Diario de León

El Teleno | Es la primera vez en seis años que los militares procesados comparecen en una vista oral, ante el Tribunal Militar Central

Los dos imputados por el incendio de 1998 niegan cualquier responsabilidad

El interrogatorio, de cuatro horas, giró en torno a la función de los mandos y la parada del Ejercicio

Francisco Solana, el abogado del Ayuntamiento de Luyego, instantes antes de entrar al Tribunal

Francisco Solana, el abogado del Ayuntamiento de Luyego, instantes antes de entrar al Tribunal

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Javier de Vega / M. Almanza - madrid / astorga
León

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Por primera vez, el coronel del Ejército de Tierra J.E.B.J. y el teniente coronel F.J.M.R. prestaron ayer declaración en una vista oral en el Tribunal Militar Central de Madrid para esclarecer definitivamente cuál fue su responsabilidad, si la hubo, en el incendio que calcinó cerca de tres mil hectáreas arboladas próximas al campo de tiro militar de El Teleno, seis años después del suceso. Ambos militares, actualmente en la reserva, se enfrentan a seis meses de prisión y durante la sesión mantuvieron la misma versión que han presentado de los hechos hasta el momento. Los dos acusados insistieron en su inocencia y negaron ante el fiscal jurídico-militar y las acusaciones particulares -el Ayuntamiento de Luyego de Somoza, la junta vecinal de Tabuyo del Monte, la Junta de Castilla y León y la empresa Castro Villar S.A.- cualquier tipo de responsabilidad. Las preguntas a los acusados giraron, en su mayoría, alrededor de la función que ambos desempeñaban durante las maniobras del 13 de septiembre de 1998, las condiciones climatológicas de la jornada, el momento en que se detuvo el ejercicio y la proximidad de los blancos utilizados a la verja que delimita el recinto de pruebas, tan sólo unos pocos metros. El primero de los procesados en ser preguntado fue J.E.B.J., de mayor graduación, que aseguró no haber tenido ninguna obligación de asistir a esas maniobras. «Yo me limité a hacer una visita voluntaria de inspección. Si me acerqué fue por amor a las tropas, y porque es lo normal», añadió. Este coronel fue testigo de los dos focos originados en la mañana del 13 de septiembre de 1998, uno ocasionado por un mortero, que no llegó a evolucionar, y el que causó el último de los cinco misiles lanzados, que impactó en el blanco y que «pudo deberse a la rotura de la cola, siendo su combustible la causa de la ignición». «Al producirse el fuego, éste no era más que una hoguera. Entonces, el jefe de la unidad en maniobras -el otro procesado- decidió paralizar el ejercicio, pero no debido a que hubiese un peligro latente, sino porque únicamente restaba el repliegue y éste era casi innecesario tras siete días de maniobras. Se detuvo debido a la fatiga», añadió. A diez metros de la verja El coronel afirmó ante la acusación que los carros de combate destartalados que se utilizan como objetivo siempre han estado emplazados en el mismo lugar -a escasos diez metros de la verja que delimita el campo de tiro-, y que «absolutamente nadie está autorizado para penetrar en un área de objetivo de proyectiles, ni siquiera para sofocar un incendio». Además, matizó que «es muy frecuente que se produzcan pequeños fuegos como consecuencia de un impacto. Por lo general se consumen solos. En este caso, yo me enteré del desgraciado suceso al día siguiente, en Oviedo». Por su parte, F.J.M.R., responsable de la unidad que realizaba el ejercicio, coincidió con su superior. Mantuvo que la evolución del fuego parecía muy lenta, y estaba siendo vigilada y controlada por dos unidades de retén. «Además, el batallón que realiza los ejercicios nunca puede decidir cuáles son las zonas de objetivo ni las fechas. Los dos pequeños incendios no fueron, al iniciarse, la causa de la suspensión del repliegue. Pensamos que no iban a más», aseveró. Los procesados coincidieron en que los misiles Milan anticarro no son proyectiles incendiarios, sino que su objetivo es penetrar en una estructura. Además, aseguraron que los dos fuegos producidos por el mortero y el misil estaban separados por más de un kilómetro.

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