la hora de dar la cobertura predeterminada al comienzo del proyecto. La timidez con que los equipos de gobierno actúan frente a la oposición, cuyos objetivos prioritarios siempre son incordiar y zancadillear indiscriminadamente los proyectos del adversario político, también surtió un efecto negativo a contrarrestar desde el equilibrio que preside el buen hacer de la Fundación «Romero Nieto», que por otra parte se veía en medio del enfrentamiento surgido entre proyectistas, constructores y Diputación por algunos defectos graves detectados en el edificio, sobre todo en la fachada y algunas partes un tanto delicadas de la cubierta. La opinión pública, alentada, como casi siempre, desde los medios de comunicación, confundió las fechas de inauguración con la terminación de las obras del edificio, comenzando desde entonces una inquietud creciente por saber las causas del retraso, sin pararse a pensar que el museo de la Fauna Salvaje, propiamente dicho, empezaba a organizarse a partir de aquellas fechas en que se cerró la estructura que albergaría la mejor, mayor y más mimada colección faunística del mundo. Sin escatimar medios Sí es verdad, que el perfeccionismo que emana de la figura del fundador, el señor Romero, le llevó a diseñar, para «su» museo, el más ambicioso modelo de acondicionamiento interior, siempre con las miradas puestas en crear un ambiente donde las piezas expuestas, el marco que servía de soporte y la decoración oportuna, estuvieran conjuntadas de tal manera, que el visitante medio, sin necesidad de unos conocimientos específicos, se sintiese transportado al habitat natural de las especies contempladas. Romero, no escatimó medios. El más afamado y escrupuloso pintor animalista, afincado en Madrid, el reconocido artista León Frías, aceptó el encargo de pintar adecuadamente cada sala. Dicen los biógrafos de este ­pintor, ­nada convencional, a través de la famosa Galería Internacional de Arte Contemporáneo, «PicassoMío», que se trata de un «reconocido pintor español de estilo realista. La temática de sus obras se centra en escenas cinegéticas y de la fauna española. Ha realizado diversas exposiciones y recibido numerosos premios. Apenas se cultiva en España la pintura cinegética, hueco que cubre León Frías, sabiendo dar a cada tema el espacio que le corresponde, no hay en él espacios gratuitos, sino que sus obras están siempre bien planificadas. Su tema es único, la fauna española, captada a veces en momentos de reposo, como animales escultóricos y estudios de anatomía, pero también se convierte en ocasiones en la belleza en movimiento, escenas realistas.» Pues bien, esta especie de «mirlo blanco» captado por Eduardo Romero en Madrid, como incansable buscador de auténticos profesionales de relieve, ilusionado con la idea de acometer una obra para la posteridad, se instaló a pie de obra, residiendo durante unos cuatro años en la villa de Boñar, desarrollando una labor impactante por su inigualable maestría, pero desesperadamente lenta para quienes ignoran que los impulsos de un artista consagrado se miden fuera del tiempo y el espacio, pues la bohemia que caracteriza a estos superdotados está más cerca del imperio de las musas, que controlan la inspiración de cada momento. La adaptación imaginativa de su ampliación desde la fauna ibérica a la de cualquier rincón del planeta, fue, además de un enriquecimiento para el pintor, una minuciosa, lenta y peculiar forma de realizarse recíprocamente pintor y pintura. Los mejores No sólo la pintura fue mimada por el promotor del museo, la taxidermia de altura y la inevitable decoración de conjunto, exigía una equiparación acorde con todos los elementos que se trataban de conjugar. Romero, como buen conocedor del tema, no anduvo con rodeos ni con medias tintas. Contactó directamente con el taller de Salvatore Rabito, un siciliano afincado en la sevillana ciudad de Lebrija, reiteradamente ganador de los más afamados concursos de taxidermia, como el «Primer premio al conjunto presentado con su ORIX en el desierto, ORIX cimitarra, ORIS común y ORIX Addax». Y en categoría internacional, «Premio al mejor animal entero con el ciervo AXIS.» Todavía, en el último concurso celebrado en Madrid el pasado año 2003, fue premiado con el «Mejor Conjunto Internacional Safari República Centroafricana». El Museo de la Fauna Salvaje, recibió, pues, el privilegio de contar en su nómina de famosos con este siciliano que durante años, estuvo desplazándose periódicamente desde su taller lebrijano, para integrarse de lleno en la fascinante labor de naturalizar miles de piezas y reflejar magistralmente los momentos más idóneos de amenidad, fiereza, agresividad, apareamiento, espantadas y ese largo etcétera que distingue a cada especie representada según sus instintos naturales. Desde Argentina Ha complementado de forma muy eficaz, durante los últimos años, otro gran taxidermista argentino procedente de Buenos Aires, Jorge Varela, técnico museólogo, ex integrante del Museo de Ciencias Naturales «Bernardino Rivadavia» de la capital argentina, especialista en trofeos de caza mayor y menor y dioramas, asistido por su esposa, Claudia. Voluntad y constancia Han sido años muy duros de trabajo, preocupaciones y hasta en ocasiones, de desánimo. Nuestra provincia y nuestra Comunidad Autónoma nunca se han distinguido en dar cobertura económica suficiente a proyectos cuya rentabilidad no sea tan inmediata, que vaya uno con el proyecto en una mano y el posible dinero en la otra. El sector turístico está muy lejos de recibir el tratamiento que recibe en otras comunidades donde han sabido invertir en esa «gallina de los huevos de oro», con la fe necesaria para creer firmemente en los proyectos, con la esperanza puesta en unos resultados satisfactorios para la zona y con la caridad resuelta de una ayuda complementaria. Sin embargo, la voluntad, la constancia, el altruismo y la firmeza del fundador y su esposa, secundados por un equipo cuya fidelidad ha sido norma, no sólo fue disipando y superando problemas de todo tipo, sino que las dificultades sirvieron de acicate para emprender nuevos retos. Así, en el transcurso de la dilatada puesta a punto del complejo museístico, se incorporaron múltiples piezas procedentes de compras o cesiones institucionales. Sobre todo, la impresionante colección entomológica adquirida en Sevilla, que contiene unas doce mil especies de insectos procedentes de todo el mundo, que ha sido magistralmente catalogada y clasificada por el matrimonio de entomólogos, Pablo Bercedo y Lucía Arnáiz, que han resultado ser unos colaboradores de lujo en la delicada misión de reordenar el apasionante mundo de las mariposas, los escarabajos, las tarántulas, los alacranes... en fin, toda una exposición permanente que ha sido complementada con otra colección de aves, considerada como de antología. Aunque los medios aportados institucionalmente, no hayan estado a la altura del monumental proyecto estrenado el 29 de febrero de un bisiesto ajetreado, hay que dejar constancia, en honor a la verdad, que las visitas oficiales, que siempre son un estímulo añadido, sí han estado a la altura de las circunstancias. El Presidente de la Junta de Castilla y León, Juan José Lucas y más tarde su predecesor, Juan Vicente Herrera, han estado en el museo para ver in situ el desarrollo de las obras y el acondicionamiento posterior. Los Consejeros de Medio Ambiente, señor Jambrina, y su sucesora, Silvia Clemente, también acudieron en diversas ocasiones, como también lo hicieron repetidamente los Directores Generales de Turismo, Dionisio Miguel Recio y Mercedes Sánchez. La política provincial La extensa lista de personalidades de la política provincial, como el Subdelegado del Gobierno, Víctor Núñez, Presidentes de la Diputación, José Antonio Díez Díez y Javier García Prieto, con casi todos los Diputados que componen la Corporación Provincial, han visitado con frecuencia la marcha de las obras y han seguido con interés los avatares de un proyecto que se gestó hace ya ocho años, y que también fue animado de cerca por las dos alcaldesas de Boñar, primero por Celia Reguero y ahora por Virginia Blasco. Desde este pequeño, pero apasionado bosquejo, que realizo con la mejor intención de recoger algunos de los momentos que he vivido en directo, quiero expresar mis mejores deseos de vida y prosperidad al Museo de la Fauna Salvaje, así como un particular agradecimiento a los promotores de esta gran empresa, Eduardo y Toñi, que han logrado con su empeño transformar y dar auge a una comarca que nos une en sus afectos. «El doctor Romero Nieto cede con fines de exhibición museística su amplia colección de animales salvajes naturalizados, obras bibliográficasy obras de arte relacionadas con la fauna mundial»

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