CARTA TE ESCRIBO
Por una vez
QUERIDO hermano: Y sin que sirva de precedente; por una vez han dado en el clavo de tantas que lo han hecho en la herradura. Mira que llevaba años agobiado, toda la vida. De mes en mes, acaso cada semana, aparecen en los papeles encuestas, sondeos, estudios, alifafes y objeciones. Ninguno iba conmigo, ninguno me cuadraba. Nunca he llegado a eso que el CIS ese dice es el salario medio de un español; nunca he sabido por dónde andaba el ahorro medio de los leoneses que se publica de cuando en vez. Jamás he sido capaz -por supuesto, al no disponer de monises- de gastar lo que dicen esas encuestas dilapida el español medio en lotería, en quinielas, en cupón de ciegos, la primitiva o la bonoloto esa de la madre que la parió. Todas esas estadísticas, encuestas, estudios, sondeos, se me escapan entre los dedos como el agua en las cestas de vendimiar; mira que toda la puñetera vida me he esforzado en estar en alguno de esos cuadros sinópticos que aparecen en los anuarios y no hay medio. Se me escapan las encuestas y ando errante, como el holandés, por ver cómo y de qué manera son capaces algunos leoneses de dar en la clave para poder estar en esos baremos tan engañosos. Por fin, querido, han dado en el clavo; ese ente que dicen el INE -algún día tendremos que escribir sobre las siglas- ha parido una criatura en forma de estadística, estudio, encuesta, sondeo o lo que sea, en el que se ponen al descubierto algunas verdades. Al menos verdades para mí, pues aquí han acertado de plano, se han llevado un pleno, han agarrado el gordo. Al fin entro en la estadística, que siempre me he visto como un retrasadillo, inútil para descifrar ese galimatías de despiste nacional que cada ministerio ofrece según y cuando. Porque, estoy en disposición de jurarte, hermano, que en la vida he sido beneficiado por la media de nécoras que, a cada español, corresponde cada noche navideña; los gramos de angulas que, generosa y alícuotamente, reparte el ministerio de pesca y consumo de incautos, nunca han llegado a mi mesa en la noche de fin de año. Estoy en disposición de afirmarte que la santa, y este que te escribe, no pueden -ni han podido- distraer unos euros para disfrutar unas vacaciones en Cancún, qué digo Cancún, ni siquiera en Viforcos, sencillamente porque el dogal alcanza escasamente para ahorcarse. Miento, de soltero estuve ocho días por Encinedo. Lo que te quiero decir, hermano, es que en nuestra existencia en común, siempre hemos estado ausentes de todas esas estadísticas que los políticos de turno nos ofrecen y que parece la panacea y compensación a los muchos avatares sufridos. Lo que me hace pensar en la falsedad de esos estudios tan sesudos que vemos cómo con lo que uno dilapida nos despachan a 17; por descontado que 16 quedamos a verlas venir, pero el reparto estadístico es así; el uno reparte con los otros 16 sin darle un adarme, y todo cuadra. Ahora sí, hermano; ahora entré de lleno en la estadística. Dice que el 41% de los hogares leoneses -formo parte de un hogar, sin chimenea- las pasan canutas, por no decir otro palabro, que luego don Hortensio me sermonea, para llegar a fin de mes. Ahí sí; en esa estadística entro de hoz y coz. Por fin estoy en el saco por derecho propio; soy parte de ese 41% de leoneses al que le sobra buena parte del cinturón, a pesar de estar bien apretado. Es negativo, sí; pero uno que siempre estaba con la mosca tras la oreja porque no entendía lo de las estadísticas, ahora se ve reflejado en ellas. ¡Jo, que triunfo, por una vez¡