Publicado por
JOSÉ CARMELO PÉREZ
León

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PARECE un tópico, pero es la más absoluta realidad: a la salud no le solemos dar la importancia que se merece hasta que te falta, y cuando te abandona nos convierte a los seres humanos, que nos consideramos prepotentes y los reyezuelos de este universo, en unos auténticos inútiles. Y si, además, los médicos te comunican que esa enfermedad que padeces es de las consideradas graves, como la leucemia, en unos instantes el mundo se te viene encima. La joven, y muy eficiente, doctora de urgencias, María, me coge de la mano, nuestras miradas se enlazan y los ojos de la doctora y paciente adquieren un brillo especial proporcionado por esa primera lágrima que, aunque me resisto, está dispuesta a recorrer la mejilla como bálsamo liberador de una tensión que ha llegado a su máximo punto. Todo a continuación sucede de una forma vertiginosa: ingreso inmediato en una habitación burbuja , pruebas y más pruebas; observo cómo de mis brazos cuelgan unos tubitos conectados a las venas, alguno incluso con 3 pequeños grifos por donde hacen pasar los líquidos medicamentosos necesarios...Todo parece una pesadilla. Casi me convenzo que es un mal sueño. Cierro los ojos y tengo la esperanza que al abrirlos esto haya acabado y me encuentre en la cama de mi domicilio. Pero compruebo que sigo en el mismo lugar, en una cama de hospital, y en las mismas condiciones. Son horas, días, muy difíciles, los peores de mi vida. Hasta tal extremo que la primera semana en el hospital se ha borrado de mi memoria. No quisiera con este relato asustar a nadie que pueda vivir una situación similar, sino todo lo contrario. Porque, por muy extrema que sea esa experiencia, los seres humanos tenemos una cualidad muy importante que es la esperanza, y si además somos creyentes sus efectos se multiplican. Donde todo parecía oscuro surge la luz. En unas circunstancias de máxima debilidad te sientes con fuerzas para luchar contra ese poderoso enemigo que se refugia y ataca desde el interior de tu propio cuerpo. Ya no piensas en otra cosa que en vencerlo, y más si cuentas con la ayuda de Dios y de tus hermanos, los hombres y mujeres. Por eso, quiero aprovechar este escrito, sobre todo, para mostrar mi agradecimiento a todos cuantos se han interesado por mí . Porque, a pesar de no querer comunicar mi enfermedad, el rumor se ha extendido. Mi intención no fue otra que procurar no preocupar a nadie, y he esperado a llegar a Astorga tras mi primer ciclo de cura para desde aquí explicar lo sucedido, dando así la impresión que al estar en casa he experimentado una notable mejoría y voy respondiendo satisfactoriamente a los tratamientos que me ha proporcionado el muy cualificado equipo de hematólogos del Hospital de León en la planta undécima, entre ellos la doctora Natalia, a la que deseo mucha felicidad en su próximo matrimonio. Mi máxima gratitud para ellos, y para todo el personal de la planta de hematología de este centro. Me están curando con su enorme profesionalidad, excepcional, a la vez que con una alta dosis de cariño. Mi gratitud también para los medios de comunicación por su silencio y, por supuesto, por su interés, con llamadas al hospital de Maite y Miguel Ángel, de Diario de León; Isidro, director de El Faro ; y mi apreciadísimo compañero Ricardo, con sus llamadas diarias haciéndome llegar los saludos de quienes se iban enterando; Cristina, todos mis compañeros actuales en la Cope del circuito regional, Ponferrada y León y compañeros de años atrás. Y a todos los que me han ayudado en estos días, como la familia de Tomás y Mari Carmen, vecinos y un largo etcétera. Decía, líneas atrás, que para superar situaciones de este tipo es primordial el apoyo que nos proporcionan las personas y fundamental la esperanza acrecentada por nuestra fe, y en esto me he sentido tremendamente reconfortado por las oraciones que han dirigido a Dios y a la Virgen pidiendo mi curación. Gracias Monseñor Camilo, D. Marcos, D José María, D. Blas, D. José A.,D. José, D. Bernardo, D. Manuel... Gracias a las monjitas del convento de Sancti Spiritus por sus plegarias con novena incluida. Gracias a la madre de Ricardo por su vela, a Maite y Mencía por la que pusieron a la Virgen de Triana en Sevilla, y gracias, también, al concejal socialista de Matanza de la Sequeda, Héctor Menéndez, que comunicaba a mi compañero Ricardo que, aunque no era muy creyente, tenía colocada también su vela. Crea, Héctor, que ese gesto e intención me han proporcionado una gran alegría, y no se imagina lo que eso supuso para mí en esos momentos. Que esa llama permanezca siempre encendida en su corazón. Siguiendo con las gratitudes no me quiero olvidar del alcalde de Astorga, Juanjo, la diputada Nati, y concejales de la zona: Cristina, José Manuel...Pues bien, amigos esta es mi situación, situación que se puede prolongar durante varios meses a la espera del transplante de medula ósea, si es compatible la de mi hermana. Huelga decir que sólo pienso en poder volver a la Cope para estar de nuevo junto a esa gente maravillosa que conforma nuestra comunidad diocesana. Y me ofrezco a cualquier persona que llegue a sufrir esta enfermedad. Gracias a todos, amigos, y que Dios os pague vuestro interés y ayuda.

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