Diario de León

| Reportaje | Tradición en el valle del Duerna |

Romeros valdorneses

Ocho pueblos de la comarca, con sus patronas en andas y luciendo sus pendones, visitan el Santuario de la Virgen del Castro todos los años en la víspera de la fiesta de Pentecostés

Un mozo trepa por la vara del pendón para desenredar el paño

Un mozo trepa por la vara del pendón para desenredar el paño

Publicado por
Alberto Domingo - castrotierra de la valduerna
León

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Víspera de Pentecostés. Los pueblos de la Valduerna, ocho de ellos, madrugan para ponerse en camino y llegar en romería, como todos los años, al Santuario de la Virgen del Castro. Ocho pendones y ocho vírgenes, de otros tanto lugares ascienden a mediodía hasta el otero en el que se asienta el templo desde el que la patrona les ha brindado su protección durante todo el año. No se busca la lluvia. El motivo de la romería es religioso, como el de otras que, eligiendo las mismas fechas, se llevan a cabo en distintos lugares. Los grupos de romeros parten cada uno de su localidad. Los varones llevan el pendón, mostrando sus habilidades en el equilibrio de la vara. Las mujeres se encargan de portar a la Virgen del pueblo en sus andas mientras entonan himnos marianos. Seis de los pueblos se juntan en Valle de la Valduerna: todos excepto Palacios, que espera al resto de la comitiva al pie de la pendiente que lleva al santuario. El orden de ascenso, tanto al frente de la comitiva -los pendones-, como en su segundo tramo -el de las patronas, coronadas, con ricos vestidos y rosarios entre las manos-, siempre es el mismo: Castrotierra, Valle, Villalís, Villasmontán, Miñambres, Redelga, Ribas y Palacios. El viento despliega los paños de los pendones durante el ascenso, de bandas blancas, rojas y verdes, logrando la imagen que buscan los que han traído la cámara de fotos. Una vez arriba, donde ya se han instalado los puestos de avellanas, cacahuetes, cerámica, juguetes e incluso alambiques, los pendones entran en el patio del santuario, donde forman un pasillo de honor a las vírgenes en su entrada al templo. No se inclinan las varas, aunque algún pendonista piadoso extiende el paño, como formando un arco, para que por debajo pase la Madre de Dios. Todos miran al cielo Las ocho vírgenes tiene un espacio reservado para ellas en la nave lateral derecha. Allí, dos líneas de bancos sirven para apoyar las andas en las que viajan las imágenes, que la gente observa antes de que comience la misa. Todas lucen los trajes más ricos que se les han podido tejer y todas están coronadas, pero la más guapa es la de mi pueblo, eso sin duda alguna. Otros no siguen la ceremonia y optan por el descanso o por recoger los pendones. Pero todos, los de dentro y los de fuera, miran al cielo, esperando que la lluvia no estropee el día de fiesta ni el regreso, que, pasadas las cinco de la tarde, tras el rezo del rosario, realizarán a pie hasta sus respectivos pueblos. La romería del valle del Duerna es una tradición poco conocida. Por eso, los valdorneses advierten a los periodistas: «¡A ver cómo nos ponéis!».

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