| Viajes | De ruta por el Viejo Reino |
Mina, monte y manduque Sil arriba
De Ponferrada a Toreno, tierra montuosa y esforzada y paisaje horadado por la mano del hombre que la Naturaleza recupera, nuestro camino lo marca el Padre Sil

Vista de Congosto y del embalse de Barcena desde el Santuario de la Virgen de la Peña
El Sil lleva el agua y el Miño la fama, sí, pero también lleva muchas otras cosas el que es padre acuático de la comarca berciana: lleva recuerdos de décadas de odisea minera en las que se abrieron cientos de caminos subterráneos hozando negro carbón, memoria de la gente que vive entre el Bierzo y el Alto Sil, al pie de la aldea, el bosque y el castillete de la bocamina, río que nace cantando en pachuezu, que se amesta y arrejunta con el castellano y termina falando gallego, buen río leonés-galaico. Su paisaje se furadó por generaciones, y de esta actividad incansable y esforzada queda hoy un montón de recuerdos en forma de arquitectura industrial minera, históricos vestigios en pleno proceso de reconversión, reducidos sus edificios e infraestructuras a grandes y sugerentes símbolos del laborioso carácter de estos pueblos rodeados de montes y montes con sus robles, brezos, pinos y castaños. Y junto al río, el prado de siega, el lavadero y la leña, siempre estará la aldea techada de pizarra, de paredes de piedra sin escuadrar o bien encaladinas, con el corredor de madera orientado al sol, paisaje casi centroeuropeo de pueblos cuyas raíces se hunden profundas en una Naturaleza de curvas sinuosas que todo lo inunda con su verdor. La ruta de hoy nos lleva desde la populosa Ponferrada, capital de la comarca, hasta Toreno, villa industriosa y campesina a un tiempo, minera y aldeana, de límites justos y equilibrados entre el pueblo y la ciudad. Y el camino nos lo marcará el río Sil, gran protagonista de la jornada de hoy. Pero en vez del itinerario que sigue la autovía, el camino que tomaremos discurre por la margen izquierda del gran río berciano, atravesando una zona de gran valor paisajístico y etnográfico. En primer lugar es necesario salir de la urbe ponferradina por el pueblo de Santo Tomás de las Ollas, al noreste de la ciudad y cercano a la autovía A-6. Allí se encuentra una preciosa iglesia mozárabe del siglo X, con nada menos que nueve arcos de herradura en su ábside, lo cual dota al recoleto recinto de un aroma venerable y legendario. Después, bien por la autovía o bien por la carretera nacional, avanzamos un corto tramo en dirección Bembibre hasta salir en Congosto, a los pies del gran embalse de Bárcena, y donde ascenderemos a la cumbre a la que se aúpa el Santuario de la Virgen de la Peña, extraordinario balcón natural de casi toda la comarca; gran oportunidad para observar la hoya y la montaña bercianas y darse un atracón de paisaje. Después, una carretera comarcal, siempre en dirección norte, nos conducirá a través de desfiladeros y de foces talladas por el Sil en su discurrir hacia el llano, pasando cerca de Cobrana y atravesando Santa Marina hasta desembocar en Toreno. En la plaza principal de la villa está la famosa picota de ajusticiamientos, datada en el siglo XV, y en su caserío, que cuenta con todos los servicios, observaremos las grandes pautas de la arquitectura tradicional berciana, modernizada o no: blanco, negro, gris y verde; pizarra, cal, caliza y madera, todo entre suave vegetación. Pero, por otro lado, no debemos olvidar uno de los grandísimos atractivos del área, como es el yantar: buena ocasión ésta para degustar el potente y energético «completo» berciano: chorizo, androlla, botillo, oreja, panceta, berzas y cachelos, todo en uno. ¿Qué mejor modo de culminar el recorrido? FOTOS: Vista de Toreno, o del Santuario de la Virgen de la Peña en Congosto.