La gastronomía une a los vecinos
Alrededor de 125 personas, en un pueblo cuya población de hecho supera en poco los 200 habitantes, se juntaron ayer para celebrar las jornadas de la Asociación El Pinar
Los hombres ayudaron en la preparación de la comida a la asociación de mujeres
En un pueblo con un censo de unas 350 personas y una población de hecho de algo más de doscientos habitantes se puede considerar un éxto reunir a la mitad en la organización de un acto y de esto puede presumir la Asociación de Mujeres El Pinar con sus primeras Jornadas de la Matanza, celebradas durante este fin de semana. Ayer, en el local del pueblo para cenas, comidas y otras reuniones se juntaron más de 125 personas para degustar la carne de la cerda que se sacrificó en la plaza de las escuelas el sábado por la mañana. 120 kilos de gocha hechos filates y asados sobre brasas, a los que unir aperitivos, postre, café, y, como manda la tradición en este pueblo del valle del Eria, unas patatas con bacalao como primer plato. En un principio se habían apuntado al acto 115 vecinos -que pagaron tres euros, una cantidad simbólica con la que contribuir con la asociación y con el sostenimiento de la instalación comunal- finalmente fueron más los que acudieron al olor del asado y algunos tuvieron que comer en la calle, junto a las parrillas para asar la carne, al calor de las brasas. Durante la jornada del sábado se realizó lo fundamental: el sacrificio del animal y su descuartizamiento. Ayer sólo quedaba tiempo para cocinar y para comer y lo cierto es que las mujeres de El Pinar, pese a que la directiva actual heredaba el proyecto de la anterior, supieron organizarse bien. En concreto, ellas se encargaron de la intendencia, dejándose ayudar en otras labores por los hombres del pueblo, que fueron los que le cortaron el cuello a la cerda y la despedazaron y se encargaron de cocinar la carne y el bacalao. El dinamismo de un pueblo La tarea dejó espacio también para la charla entre amigos, mojada con algo de vino, mientras las de la asociación, con María Ángeles Cabezas al frente, se encargaban de preparar el comedor y de otros detalles. La comida se hizo esperar un poco sobre el horario previsto, aunque fue bastante puntual. Los mayores y los niños tuvieron preferencia a la hora de sentarse a comer, mientras que los jóvenes ocuparon los lugares más variopintos por iniciativa propia. La matanza popular, según se comentaba ayer en Nogarejas, no fue obstáculo para que en distntos domicilios donde es tradicional matar al cerdo se realizara también esta labor durante el fin de semana. El éxito alcanzado por la primera hace suponer que se le dará continuidad en los próximos años. Nogarejas, un pueblo que ha demostrado dinamismo en los distintos actos y fiestas tradicionales, también está abierto a las nuevas ideas, a tenor de la colaboración que ha encontrado El Pinar para esta matanza.