El entierro del paisanín
El irónico cortejo fúnebre ideado por la Peña El Montejín hace quince años se ha convertido en uno de los actos que más público congrega durante las fiestas de Montejos, a las que pone punto y final

Esquela del paisanín recogida en el programa festivo de Montejos
Uno de los actos que más ha calado durante los últimos años entre los asistentes a las fiestas de Montejos del Camino es, sin duda, el conocido como entierro del paisanín. Una cita que, ideada por la Peña El Montejín hace ahora 15 años, se ha convertido en toda una tradición con la que la localidad da por concluidos sus festejos hasta el año siguiente. Y es que, hacia las tres de la madrugada de esa última jornada festiva se inicia un cortejo fúnebre que, siguiendo a un ataúd ficticio, recorre las calles de Montejos durante una media hora, para retornar a la plaza. Lugar donde el paisanín finalmente es quemado ante «el dolor» de todos los presentes. De tal suerte que, una vez reducidas las llamas, se utilizan las brasas para preparar chorizos y sardinas que se reparten entre todos los asistentes, acompañadas de un vaso de vino o en su defecto refrescos para ayudar a pasar el mal trago. Una representación que, como señala el presidente de esta peña, Miguel Ángel Roble, «ya se ha hecho imprescindible en la clausura de las fiestas, siendo uno de los actos que más personas congrega». Comida, bebida y música Un logro en el que tiene mucho que ver no sólo la fama alcanzada ya por el difunto, Don Montejín de la Calamidad, sino también el consuelo que encuentran los dolientes en las mencionadas viandas y caldos que se reparten tras su «incineración». Todo un consuelo para el cuerpo, que se ve acompañado también de la música de «duelo» aportada hasta el amanecer con todo respeto por una discoteca móvil. Madrugada en la que puede darse el pésame a sus apenadas esposas, Doña Plañidera, Doña Expósita y Doña Ludorica (esta última también conocida como La Traidora «por los cuernos que ponía al paisanín»), que también son por todos conocidas gracias a la esquela recogida en el propio programa festivo. Un recordatorio que varía de año en año, añadiendo nuevos datos y detalles en el tono irónico que caracteriza todo el acto. De este modo, el paisanín del presente 2005 falleció en Montejos del Camino «a los 106 años y 364 días de edad, tras haber recibido los últimos tragos durante estas fiestas». Por lo que «sus hijos bravos, legítimos, naturales y demás cruces, como así mismo convecinos de contertulia y compinches de jaranas y borracheras» suplican se asista « a la conducción del finado por el recorrido habitual, dándole descanso con la posterior quema y esparcimiento de sus cenizas en la plaza». Un suceso tras el que, como no podía ser de otro modo, la capilla ardiente pasa a ser «todo Montejos» y la casa doliente cada una de las tabernas existentes en la localidad.